No sé que hay

 

No sé que hay
pero quién sabe
la canción que llevas en tu bolsillo
un beso que quedará entre tus mejores recuerdos
tu proyección hacia el infinito
la noche en que conociste las estrellas
el perfecto silencio de la piel
el libro que te acompañó durante el viaje
detalles, granos de arena
que vas coleccionando
No sé que hay
dímelo vos
dime como sigue
dime porqué somos búsqueda y estilo
borrón y cuenta nueva
pasado en eterno presente
la calle más larga hacia un desesperante futuro
dime vos
que tienes el don
yo apenas si puedo hacer conjeturas
dibujos sobre la arena
palabras sueltas
que juegan a ser mariposas.

El diablo en el agujero

 

Mantén al diablo en el agujero. Sólo eso y la cosa andará bien. Lo aprendí de una de las canciones que más me gustan de Tom Waits: “Way Down In The Hole”. O, sin exagerar, de la canción que más me gusta de todas las canciones que he escuchado a lo largo de mi vida, sean suyas o de otros.
No soy cristiano pero profeso la fe en Tom Waits. No creo precisamente “en dios” aunque yo, al igual que Frank (uno de los personajes de la mitología Waits), he tenido mis años salvajes y necesito perdón.
Son esos momentos oscuros los que te perfilan aunque pretendas dejarlos atrás. Sin embargo, nada habla con tanta exactitud de una persona como el modo en que esta lucha contra sus peores demonios.
Esta es mi libre interpretación. “Way Down In The Hole” trata de cómo deliberas con tus fantasmas más perversos. Quién ha sido violento y un día descubre que debe controlar su lado feroz por amor a quien tiene enfrente y por respeto a sí mismo, seguramente entiende de que estoy hablando. O aquel que luego de haber prometido no beber una gota más, discurre por un resbaladizo infierno ante un vaso whisky.
Los pecadores lo sabemos bien, una y otra vez, el diablo saldrá de su agujero para tentarnos con su poesía dulce y cruel. Ese día, esa noche, estaremos bajo sus órdenes. Tiraremos el televisor por la ventana. Beberemos mucho más de lo conveniente. Soltaremos la lengua. Cerraremos la puerta con furia. Gastaremos el dinero en una tontería. El diablo en el jardín. Tu jardín, tu casa.
Por eso, tal como canta Tom, sólo debes mantener al diablo en su agujero. Para seguir adelante, amparado en la fuerza de tu voluntad.
“Way Down In The Hole” posee, además de una letra divertida y de corte cristiano, una cadencia sexual. Dura unos tres minutos. Y al tiempo que se escapa, la sientes eterna.
Te dejo la letra de la canción que apareció en el disco “Franks Wild Years” en 1987. Podría definírselo como un moderno clásico del gospel que hace poco resucitó con la serie de televisión americana “The Wire”, en cuya apertura la versionaron distintos artistas.
Dice así: “Cuando caminas a través del jardín/Cuida tu espalda/Así que te pido perdón/Anda por la recta y estrecha vía/Si caminas con Jesús/El salvará tu alma/Tienes que mantener el diablo en el agujero/El posee el fuego y la furia y estás a sus órdenes/Así que no debes preocuparte si aferras la mano de Jesús/Todos estaremos a salvo de Satanás/Cuando el trueno llegue/Sólo tienes que ayudarme a mantener el diablo en el agujero/Todos los ángeles cantan acerca de la poderosa espada de Jesús/Ellos te protejerán con sus alas y te mantendrán cerca del Señor/No le hagas caso a la tentación/Sus manos son tan frías/Tienes que ayudarme a mantener el diablo en el agujero/Sólo tienes que me ayudarme a mantener el diablo en el agujero.”

