No sé que hay

 

No sé que hay
pero quién sabe
la canción que llevas en tu bolsillo
un beso que quedará entre tus mejores recuerdos
tu proyección hacia el infinito
la noche en que conociste las estrellas
el perfecto silencio de la piel
el libro que te acompañó durante el viaje
detalles, granos de arena
que vas coleccionando
No sé que hay
dímelo vos
dime como sigue
dime porqué somos búsqueda y estilo
borrón y cuenta nueva
pasado en eterno presente
la calle más larga hacia un desesperante futuro
dime vos
que tienes el don
yo apenas si puedo hacer conjeturas
dibujos sobre la arena
palabras sueltas
que juegan a ser mariposas.

El diablo en el agujero

 

Mantén al diablo en el agujero. Sólo eso y la cosa andará bien. Lo aprendí de una de las canciones que más me gustan de Tom Waits: “Way Down In The Hole”. O, sin exagerar, de la canción que más me gusta de todas las canciones que he escuchado a lo largo de mi vida, sean suyas o de otros.
No soy cristiano pero profeso la fe en Tom Waits. No creo precisamente “en dios” aunque yo, al igual que Frank (uno de los personajes de la mitología Waits), he tenido mis años salvajes y necesito perdón.
Son esos momentos oscuros los que te perfilan aunque pretendas dejarlos atrás. Sin embargo, nada habla con tanta exactitud de una persona como el modo en que esta lucha contra sus peores demonios.
Esta es mi libre interpretación. “Way Down In The Hole” trata de cómo deliberas con tus fantasmas más perversos. Quién ha sido violento y un día descubre que debe controlar su lado feroz por amor a quien tiene enfrente y por respeto a sí mismo, seguramente entiende de que estoy hablando. O aquel que luego de haber prometido no beber una gota más, discurre por un resbaladizo infierno ante un vaso whisky.
Los pecadores lo sabemos bien, una y otra vez, el diablo saldrá de su agujero para tentarnos con su poesía dulce y cruel. Ese día, esa noche, estaremos bajo sus órdenes. Tiraremos el televisor por la ventana. Beberemos mucho más de lo conveniente. Soltaremos la lengua. Cerraremos la puerta con furia. Gastaremos el dinero en una tontería. El diablo en el jardín. Tu jardín, tu casa.
Por eso, tal como canta Tom, sólo debes mantener al diablo en su agujero. Para seguir adelante, amparado en la fuerza de tu voluntad.
“Way Down In The Hole” posee, además de una letra divertida y de corte cristiano, una cadencia sexual. Dura unos tres minutos. Y al tiempo que se escapa, la sientes eterna.
Te dejo la letra de la canción que apareció en el disco “Franks Wild Years” en 1987. Podría definírselo como un moderno clásico del gospel que hace poco resucitó con la serie de televisión americana “The Wire”, en cuya apertura la versionaron distintos artistas.
Dice así: “Cuando caminas a través del jardín/Cuida tu espalda/Así que te pido perdón/Anda por la recta y estrecha vía/Si caminas con Jesús/El salvará tu alma/Tienes que mantener el diablo en el agujero/El posee el fuego y la furia y estás a sus órdenes/Así que no debes preocuparte si aferras la mano de Jesús/Todos estaremos a salvo de Satanás/Cuando el trueno llegue/Sólo tienes que ayudarme a mantener el diablo en el agujero/Todos los ángeles cantan acerca de la poderosa espada de Jesús/Ellos te protejerán con sus alas y te mantendrán cerca del Señor/No le hagas caso a la tentación/Sus manos son tan frías/Tienes que ayudarme a mantener el diablo en el agujero/Sólo tienes que me ayudarme a mantener el diablo en el agujero.”

La humillación de Phillip Roth

 

