Cuenta conmigo

¿Cómo se ama? ¿Haz pensado alguna vez en abandonar este mundo y huir a un refugio imaginario? ¿Ya transcurriste las peores vacaciones de tu vida? ¿Tu mejor amiga te robó al marido? ¿Tu mejor amigo se “olvidó” para siempre de su antigua deuda? ¿Conquistaste a la piba que parecía una modelo? ¿Volviste a loco al tipo de los bíceps de oro? ¿Te haz enamorado de una sirena? ¿Escribiste un poema? ¿Mentiste ayer por la noche? ¿Pasaste tu lengua por su ombligo? ¿Mordiste el lóbulo de su oreja? ¿Te hiciste creyente? ¿Juraste maldición eterna? ¿Lloraste hasta que se agotaron tus pulmones? ¿Acariciaste la superficie de la arena con la punta de tus dedos? ¿Cómo se ama? Dime cómo se ama ahora que sabes ¿No lo sabes? Yo tampoco ¿Aun crees en tus sueños? Yo, por lo general, si. También creo en ti. Creo, amigo, amiga, que puedes ir más allá. Abrir el libro de las pócimas, escribir con tu voz las próximas leyendas, inventar el mañana. Inventar una nueva forma de amar.
Estoy de tu lado, cuenta conmigo para hacer esa revolución.

Greta Franco 

Monogamia

En la vida privada la palabra nosotros es una pretensión, una exageración de la palabra yo, nosotros es el yo deseado, el yo como pandilla, como alguien más también, si la vida en pareja puede desanimar tanto es porque el otro nunca se nos une de verdad o mejor dicho quiere exactamente lo mismo pero desde un punto de vista totalmente distinto.

Adam Phillips

Del libro “Monogamia” (Anagrama)

Infidelidad

Naciste para ser infiel. De un modo u otro terminarás estrangulando el frágil cuello de la monogamia.
La chica de jeans azul, ajustados como para matar de un infarto a Satanás llevan pegados tus ojos sin que puedas hacer nada al respecto. Sus formas pueden más que dios. Sólo queda rumorear por lo bajo y dibujar calaveras en la oscuridad.
Hemos nacido para ser mucho más que dos. Y aunque sea tarde para confirmar esta verdad, la sentimos ardiendo en la piel cada vez que reprimimos el impulso de tocar lo ansiado. La hipocresía es un bien público, una necesidad, una cuestión de estado. No por eso define lo que ocurre en los subterráneos ríos del alma.
El arte se alimenta más de los deseos contenidos, de las palabras de pasión censuradas bajo la almohada, que del genio inspirador de los creadores o el esfuerzo de los seres sin demasiado talento.
Haz nacido para pecar sobre las tablas de la ley. Para llevarle la contra a Dios, al mal y María santísima. Haz venido a este mundo cruel a elegir el número menos pensado. Para ser impredecible. Si nunca sentiste el salvaje impulso de huir con la persona equivocada a una isla desierta con dos libros y una botella de vino, ya puedes postularte al cielo.

Greta Franco 

Lecturas compartidas

¿Hiciste algo hoy?, me pregunta Antonio. Nada, respondo. Aunque en realidad he hecho demasiado. Puse en orden mis papeles, busqué y rebusqué en mis lecturas preferidas. Las puse ahí, en el ciberespacio. Hablé con Lola por Chat. Después….es lo que hay. Me gusta pensar en una fogata, en un vino compartido, en un refugio. Por eso me gusta la hotelería y por eso las lecturas en voz alta. Es tarde ya.