La humillación de Phillip Roth

 

La pequeña geografía de un libro puede contener la vida misma. No deja de resultar sorprendente que en un espacio incluso menor al habitual alguien sea capaz de decir tanto y tan profundamente.
Por supuesto, no ha sido cualquier pluma la que ha logrado el milagro. Se trata de Phillip Roth en su último libro “La humillación” (Mondadori).
Esta es la historia de un hombre acabado que ya no busca ningún tipo de redención. A sus 65 años el actor Simon Axler ha llegado al ocaso de su carrera.
No lo saben con certeza sus admiradores a pesar de sus últimas y lamentables actuaciones, ni su círculo íntimo, que lo descubrió internado en un hospital psiquiátrico, ni su agente, quien no se resigna a perder a una de sus estrellas preferidas a manos del oscuro fantasma del pánico escénico.
En el fondo de todo Axler entiende que su fuego sagrado se ha apagado. No se trata de miedo, no se trata del temblor en las manos antes de salir a escena, no es la inexplicable incomodidad que siente tras bambalinas o las odiosas previas a cada actuación. Es algo mucho más complejo. La energía que un día movió cada uno de sus músculos interpretando clásicos de Shakespeare simplemente desapareció.
Una vez hechas las aclaraciones del caso, Axler, emprende la retirada. Se convierte en un mueble más de su cómoda mansión en las afueras de Nueva York y espera, no sin tormento, la muerte. Pero Simon Axler no es un hombre deprimido a secas. A sus años y con su basta experiencia Axler está mas moldeado por la sabiduría que por la idiotez. Mucho más, diríamos. De modo que sus reflexiones, sus puntos de vista acerca de sí mismo y de la fauna que un día lo rodeó son verdaderas piezas de inteligencia. Su alma se ha perdido pero le queda la palabra que como un morboso legado nos alcanza a sus testigos.
“No es una cuestión de confianza. En el fondo, siempre he tenido la sensación de que carecía por completo de talento. (…) No, es una cuestión de falsedad, pura falsedad, tan penetrante que no puedo hacer más que decirle al público desde el escenario: “soy un embustero, y ni siquiera sé mentir bien. Soy un fraude”, explica definitivo el actor a su agente.
La caída de este ángel, que una vez iluminó el firmamento del teatro americano, es tan brillantemente relatada que uno no puede menos que sorprenderse por el resultado filosófico, por un lado, y literario por el otro, del libro de Roth.
En el medio de la catástrofe psicológica Axler se encuentra con una mujer. Una que acaba de terminar una relación homosexual con alguien que después de un largo tiempo ha decidido convertirse en hombre. Entonces Axler se funde en un vínculo inesperado que comienza a alentar sus olvidadas ganas de vivir. El desenlace está fatalmente reñido con el optimismo. Para Axler no hay más oportunidades sobre la mesa.
La sinfonía de elementos excitantes y patéticos que caracterizan su derrotero, alcanzará aquí su clímax.
Al filo de su angustia mortuoria Axler nos entrega servido en bandeja de plata un último gesto elegante: un poco más de su concepción del mundo y de las personas.
Serán también un gesto literario puesto que uno no debería olvidarse que el dolor ajeno también puede ser una herramienta para reinventar el propio camino.

Películas para el fin de semana

 

Asfixia
Aunque trata de mostrarse como una comedia accesible, este filme basado en una novela del, por cierto, nada accesible Chuck Palahniuk, está muy lejos de resultar un pasatiempo. Tiene humor, si, y del bueno, pero al mismo tiempo desarrolla una teoría acerca de las obsesiones que atormentan a la condición humana que a medida que avanza el argumento va volviéndose, efectivamente, asfixiante. En el protagónico, como Víctor Mancini, un enfermo del sexo, ese talentoso actor que es Sam Rockwell y junto a él Anjelica Huston y Kelly Macdonald. Dirigida por Clark Gregg.
Adoration
Un filme que viene con muchos pergaminos y buenas críticas. Lo cual, en ocasiones, no garantiza nada. Adoration es un filme bien construido. Una idea que seguramente corría por ahí desde hace años: un chico cuenta en clases que su padre es un terrorista. El problema es que aunque la trama tiene su efecto, pierde sentido en la medida en que comienza parecerse demasiado a una novela mexicana. O a la vida misma. Y la idea del cine de ficción es ser capaz de separar estos dos hemisferios. Aquí lo que al principio tiene cuotas delirantes admisibles al final se sale de rumbo. La mujer termina siendo la esposa y el hijo el ahijado de. En fin, lo de siempre. Dirigida por Atom Egoyan. Con Arsinée Khanjian.
La carretera
Indefectiblemente esta película nos lleva a pensar en “Leyenda” (aquel filme de vampiros con el rapero devenido actor Will Smith) y en “28 días”, aquella divertida película apocalíptica sobre un mundo poblado de enfermos rabiosos y hambrientos. “La carretera” también relata un planeta despojado en el que ya no queda casi nada. Excepto algunos inocentes y las bandas de terroristas que sólo quieren sobrevivir haciendo sufrir al escaso prójimo que anda suelto por ahí. La película está basada en una novela de Cormac McCarthy (¿recuerdan “No es país para viejos”?). Con la actuación correcta, como siempre, de Viggo Mortensen. Dirigida por John Hillcoat. Al final, deja un extraño sabor en la boca, más parecido al “gusto a poco” que al “gracias estoy satisfecho”.