La pequeña geografía de un libro puede contener la vida misma. No deja de resultar sorprendente que en un espacio incluso menor al habitual alguien sea capaz de decir tanto y tan profundamente.
Por supuesto, no ha sido cualquier pluma la que ha logrado el milagro. Se trata de Phillip Roth en su último libro “La humillación” (Mondadori).
Esta es la historia de un hombre acabado que ya no busca ningún tipo de redención. A sus 65 años el actor Simon Axler ha llegado al ocaso de su carrera.
No lo saben con certeza sus admiradores a pesar de sus últimas y lamentables actuaciones, ni su círculo íntimo, que lo descubrió internado en un hospital psiquiátrico, ni su agente, quien no se resigna a perder a una de sus estrellas preferidas a manos del oscuro fantasma del pánico escénico.
En el fondo de todo Axler entiende que su fuego sagrado se ha apagado. No se trata de miedo, no se trata del temblor en las manos antes de salir a escena, no es la inexplicable incomodidad que siente tras bambalinas o las odiosas previas a cada actuación. Es algo mucho más complejo. La energía que un día movió cada uno de sus músculos interpretando clásicos de Shakespeare simplemente desapareció.
Una vez hechas las aclaraciones del caso, Axler, emprende la retirada. Se convierte en un mueble más de su cómoda mansión en las afueras de Nueva York y espera, no sin tormento, la muerte. Pero Simon Axler no es un hombre deprimido a secas. A sus años y con su basta experiencia Axler está mas moldeado por la sabiduría que por la idiotez. Mucho más, diríamos. De modo que sus reflexiones, sus puntos de vista acerca de sí mismo y de la fauna que un día lo rodeó son verdaderas piezas de inteligencia. Su alma se ha perdido pero le queda la palabra que como un morboso legado nos alcanza a sus testigos.
“No es una cuestión de confianza. En el fondo, siempre he tenido la sensación de que carecía por completo de talento. (…) No, es una cuestión de falsedad, pura falsedad, tan penetrante que no puedo hacer más que decirle al público desde el escenario: “soy un embustero, y ni siquiera sé mentir bien. Soy un fraude”, explica definitivo el actor a su agente.
La caída de este ángel, que una vez iluminó el firmamento del teatro americano, es tan brillantemente relatada que uno no puede menos que sorprenderse por el resultado filosófico, por un lado, y literario por el otro, del libro de Roth.
En el medio de la catástrofe psicológica Axler se encuentra con una mujer. Una que acaba de terminar una relación homosexual con alguien que después de un largo tiempo ha decidido convertirse en hombre. Entonces Axler se funde en un vínculo inesperado que comienza a alentar sus olvidadas ganas de vivir. El desenlace está fatalmente reñido con el optimismo. Para Axler no hay más oportunidades sobre la mesa.
La sinfonía de elementos excitantes y patéticos que caracterizan su derrotero, alcanzará aquí su clímax.
Al filo de su angustia mortuoria Axler nos entrega servido en bandeja de plata un último gesto elegante: un poco más de su concepción del mundo y de las personas.
Serán también un gesto literario puesto que uno no debería olvidarse que el dolor ajeno también puede ser una herramienta para reinventar el propio camino.

Películas para el fin de semana

 

Asfixia
Aunque trata de mostrarse como una comedia accesible, este filme basado en una novela del, por cierto, nada accesible Chuck Palahniuk, está muy lejos de resultar un pasatiempo. Tiene humor, si, y del bueno, pero al mismo tiempo desarrolla una teoría acerca de las obsesiones que atormentan a la condición humana que a medida que avanza el argumento va volviéndose, efectivamente, asfixiante. En el protagónico, como Víctor Mancini, un enfermo del sexo, ese talentoso actor que es Sam Rockwell y junto a él Anjelica Huston y Kelly Macdonald. Dirigida por Clark Gregg.
Adoration
Un filme que viene con muchos pergaminos y buenas críticas. Lo cual, en ocasiones, no garantiza nada. Adoration es un filme bien construido. Una idea que seguramente corría por ahí desde hace años: un chico cuenta en clases que su padre es un terrorista. El problema es que aunque la trama tiene su efecto, pierde sentido en la medida en que comienza parecerse demasiado a una novela mexicana. O a la vida misma. Y la idea del cine de ficción es ser capaz de separar estos dos hemisferios. Aquí lo que al principio tiene cuotas delirantes admisibles al final se sale de rumbo. La mujer termina siendo la esposa y el hijo el ahijado de. En fin, lo de siempre. Dirigida por Atom Egoyan. Con Arsinée Khanjian.
La carretera
Indefectiblemente esta película nos lleva a pensar en “Leyenda” (aquel filme de vampiros con el rapero devenido actor Will Smith) y en “28 días”, aquella divertida película apocalíptica sobre un mundo poblado de enfermos rabiosos y hambrientos. “La carretera” también relata un planeta despojado en el que ya no queda casi nada. Excepto algunos inocentes y las bandas de terroristas que sólo quieren sobrevivir haciendo sufrir al escaso prójimo que anda suelto por ahí. La película está basada en una novela de Cormac McCarthy (¿recuerdan “No es país para viejos”?). Con la actuación correcta, como siempre, de Viggo Mortensen. Dirigida por John Hillcoat. Al final, deja un extraño sabor en la boca, más parecido al “gusto a poco” que al “gracias estoy satisfecho”.

La era del hierro

 