Vino, el líquido sagrado

Cuando mi espíritu divaga y vagabundea porque llueve en mi campiña, acudo a Debussy para acompañar mis ensueños. Por supuesto, porque en sus Estampes hay una pieza titulada Jardíns sous la pluie, que fue compuesta en Orbec, cerca de mi domicilio normando, pero también porque la clase de lluvia que oigo me es familiar. Es un aguacero singular, denso y pesado, intenso y persistente, modulado y musical. Las gotas que se desploman sobre la ruta, la hierba o la grava no son las mismas que las que restallan contra los techos o los vidrios fríos de las ventanas. Tampoco son las mismas con la luz de invierno o de otoño, de primavera o de verano: lluvias glaciales, tibias o cálidas, lluvias mezcladas con la tierra, el humus, lluvias que se evaporan rápidamente por los calores estivales, lluvias tristes que acompañan la caída de las hojas y luego su descomposición. Pero todas ellas están en Debussy, que describe la melancolía y la delicadeza, la suavidad y la quietud de los diversos chaparrones.
No sé si al escribir sus Jardíns sous la pluie, Debussy tenía en mente los jeux deau de Ravel, un poco más antiguos. Es probable. En ambos casos, se habló de impresionismo; pero otros más avisados, Jankelevitch, por ejemplo, no están de acuerdo y sostienen la idea del simbolismo. En efecto, si bien la textura musical recuerda las técnicas pictóricas de Monet, las atmósferas, en cambio, remiten al misterio de Moreau. Magia y seducción, evocación y encanto.
En ambas obras, el agua aparece quebrada, dividida, fraccionada, fragmentada. Furtiva en el chaparrón, persistente en la larga tarde de diluvio, hace emerger el color de los sentimientos que inspira. Eso me induce un deslizamiento hacia Il pleut dans mon cwur de Verlame, que se puede encontrar en las Ariettes oubliées del mismo Claude de Francia. Porque cuando cae, la lluvia, que es transparente, colorea las almas. Monótona languidez, melancolía gris, tristeza sin más razón que la tristeza misma.
Para lluvias más eficaces, podrá intervenir el alma de las brumas. Los Préludes lo previeron: una pieza que celebra, sino sus virtudes, al menos su existencia. Nueva modalidad del agua, más leve, en suspensión, voladora o voluble, aérea y menos sometida que la lluvia a la caída y a la atracción hacia el miserable suelo.
No: la bruma se resiste a caer, a rebajarse en un movimiento descendente. Flota, como una singular nave fantasma, forma móvil y dotada de fingidas metamorfosis: se extiende, se pliega, se repliega, se desarrolla, se hincha y amenaza explotar o desgarrarse, y luego desaparece como llegó, discreta, delicada, silenciosa. Agua evaporada, en trance de desaparición, agua volatilizada, la bruma es un humo líquido animado por el vagabundeo melancólico, el lento nomadismo y el deambular sin limitaciones. Sus virtudes son desagradables porque es un factor de confusión: debilita los colores y las formas, les quita nitidez. Agua para miopes. Con la bruma, la noche desaparece, pero no aparece aún el día. Mundo equívoco, fronterizo y ambiguo. La bruma magnifica al agua que duerme en el aire y no logra despertar. No es extraño que envuelva al alma, se apodere del espíritu, infunda las conciencias y se lleve consigo, hacia los limbos, lo que de lucidez y sagacidad le resta al soñador.
Si por azar los nubarrones se vuelven más compactos y cobran altura, se convierten en nubes. Pero también en este caso Debussy anticipó la metamorfosis en el primer tiempo de sus Nocturnes, titulado Nuages. Cargadas de amenazas o ligeras como ovejas y cabritos, anuncian la lluvia o la difracción de la luz, o ambas cosas a la vez. La melancolía característica del compositor se diluye en el cumulus armónico, el estrato cromático o el cirro melódico. Con los contornos bien delineados o desgarrados como algodón sucio, carnosas o escuálidas, lisas o hinchadas, aprisionan un agua ya cautiva del aire, como la de las brumas. Oigo en Debussy el cielo cuando amenaza lluvia y cuando escampa, el largo gemido de los vientos y los temblores de las cuerdas. El agua se materializa como éter, se pulveriza y produce la metamorfosis química que la lleva del estado líquido al gaseoso, antes de optar por el estado sólido de las lluvias que repiquetean y rebotan sobre las superficies.