La era del hierro

 

Un gran negocio y una resurrección. De eso hablamos cuando hablamos de la segunda parte de “Ironman”.
Un gran negocio porque aunque el foco estará puesto por unos meses en la secuela del filme dirigido por Jon Favreau, la verdadera mina de oro queda ubicada un poco más lejos. Se trata de un proyecto ambicioso y millonario del que “Ironman” forma parte como la pieza esencial de un complicado rompecabezas.
Aún no estrenada la continuación (el 30 de abril en el mundo hispano, el 7 de mayo en Estados Unidos) ya se hacen conjeturas acerca de una tercera parte que tardará en llegar. Antes de eso –en el 2012– Marvel Comics tiene pensado dar a luz el primer capítulo de “The Avengers” (“Los Vengadores”), donde reunirá a “gente” como Capitán América, Thor y Hulk (el increíble).
Pero volvamos a “Ironman 2” y a la resurrección definitiva de Robert Downey Jr.
El secreto ha sido revelado: Tony Stark es (y lo disfruta como sólo él sabe hacerlo) Ironman, el nuevo héroe de la sociedad americana.
El gobierno de Estados Unidos, sin embargo, no está demasiado feliz con la noticia. Más aún tomando en cuenta el currículum de rebelde incorregible con que carga. Dentro de cierta lógica vinculada con la seguridad nacional, en una audiencia pública le exigen al genio millonario que entregue los archivos secretos de esta flamante arma. Como es de esperar, Stark se niega: “Es mi propiedad ¡No pueden tenerla! Pero les prometo que trabajaré por la paz mundial”. Y los aplausos del numeroso público presente estallan al unísono.
Rodeado de su habitual glamour, ahora recargado con la gloria sobrehumana que le provee su armadura, Stark no imagina que entre las sombras se gesta una trama devastadora.
Mientras aparece como invitado en shows de televisión (Larry King lo entrevista como es lógico en estos casos) o asiste a exposiciones vinculadas con su excepcional invento y a cócteles varios donde las chicas de turno lo persiguen con los ojos en llamas, el siniestro Ivan Vanko (Mickey Rourke en otro papel a su medida) construye en silencio la pieza de energía maestra que alimentará otra estructura igual de poderosa que la de Stark.
La maldad de Vanko hará olvidar los truculentos planes del ya fallecido Obadiah Stane (Jeff Bridges). Desarrollará su propia versión de la armadura de Stark a la que le sumará dos látigos capaces de seccionar cualquier cosa con la que tomen contacto. Durante el Gran Premio de Montecarlo, del cual Stark participa, Vanko aparece disfrazado de asistente mecánico sólo para revelarse como un feroz contrincante que divide en dos el automóvil del millonario dejando a éste desparramado por el suelo.
Detrás del rostro y los músculos de Vanko se esconde otro enemigo temible. Se trata de Justin Hammer (el talentoso Sam Rockwell), un millonario competidor de la época en que Stark Industrias vendía armas que no puede con su envidia y sus ganas de conquistar el mundo. En el medio estarán como siempre Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) y James “Rhodey” Rhodes (Don Cheadle), dos amigos de fierro para un hombre ídem.
También tendrá su papel en la trama SHIELD, la organización gubernamental (¿o paragubernamental?) encargada de fiscalizar el desarrollo y la aparición de nuevas armas en el mercado. Samuel L. Jackson interpretará a Nick Fury, su director; el buen actor Clark Gregg aparecerá otra vez como el agente Coulson y Scarlett Johansson interpretará a una seductora Natasha Romanoff también llamada Black Widow.
Con el paso de las horas los enemigos de Stark se volverán tan fuertes que al magnate no le quedará otro remedio que compartir su tecnología. Lo hace con su gran amigo “Rhodey”, quien ya la vez anterior se había sentido tentado de meterse en un traje a medio terminar. La batalla final es un típico lujo “made in Hollywood”.
Para cuando “Ironman 2” llegue a la pantalla grande en unos días, Marvel y Paramount habrán gastado alrededor de 100 millones de dólares sólo en promociones. Sin dudas, todos triunfarán: los estudios, Marvel Comics y, por supuesto, Robert Downey Jr., de regreso al paraíso donde viven las superestrellas.