Un gran negocio y una resurrección. De eso hablamos cuando hablamos de la segunda parte de “Ironman”.
Un gran negocio porque aunque el foco estará puesto por unos meses en la secuela del filme dirigido por Jon Favreau, la verdadera mina de oro queda ubicada un poco más lejos. Se trata de un proyecto ambicioso y millonario del que “Ironman” forma parte como la pieza esencial de un complicado rompecabezas.
Aún no estrenada la continuación (el 30 de abril en el mundo hispano, el 7 de mayo en Estados Unidos) ya se hacen conjeturas acerca de una tercera parte que tardará en llegar. Antes de eso –en el 2012– Marvel Comics tiene pensado dar a luz el primer capítulo de “The Avengers” (“Los Vengadores”), donde reunirá a “gente” como Capitán América, Thor y Hulk (el increíble).
Pero volvamos a “Ironman 2” y a la resurrección definitiva de Robert Downey Jr.
El secreto ha sido revelado: Tony Stark es (y lo disfruta como sólo él sabe hacerlo) Ironman, el nuevo héroe de la sociedad americana.
El gobierno de Estados Unidos, sin embargo, no está demasiado feliz con la noticia. Más aún tomando en cuenta el currículum de rebelde incorregible con que carga. Dentro de cierta lógica vinculada con la seguridad nacional, en una audiencia pública le exigen al genio millonario que entregue los archivos secretos de esta flamante arma. Como es de esperar, Stark se niega: “Es mi propiedad ¡No pueden tenerla! Pero les prometo que trabajaré por la paz mundial”. Y los aplausos del numeroso público presente estallan al unísono.
Rodeado de su habitual glamour, ahora recargado con la gloria sobrehumana que le provee su armadura, Stark no imagina que entre las sombras se gesta una trama devastadora.
Mientras aparece como invitado en shows de televisión (Larry King lo entrevista como es lógico en estos casos) o asiste a exposiciones vinculadas con su excepcional invento y a cócteles varios donde las chicas de turno lo persiguen con los ojos en llamas, el siniestro Ivan Vanko (Mickey Rourke en otro papel a su medida) construye en silencio la pieza de energía maestra que alimentará otra estructura igual de poderosa que la de Stark.
La maldad de Vanko hará olvidar los truculentos planes del ya fallecido Obadiah Stane (Jeff Bridges). Desarrollará su propia versión de la armadura de Stark a la que le sumará dos látigos capaces de seccionar cualquier cosa con la que tomen contacto. Durante el Gran Premio de Montecarlo, del cual Stark participa, Vanko aparece disfrazado de asistente mecánico sólo para revelarse como un feroz contrincante que divide en dos el automóvil del millonario dejando a éste desparramado por el suelo.
Detrás del rostro y los músculos de Vanko se esconde otro enemigo temible. Se trata de Justin Hammer (el talentoso Sam Rockwell), un millonario competidor de la época en que Stark Industrias vendía armas que no puede con su envidia y sus ganas de conquistar el mundo. En el medio estarán como siempre Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) y James “Rhodey” Rhodes (Don Cheadle), dos amigos de fierro para un hombre ídem.
También tendrá su papel en la trama SHIELD, la organización gubernamental (¿o paragubernamental?) encargada de fiscalizar el desarrollo y la aparición de nuevas armas en el mercado. Samuel L. Jackson interpretará a Nick Fury, su director; el buen actor Clark Gregg aparecerá otra vez como el agente Coulson y Scarlett Johansson interpretará a una seductora Natasha Romanoff también llamada Black Widow.
Con el paso de las horas los enemigos de Stark se volverán tan fuertes que al magnate no le quedará otro remedio que compartir su tecnología. Lo hace con su gran amigo “Rhodey”, quien ya la vez anterior se había sentido tentado de meterse en un traje a medio terminar. La batalla final es un típico lujo “made in Hollywood”.
Para cuando “Ironman 2” llegue a la pantalla grande en unos días, Marvel y Paramount habrán gastado alrededor de 100 millones de dólares sólo en promociones. Sin dudas, todos triunfarán: los estudios, Marvel Comics y, por supuesto, Robert Downey Jr., de regreso al paraíso donde viven las superestrellas.

Mira como bailo ahora

 

Mira como bailo, ¡Ma!
Vos y yo que sólo sabíamos llorar como leones heridos.
(que par de bandidos)
Mira como se elevan estos pies, abuela
Vos y yo que apaleábamos nieve y tierra 
A pura suela y 20 grados bajo cero. 
Mira, anciana, ¡me muevo!.
Vos y yo, viejita
Que vivíamos siempre tan cerquita de lo lejos.
Que no sabíamos mentir.
Que no sabíamos decir
excepto, salud, chico, salud. 
Observa estas manos que alzo ahora como un pastor frenético, ¡pa!
¿soy patético?
Como imito tus pasos de loco.
Como yo también me aloco.
Y de lo mucho en la mesa dejo poco.
Mira como beso y muerdo.
Como olvido y recuerdo.
Y escuchando a Drexler, me voy silbando a los gritos.
Piel de pieles curtidas.
Puma, guanaco y caballo feo.
Sol de donde no te veo.
Amigo de estrellas remotas. 
Negadas a los fisgones.
Garabato de los más negados callejones.
Naturaleza medio muerta de cuadro maldito.
Verbo de hipócrita exquisito.
Así me hiciste, gente.
Que perfecto demente.
(“uuuuuu, dulce magnetismo, mire donde mire te veo)
(“Deseo”, Jorge Drexler)

Nunca entenderás a una mujer desnuda

 

No hay más que camino por andar.
Y entre principio y fin,
besos y adioses.
Lo otro, lo que no mencionaré, es un pretexto
para seguir adelante. Una chicana. Una zanahoria.
De la tierra lejana
escucharás venir a los caballos galopando
y un blues que no se rinde.
Verás un mástil.
Y tendrás que dibujar por vos mismo los puertos.
La promesa de un nuevo viaje.
Exito y cordura
Hambre y desesperanza
Servirán como armas a tu propósito.
Porque:
Una mujer bailando desnuda
a tres centímetros de tus labios,
es un misterio que nunca que nunca que nunca
resolverás.