Por último, debemos hablar de las aguas abisales, material digno de comparación con el elemento terroso: el océano. Sobre esto también hizo lo necesario el padre de Pelléas. Porque La mer es un poema que me hace recordar los versos de Rimbaud -infundido de oro y lactescente- que hablan de juegos de agua y luz, fuerzas y energías marinas, olas fogosas y el eterno retorno de las mareas.
El mar es propedéutico de los saberes filosóficos: en efecto, enseña el poder, la repetición, inmensidad, el misterio. Y eso que aparece en Freud con nombre de sentimiento oceánico, es decir, la emoción consustancial con los desbordes y las experiencias místicas.
Vastedad sensación de ser microscópico en un universo sin confines, sin límites, profundidades insondables, el mar enseña a los hombres, a la manera del líquido amniótico que contiene la vid desde su origen hasta hoy, que es depósito de sentido y mitología, de verdades esenciales y sapiencias ancestrales.
Agua salada del océano está químicamente emparentada con aguas en las que se bañan los núcleos de nuestras células. Antiguos recuerdos anteriores al mundo de los hombres, anti lecciones que sigue dando el agua. Quinton, científico a manera antigua, había entusiasmado a Gourmont con su de constancia intelectual y su idea del agua de mar como dio orgánico. Actualmente, hay quienes reactivan esas mitologías disertando, en escolásticas completas, sobre la memoria agua…
Lluvias en un jardín, brumas en la campiña, nubes en el cielo de provincia, océano por doquier, el agua se declina múltiples maneras. Unas veces es río o arroyo, otras veces iceberg o casquete glaciar, torrente o cascada; alguna vez, a iris, otra vez espejismo en el desierto, llovizna a orillas mar, rocío en la costa, aguacero en la jungla, humedad en, caverna: en todas partes, metáfora nutricia y vital, materia Placentera. Sus peregrinaciones, sus aventuras y todas sus me morfosis producen los más singulares resultados. Entre otros, vino…
En efecto, no hay vino sin agua: aguas alimenticias en napas subterráneas, aguas purificadas en la savia, aguas vaporizadas en las brumas – ¡oh, la divina larva, madre de la no descomposición que producirá el yquem y otros vinos de Sauternes…!-, aguas sublimadas en la semilla de la uva, aguas ansiadas, pero moderadamente, justo lo necesario para regar con su lluvia las viñas; aguas perladas, depósito de luz en el ro sobre los racimos y las hojas del chasselas, del merlot, del bernet, del sauvignon; aguas en abundancia o escasez dentro las cubas donde deben realizarse las metamorfosis que producirán los perfumes, los sabores, los bouquets, y las graduaciones alcohólicas.
En otro libro escribí que el invento del vino por parte Noé se debió en gran parte al exceso de agua causado por famoso diluvio. Mitologías judeocrisitanas y asiáticas coinciden, por otra parte, en este punto: el vino aparece cuando h saturación de agua. La embriaguez se produce cuando, del mismo modo, se olvida el agua, símbolo de austeridad, de necesidad vital opuesta al lujo que representan las bebidas alcohólicas. No se registran locuras debidas al agua, no hay hidrófilos, como hay enófilos. Además, el agua es mineral, no, animal ni vegetal, y por lo tanto, no puede ser frutal ni floral, como los vinos.
En el líquido transparente, sólo se encontraran, minerales, metales, hierro, cinc, calcio, magnesio, potasio, sodio, nitratos, y otros. Está del lado de Apolo, el orden y la mesura, mientras que el vino es el emblema de Dionisios, locura y danza. De modo volviendo a mis ensoñaciones con Debussy, anhelando cabalgar sobre la lluvia hasta comarcas más agradables, más dionisíacas, escucho los Préludes, y más especialmente, La puerta del vino. Emocionado encuentro Les sons et les parfums quí touruent dans Vair du soir, y luego La terrasse des, Hidicuces au clair de lune, y, colmado de los placeres sensuales y voluptuosos que tanto aprecio, bendigo al agua por haberme llevado con tanta delicadeza… al vino.