Mira como bailo ahora

 

Mira como bailo, ¡Ma!
Vos y yo que sólo sabíamos llorar como leones heridos.
(que par de bandidos)
Mira como se elevan estos pies, abuela
Vos y yo que apaleábamos nieve y tierra 
A pura suela y 20 grados bajo cero. 
Mira, anciana, ¡me muevo!.
Vos y yo, viejita
Que vivíamos siempre tan cerquita de lo lejos.
Que no sabíamos mentir.
Que no sabíamos decir
excepto, salud, chico, salud. 
Observa estas manos que alzo ahora como un pastor frenético, ¡pa!
¿soy patético?
Como imito tus pasos de loco.
Como yo también me aloco.
Y de lo mucho en la mesa dejo poco.
Mira como beso y muerdo.
Como olvido y recuerdo.
Y escuchando a Drexler, me voy silbando a los gritos.
Piel de pieles curtidas.
Puma, guanaco y caballo feo.
Sol de donde no te veo.
Amigo de estrellas remotas. 
Negadas a los fisgones.
Garabato de los más negados callejones.
Naturaleza medio muerta de cuadro maldito.
Verbo de hipócrita exquisito.
Así me hiciste, gente.
Que perfecto demente.
(“uuuuuu, dulce magnetismo, mire donde mire te veo)
(“Deseo”, Jorge Drexler)

Nunca entenderás a una mujer desnuda

 

No hay más que camino por andar.
Y entre principio y fin,
besos y adioses.
Lo otro, lo que no mencionaré, es un pretexto
para seguir adelante. Una chicana. Una zanahoria.
De la tierra lejana
escucharás venir a los caballos galopando
y un blues que no se rinde.
Verás un mástil.
Y tendrás que dibujar por vos mismo los puertos.
La promesa de un nuevo viaje.
Exito y cordura
Hambre y desesperanza
Servirán como armas a tu propósito.
Porque:
Una mujer bailando desnuda
a tres centímetros de tus labios,
es un misterio que nunca que nunca que nunca
resolverás.

Entrevista con la poeta Graciela Cross

Doble noticia y doble placer literario. Graciela Cros presenta este viernes a las 19 en la Biblioteca Sarmiento de Bariloche sus libros “Hacer la de Elvis” y “Mansilla”. La destacada poetisa, dueña de una prosa creativa y seductora, alcanza con estas publicaciones un nuevo clímax en su destacada y muy reconocida carrera como escritora y tallerista.
-¿Me recuerdas que es hacer la de Elvis?

– “Hacer la de Elvis” es…¡presentar dos libros de poesía juntos!, por ejemplo. Fuera de la humorada, no creas que no me lo he preguntado muchas veces pero sabrás que la poesía está hecha de interrogantes más que de respuestas. Me comprenden las generales de la ley. No sé porqué ante la formulaciòn directa de la pregunta me surgen metáforas de carácter automovilístico, imágenes del tipo “Thelma & Louise”, que verdaderamente me sorprenden porque no me gusta manejar, pero consignas como “pisar a fondo el acelerador”, “no tocar el freno”, “volantear”, algo así, sostenido, como te digo, por escenas de cine; aunque en realidad, si me das un segundo más, te diría que aún lo estoy averiguando. Este texto fue escrito inicialmente a comienzos de los años 90 y pasó por varias revisiones y ediciones, como ésta que se publica ahora y presento como una re-escritura. Para la sociedad en la que vivió (y en la que yo crecí) Elvis era tanto la gloria como la desmesura, su “gorda boquita pastillera” como dice el texto, lo confirma hasta el final. Hacer la de “él” en mis términos tal vez tenga que ver con buscar límites, ir a los extremos y regresar, al centro o quién sabe adónde en el proceso de definir una identidad. Por último, sí, creo que “Hacer la de Elvis” -en el formato que sea, en el que cada uno elija para sí mismo- es una apuesta apasionada a estar muy presente y muy atento, muy despierto en el aquí y ahora que nos toca vivir. Recuerdo una definición del poeta cubano Eliseo Diego, “poesía es el acto de atender en su máxima pureza”, bien, eso es “Hacer la de Elvis”.

-¿Cómo has evolucionado en tanto escritora, poeta, artista en estos últimos años?

– Es difícil saber si se se ha evolucionado como poeta. Uno espera haberlo hecho, claro. Pero son los lectores críticos los que pueden decirlo, la “institución literaria” que sube o baja el pulgar para un autor. En mi caso, años de trabajo, libros, premios, antologías, todo eso, dice que sí. Yo digo que he transitado un camino largo de búsquedas, lo sigo haciendo, pero no sólo como escritora sino como persona. En lo relativo a la poesía he procurado afinar el ojo del crítico que uno es, corregir más, meditar más respecto de cada texto, cada palabra; tantos años de dictar talleres de escritura, de estar en contacto con materiales poéticos, te llevan también a afinar el instrumento con mayor precisión, a bajar la ansiedad por escribir y publicar; siempre he buscado que en cada nuevo libro hubiera algo original, diferente al anterior, pero en el sentido de un tono atado a la que era yo, profundamente, al momento de escribirlo. Creo que el artista se debe eso a sí mismo, el artista tiene que renovarse desde la autenticidad y no desde el oficio porque no hacerlo significa su muerte como tal.

-¿Vives una vida literaria?

– No lo sé, creo que sí de algún modo quieto, callado, zen, podría decir. En estos últimos tiempos creo que vivo más en retiro, en soledad, quiero decir, que en sociedad. Pero no me siento la excepción, se da bastante actualmente, es algo así como el espíritu de la época, no? Hay una suerte de vida literaria a través de internet, sin duda, que permite hacer contacto con colegas, estar al tanto de lo que se va publicando, lo que están haciendo, etc., etc., y la mayoría de las veces caer en la ilusión de estar comunicados cuando sólo estamos chocando las antenitas al cruzarnos en el camino, así como hacen las hormigas que llevan víveres al refugio.

-Hablando de literatura ¿que te interesa por estos días?

– Estoy subyugada, inmersa, en la producción poética de las provincias argentinas; te diría que es lo que más me atrae por estos días y en lo que estoy trabajando e investigando desde hace un tiempo. Poetas activos de las provincias (no me gusta la expresión “del interior del país”) que no tienen difusión y sus libros tampoco. Ahí apunta mi interés. Sería largo enumerar las razones de este fenómeno pero en el Chaco no se sabe qué se escribe en Neuquén y viceversa, por dar un ejemplo, se trata de cuestiones ajenas a la literatura misma que tienen que ver con leyes del mercado editorial, entre otras cosas, y que hacen que la poesía argentina que se conoce esté mayoritariamente en Buenos Aires y en una o dos ciudades centrales como Córdoba o Rosario. Hago una columna semanal en el diario digital interactivo Bariloche2000, “Una de poetas”, y desde allí difundo a estos autores. Trato de ejercer la militancia poética abriendo espacios para ellos, para que se conozca su obra.

-¿Qué es un libro? y ¿Qué serán los libros?