Michel Onfray 

(*) “El deseo de ser un volcán”, Michel Onfray. Diario hedonista. Perfil Libros, 1999.

Humphrey Bogart, el éxito a los 40

Hasta sus cuarenta años, Humphrey Bogart osciló entre ser un profesional clasificado como de quinta fila y ser un profesional de segunda clase. En estos tiempos duros se casó tres veces sin éxito, y se acostumbró a beber en los bares que cerrasen más tarde (durante “la Ley Seca” en los garitos de los gangs). Luego dispuso de un,yate de sesenta toneladas, el “Santana”, fue compañero de pesca de Raoul Walsh, y fundó, con Walsh y con el productor Jack Warner (habían sido enemigos, pero estaban reconciliados) el hipódromo Hollywood Park de los Angeles (donde en seguída Walsh rodó un thriller sobre el mundo de las carreras de caballos, “Salty 0’Rourke”). Desde los cuarenta años, Bogie estuvo clasificado como actor de primera fila, y desde los 44 disfrutó de una vida conyugal feliz con Lauren Bacall. Pero siguió bebiendo. Bogart dijo una vez: “Yo no puedo tener confianza en alguien que no bebe. Instintivamente pienso que debe tener una razón oculta para no hacerlo. Quizás quienes no beben tengan miedo a dejar a su verdad descubrirse. Por supuesto, hay que poder contener al alcohol. No es conveniente que sea él quien nos sostenga”.
“Fue El último refugio (“High Sierra”) -dijo Walsh lo que hizo de Bogart una gran vedette, y eso se debió a un azar. El filme había sido escrito para George Raft, que debía morir en el desenlace. Pero Raft se había vuelto superticioso, y aquella vez se negó a morir en un filme,
fuera cual fuera el número de personajes que hubiera matado él antes. Pero la censura exigía que el gangster expiara sus crímenes. Finalmente cogimos a Bogie, a quien le era igual dejarse abatir por los policías. A diferencia de Jimmy Stewart, Gary Cooper o Gregory Peck, se puede matar a Bogart en una película. El público lo admite, y él conoce siempre sus diálogos, su oficio. No es un tipo fácil, pero si le gusta su papel, es formidable”.
En realidad, no fue sólo George Raft. También rechazaron el papel de Roy Earle en 1940 Paul Muni, James Cagney, Edward G. Robinson y John Garfield. Los cuatro primeros eran actores de primera fila de la Warner Bross, y el último “la estrella del porvenir” de la productora (lo que resultaría de una ironía patética cuando la persecución política llevó a Garfield a suicidarse). Roy Earle era el protagonista de un guión de John Huston y W.R. Burnett, que iba a rodar Walsh. En su condición de sexto recurso, Bogart recibió la manoseada oferta, y aceptó el papel. Lo hizo. El título en España, “El último refugio”, expresivo y certero, es superior al original, “High Sierra”.
Roy Earle es un fuera de la ley que va a ser descartado por una niña bien, y amado por una niña mal. Esta quiere seguir con él hasta el fin, pero Earle la mete en un autobús de carretera antes de enfrentarse en un tiroteo con la Guardia Estatal. Aunque la historia vaya de gangsters, tiene un desarrollo rural, pinos por todos lados, rifles de caza mayor en lugar de pistolas o metralletas, y no un ambiente urbano. Esto hizo que Walsh, satisfecho del resultado, pudiera rodar nueve años después -con muchas, muchas variantes- una segunda versión en western ( “Colorado Territory” o “Juntos hasta la muerte”). Y en ésta, la muchacha, Colorado, consigue correr la misma suerte que el proscrito amado.