– Ah, se ha dicho tanto y tan bien! No voy a caer en lugares comunes ni reiterar lo que tan brillantemente han dicho los maestros, por ejemplo, Borges, que decía sentir la “gravitación amistosa” del libro, que pensaba que el libro era una de las posibilidades de felicidad que no es dada a los seres humanos. No es extraordinaria esa idea? Acuerdo completamente con eso.

-¿Me dices una línea tuya que sea una de tus favoritas?

– Aquí estoy en un aprieto. ¿Tendré una línea mía favorita? Hay varias que me gustan, que aún me desafían, me provocan, me divierten, me enojan o me dejan pensando cómo fue que escribí esto!… pero no sé si puedo elegir una. A veces me escribe alguien desconocido a Facebook y me recuerda versos míos que escribí y olvidé y al leerlos algo lejano reverbera hasta que logro ubicarlos y saber que son míos, y… ¡me gustan! Como no hablé hasta ahora del otro libro que presento, “Mansilla”, te dejaría una línea con la que cierra el primer texto y en la que creo de un modo casi sacramental, te diría, y es, simplemente: “Tener amigos poetas salva el día”.

-¿Cual es tu próxima historia?

– Estoy en blanco ahora con respecto a la próxima. Etapa de puerperio total, post-parto, dos obras, dos alumbramientos. En casi todos mis libros los textos cuentan historias, la mía es una poesía de personajes, y esto es más visible aún en “Mansilla” donde cada poema puede funcionar como un microrrelato, una pequeño cuento. Tengo algunas ideas rondándome que tienen que ver con la narrativa pero aún no sé si llegarán a ser esa próxima historia que espero poder escribir.

-¿Por qué escribir?
– ¿Y por qué no hacerlo? Para el escritor es una necesidad, como respirar, y cuando esa necesidad es genuina su carácter es impostergable.

-Y Graciela Cros es:

– “Soy una bestia anfibia de la A a la Z
Soy un techo a dos aguas
De día /ando/ en la tierra
De noche /nado/ crawl
surco los mares
Mi pasión está intacta:
Construyo artefactos argento-patagónicos
mapuche-sudaqueses.
Soy mi Reina y mi Obrera.
La dueña de este nicho”.*

*de Libro de Boock, Ediciones en Danza, 2004.

Probablemente libres

 

No me lo creo.
Que esto sea una mera coincidencia. Que estemos hablado del más puro azar. Que las puntas de las enormes líneas de fuego, esas que nos representan, se encuentren “porque sí” para establecer un nuevo lenguaje. Que la cosa fluya como un río o brote o explote sin una razón. Sin un deseo preestablecido. Sin una voluntad milenaria que nos guíe o se burle o qué sé yo. Y qué sabe nadie.
La vida es corta, dice el galán en su película. No, corrijo, dice: “life is short”. Y va vestido de un modo elegante. Y fuma. Y mira hacia un horizonte que jamás alcanzará. 
La vida es el perfume fugaz de los dioses. Una instantánea que como la nieve va derritiéndose. Va apagando sus colores. “¡Qué poco me quedaaaa!”, exclama mi madre mientras atravesamos en camioneta el sur hacia su campito, y las montañas y los glaciares y los desiertos me resultan eternos. Tiene 66 y una vez tuvo 20. Allá vamos. 
Esta, en verdad, es una cuestión de tiempo. De aquello que queremos y no podremos hacer porque el reloj nos persigue igual que un cazador empecinado. De tiempo y voluntad. Lo que deseamos, lo que podemos, lo que decidimos, lo que intentamos.
Soy un rebelde sin causa que intenta explicar la inexplicable. Rechazo la idea de mi finitud y en el mismo esfuerzo me condeno y la confirmo. No hay dados en el aire, hay escritura sagrada, tatuaje estelar, palabras sueltas en un idioma ajeno.
Mientras tanto me entretengo. Me ocupo. Acabo de terminar tres libros a las carreras. Porque tal vez mañana. Tal vez mañana. Una novela de Serguio Olguín, “Oscura monótona sangre”, sobre la depravación y el camino al infierno de un empresario aburrido, “Cosmética del enemigo” de Amélie Nothomb, acerca de la locura y la violencia desentrañadas en la vacuidad de un aeropuerto y “Deception” de Phillip Roth, que relata el patético ocaso de un famoso actor teatral. 
Todas hablan de la muerte. De la enfermedad de la psiquis. Del paso de las horas y de los momentos que fueron dulces o agrios, pero que ahora corren a una velocidad inaudita. Atraviesan desenfrenados la mirada perdida de los protagonistas.
Sin embargo, desde su óptica sombría y desgarradora, cada uno de los libros deja abierta una puerta. 
Entre tragedias, entre penas que parecen definitivas, al menos, permanece vacante un espacio para la redención. Si este es un plan secreto, un juego en el cual interpretamos a veces peones, a veces reinas, a veces nada. Si las estrellas hablan en un lenguaje angelical y esquivo, entonces nuestro pasaporte lleva timbrada una visa que autoriza el siguiente salto. Frente a la exactitud del destino nos volvemos seres accesibles. 
La fragilidad nos permite discurrir sobre la contradicción: delicados y por lo mismo valiosos. Mortales y por eso mismo desvergonzados. Probablemente libres.

Películas para el fin de semana

Socios del crimen

Una sociedad actoral bastante extraña y que podría haber dado incontables y jugosos réditos. No sucedió. Estas cosas pasan. Mucho más cuando la industria americana se cruza con algunos de los íconos del Viejo Continente. Allí están los espléndidos, los legendarios Gérard Depardieu y Harvey Keitel, víctimas de un guión horrible y de diálogos que no van a ninguna parte. También anda en los suyo un opaco Johnny Hallyday, el famoso cantante y actor francés. Una suerte de Mickey Rourke europeo. Una banda de amigos de escasas luces se mete con la mafia francesa y la de Chicago al mismo tiempo. Por supuesto, los persiguen los más variados y tontos maleantes que el cine pueda generar. Dirigida por Brad Mirman. Y este es un buen lugar para decir que Keatel merece ser visto más de una vez en “Un maldito policía” de Abel Ferrara (que muy lejos está de ser una comedia).

¿Qué pasó ayer?

Una comedia de excelente factura. Un hallazgo y una buena noticia para el universo cómico. La trama es ya mismo una invitación a verla. Un grupo de amigos se embarcan en una despedida de soltero que los deja a medio camino de un fantástico despelote. A la mañana siguiente del jolgorio se descubren en una lujosa y destrozada habitación de un hotel acompañados por un tigre, un bebé y la certeza de que han perdido tal vez para siempre al futuro novio. Todo lo que hicieron será revelado en los minutos siguientes de una manera graciosa e inteligente. Las sorpresas no terminan ahí. El más formal de los chicos en algún momento de la agitada jornada ha contraido matrimonio con una piba de la noche. Ah, ¡el tigre le pertenece a Mike Tyson! Dirigida por Phillips. Con una troup de conocidos actores del género como Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis y Justin Bartha.

Ironman

Ahora que faltan pocas semanas para que se estrene la segunda parte de Ironman, es pertinente recordar el excelente primer capítulo de esta futura y, sin duda, exitosa saga. Ironman es, además de un bien pensando filme acción, la oportunidad de Robert Downey Jr de volver a las grandes ligas. Ya lo hizo, como todos sabemos. Downey Jr. le ha otorgado al personaje su enorme talento y sensibilidad que ayudaron a que la película no sea otra más del género. Tony Stark es el irresponsable y egocéntrico (aunque genial) magnate que construye esta poderosa segunda piel con un centro de energía eterna. Entre fiesta y fiesta se da el lujo de combatir el mal en el planeta. Dirigida por Jon Favreau. Con la hermosa Gwyneth Paltrow. La segunda parte tendrá como actores invitados al ya renacido Mickey Rourke y a la siempre sensual Scarlett Johansson.