Bogart interpretó a un pistolero medio iluso, medio descreído, y romántico al viejo estilo, al único estilo, el de Brian de Bois Gilbert, Juan Cristobal Schiller, Hatfield, Odile y Frantz y Arthur, Marian y Robin e Ivanhoc Martin. 0 sea, el pseudovillano de -Ivanhoe-, el autor de “Los bandidos”, el caballero jugador y confederado de “La diligencia”, los tres de la pandilla de “Bande á part”, la monja y el proscrito rescatador, cuyo amor inspiró la primera música inglesa, aproximadamente en el siglo XIII, los trece rondós del “Juego de Robin y Marian”, del troubadour Adam de La Halle, y el héroe jamaicano de “Caiga quien caiga” (o “The Harder They Come”). Porque Earle es mucho más parecido a los rústicos “Río Amargo” Newcomb, Jesse James o Clyde Barrow, que a un gángster organizado y poderoso de gran ciudad, a un comisionista armado o a un magnate rentista de la extorsión y los negocios sucios.
Bogart quedó por fin, después de este rodaje, colocado a dos pasos de ser una estrella del cine americano. En 1940, cuando murieron jóvenes Scott Fitzgerald y Nathanael West, y Lester Young consiguió formar un combo de jazz propio, y los nazis ocupaban Francia y bombardeaban Inglaterra, y recibían el previsto refuerzo de la Italia fascista, en USA vivían 131 millones de habitantes, y bastantes de ellos eran aficionados al cine.
Inmediatamente, Humphrey Bogart rodó como protagonista “The Waggons Roll At Night”, remake de “Kid Galahad”, en la cual, sólo cuatro años antes, había trabajado en el tercer papel, detrás del soberbio rumano Robinson, el sapo más enérgico de la Historia de la Naturaleza. Y Bogie se quedó ya a un solo paso de ser una estrella de Hollywood. Había hecho méritos para conseguirlo: “En mis últimas 34 películas fui tiroteado en doce, electrocutado o colgado en ocho, e hice de presidiario en 9” (llegó a contabilizar él mismo).
Pero también había hecho y siguió haciendo deméritos.
Era “conflictivo”. Estuvo siempre contra corriente. “¿Qué si estoy de acuerdo con la escuela (se refiere al estilo o línea) de interpretación de Laurence Olivier? Oiga, yo soy un actor. Sólo hago lo que me trae el instinto, naturalmente”.
Y a los esfuerzos de que diera una imagen más agradable y sociable a los lectores de revistas de cine, a los espectadores, Bogart contestó “la única cosa que uno le debe al público es una buena actuación”.
El caso es que entonces fue cuando Bogie hizo de Sam Spade en la tercera versión cinematográfica de “El Halcón Maltés” de S.D. Hammett (papel al que también había renunciado Raft), rodaje en el que debutaba como director el guionista Huston.
Y ya, instantáneamente, a escala nacional, Bogie fue una estrella. Precisamente el mismo año, 1941, se publicaba el libro de cuentos de Hammett, “Un hombre llamado Spade” Y también dos libros que hicieron carrera en “Hollywood ‘Mildred Pierce” del gran escritor de thrillers James Mallahan Cain, y “¿Por qué corre Sammy?” de Sculberg. La escalada de Bogie sucedió poco antes de que el ataque a Pearl Harbor por los japoneses decidiera la definitiva entrada de los Estados Unidos en la 11 Guerra Mundial.
Bogart tenía por aquellas fechas 41 años. Siempre tenía los mismos que las dos últimas cifras de cada año (más seis días), porque había nacido en la Navidad de 1899. Bogart se había esforzado con tenacidad por despegar en teatro y cine durante veinte años, con pocas y dispersas recompensas desproporcionadas con su talento, y había consumido su primera y su segunda juventud, se había alcoholizado durante la Prohibición (prohibición de expender y adquirir bebidas alcohólicas, que duró desde el 16 de enero de 1920 hasta 1933), y, después de dos matrimonios fracasados, llevaba tres años casado con Mayo
Methot (actriz que no había llegado a triunfar), que se dedicaba sin tregua a estropearle a su hombre las posibles satisfacciones del éxito profesional.
Bogart tiene una cabeza alargada y huesuda, con ancha frente y entradas, sin muchas arrugas todavía, y en sus ojos brillan alternativa o simultáneamente el cansancio y la determinación. Le gustan las fiestas y las salidas a los clubs con algunas gentes conocidas, pero está fuera (como estará siempre) de lo que Huston llama expresivamente el cocktail-circuito.

La carrera de Bogie tiene mucho que ver con Huston. Aquel hace su Primer protagonista destacado para crítica y público con un guión de Huston. El famoso crítico
Bosley Crowther comentó en su crítica del estreno de “El último refugio”. “Sí señor, el mismísimo Sigfrido nunca alcanzó cimas tan heroicas como mr. Humphrey Bogart,
el último de los grandes pistoleros, y cuando, acorralado en una escarpada montaña por un ejército de polis, dispara y grita desafiante a sus acosadores, entonces su alma noble remonta el vuelo”. Y añadió: “Mr. Bogart interpreta el papel Principal con una perfección de hirviente vitalidad …..”
Bogart aún asciende a la categoría de primer actor indiscutible en la primera película dirigida por Huston. Crowther comentó en The New York Times a propósito de “El Halcón Maltés”, “Mr. Bogart es un agudo, rudo detective con una mente cortante como una hoja de afeitar, un temperamento que a veces le traiciona y un código moral fríamente cínico”.
Huston y Bogart rodaron seis películas juntos, y éste gana un Oscar al fin por “La Reina de Africa”, Oscar ganado a pulso en Kenia y Uganda. En este rodaje, Katherine Hepburn, llevó su papel puritano demasiado lejos, interpretando escenas de guión fuera del horario de rodaje. “La dama, interpretada por miss Hepburn con su crispada facilidad para la comedia, es una caricatura de una mujer estirada con su gargantilla, delantal de lino y pulcro sombrerito de tela. Y su hombre, interpretado por mr. Bogart, es una versión burlesca del vagabundo tropical, sólo un escalón -y muy pequeño- por encima de la descamada acidez de un payaso. Nunca desde que Elsa Lanchester y Charles Laughton aparecieron en una película muy parecida, “The Beachcomber”, hace algunos años, habían sido tan aguda y humorísticamente retratadas las incongruencias de las buenas maneras sociales y educacionales -opina Crowther- “¿Mr. Allnut (Todo nuez), querido, cuál es tu nombre de pila? -pregunta educadamente la dama a su compañero a la mañana siguiente a la noche en que ella aparentemente se ha entregado a él, la quizás menos “pasional” y menos convencional escena de seducción. “Charlie”- musita él con derretidora y tímida coquetería. Así es la película de rara y demencial”.
Bogie contribuyó a los Oscar de John Huston y de su padre, el actor Walter Huston, por “El Tesoro de Sierra Madre”, la excelente versión del libro del enigmático B. Traven (escritor chicagoan de familia escandinava que había recorrido el Pacífico antes de llegar a México en 1923, donde fue un verdadero buscador de oro).
Bogart y Huston dejaron en tentativa tres proyectos, además. Uno fue en el 42, “Three Strangers”, que acabaría filmando “Negulesco”, con Peter Lorre en el papel de Bogie, conservando el guión de Huston. Otro fue “Moby Dick”, que sí rodaría Huston, pero con Gregory Peck en lugar de Bogart. Y en 1955, según un relato de Kipling, Huston había programado el rodaje de “El hombre que pudo ser rey” en la India y Afganistan, con Clark Gable y Humplirey Bogart. Bogie estuvo comprometido con otras películas, luego enfermó de cáncer y murió. En 1960, Huston continuaba con la idea, y Gable seguía de acuerdo, pero murió justo al finalizar la película común
“Vidas rebeldes” (“The Misfits”). Muchos años después, Huston logró su propósito, ya con Sean Connery y Michael Caine, en lugar de Gable y Bogart. Desde luego, “El último refugio”, “El Halcón Maltés”, “Tener y no tener”, “El sueño eterno”, “El Tesoro de Sierra Madre”, “Sin conciencia” y “La Reina de Africa”, filmes de Walsh, Huston y Hawks son de las mejores interpretaciones-películas de la carrera del actor. “El Bosque Petrificado”, de Archie Mayo, seguramente incluye el mejor papel de reparto de Bogie, seguido por el de “Una mujer marcada”. “The Roaring Twenties” es un filme excepcional de Walsh, en el que Bogart queda bajo la poderosa sombra de Cagney (éste seguramente en su mejor interpretaci6n). “Pasión ciega”, mejor conocida por bastantes aficionados como “They Drive By Night”, es otra buena colaboración Walsh-Bogart. “Callejón sin salida” (“Dead Recloning”), de Cromwell, y “En un lugar solitario ” (“In a lonely place”), de Ray, tienen un gran interés, un extraño encanto: parecen obras maestras distribuidas con discreción, como si alguien pidiera perdón por las dos maravillas que quedaban embobinadas y enlatadas. Y, por supuesto, se podrá discutir si “El Motín del Caine” es una película excepcional de Dinytryk, o sólo una buena película, pero discutir la interpretación de Bogart en Quueg es propio de cotilleos de actores envidiosos en algún bar de Hollywood durante la temporada del 54-55. “Casablanca”, por otro lado, como dijera el crítico Angel Fernández Santos, cuenta el prólogo de una estrecha amistad y grata compañía: la de Rick Blaine y el capitán Renault (Bogie y Rains).

Manolo Marinero

Humphrey Bogart”, Manolo Marinero. Ediciones JC, 1980.

Sinfonía de cuna

Una vez andando
Por un parque inglés
Con un angelorum
Sin querer me encontré

Buenos días, dijo
Yo le contesté
El en castellano
Pero yo en francés

Dites moi, don angel
Comment va monsieur.

El me dio la mano,
Yo le tomé el pie:
¡Hay que ver, señores,
Como un ángel es!

Fatuo como el cisne,
Frío como un riel,
Gordo como un pavo,
Feo como usted.

Susto me dio un poco
Pero no arranqué.

Le busqué las plumas,
Plumas encontré,
Duras como el duro
Cascarón de un pez

¡Buenas con que hubiera
Sido Lucifer!

Se enojó conmigo,
Me tiró un revés
Con su espada de oro,
Yo me le agaché.

Aquel más absurdo
Non volveré a ver.

Muerto de la risa
Dije good bye sir,
Siga su camino,
Que le pise le vaya bien,
Que la pise el auto
Que la mate un tren.

Ya se acabo el cuento,
Uno, dos y tres.

Nicanor Parra

*) Del libro “Poemas y antipoemas” (1954). Catedral. Edición de René de Costa. 1988.