Malcolm

“El rock es esa cuestión de tratar de ser inmortal”. Lo dijo Malcolm McLaren, un hombre que días atrás murió de cáncer. Mclaren fue un auténtico innovador. Un precursor de modelos artísticos y comerciales alternativos. Sin embargo, pasará a la historia por haber creado a los Sex Pistols, algo que si todos los Sex Pistols vivieran y pudieran articular una palabra al unísono, negarían de plano. Pero si uno revisa con cierta dedicación la historia del punk descubrirá que la leyenda es cierta y que el título nobiliario es merecido.
Malcom McLaren inventó a los Pistols y con ello y con ellos revolucionó la forma de hacer música en el siglo XX. No le fue necesario un discurso muy profundo para tal fin. Las memorias de McLaren no están compuestas de gruesos volúmenes. No, McLaren utilizó una herramienta mucho más directa. Le bastaron unos acordes, unos colores y unas formas, una estética en definitiva, para hacer enaltecer su punto de vista.
Hasta que los Pistols aparecieron no había nada nuevo bajo el sol. Su estilo resultó tan controversial, tan impresionante que, como si tratara de inquietantes agitadores políticos, fueron perseguidos y censurados.
Antes y después de los Pistols, McLaren se reveló como el propietario de ideas que estaban destinadas a escandalizar conciencias. Incluso aquellas personas que se consideraban a sí mismas flexibles y abiertas quedaban al borde de la estupefacción toda vez que el músico, el diseñador y anfitrión de lo alternativo, salía a la vía pública a gritar su verdad.
Fue McLaren quien proyectó la energía solar del sexo sobre la piel de la moda (inauguró y cerró dos pequeñas aunque exitosas tiendas, ambas con motivos eróticos: Let It Rock y Sex). Y fue McLaren quien encontró en la música un canal de comunicación con una juventud anestesiada por el gobierno inglés de turno y por la cadencia dulzona de las estrellas de entonces. Muchas subsisten hasta hoy.
Para McLaren, Mick Jagger, Ringo Star y Rod Steward no eran más que las figuras emblemáticas de un pensamiento represivo y conservador. Su rock and roll furioso, su pop sexy y desacartonado, tenía como telón de fondo un propósito, o dos: la máquina registradora y el status quo. Ya entonces, el rock había dejado de ser peligroso.
“Por Dios, si la gente comprara los discos por la música, esto estaría muerto hace mucho”, dijo alguna vez. En la era de los archivos intercambiables y gratuitos esta idea ha cobrado un un sentido inesperado. La grandes compañías siguen sin entenderlo.
La imagen es todo. Podría haber sido uno de los himnos en el escudo familiar de McLaren. Su visión fluyó a través de la música de los Pistols el tiempo apropiado, para cuando comenzaron a transformarse en una excelente banda de rock, con todas las de la ley, él los dejó.
“The Sex Pistols no era tanto un grupo con una carrera como la materialización de una actitud que todavía molesta a la gente, porque ninguna forma de la música popular de entonces era capaz de erosionar la sociedad. Simplemente proporcionaba una excusa para suavizar el palo de la vida cotidiana. Sin embargo, The Sex Pistols aparecieron en escena para clavar el cuchillo y removerlo bien en la herida.”, explicó McLaren quien junto a ellos atravesó el umbral de la vida eterna.
Si uno entra a su sitió personal por estas horas encontrará un cartelito que lo confirma: “Malcolm will return shortly…”

¿se termina el mundo en el 2012?

Puede que el mundo se vaya al quinto infierno mañana al mediodía. O que suceda en dos años. El temido y ya tristemente célebre 2012. La verdad es que no existe un sistema científico o esotérico que haya predicho tal final. Sólo hay apuestas sobre la mesa basadas en intuiciones, supersticiones y, en el mejor de los casos, registros parciales acerca del funcionamiento, entre rutinario y paroxístico, del planeta y su entorno. Como no es factible refutar cada una de las aseveraciones que alientan el Apocalipsis, al menos estamos en condiciones de enunciar los fundamentos que llevan a pensar que muchas de ellas son patrañas. Divertidas, sazonadas, excitantes fabulaciones. Algunas bastante interesadas. Recordemos la previa del filme de Roland Emmerich, “2012” –que incluyeron blogs y sites de falsos institutos internacionales dedicados a instrumentar el salvataje de una parte de la humanidad– y sabrán de qué estamos hablando.

Empecemos por los mayas. Los mayas poseían tres tipos de calendarios: el calendario sagrado (tzolkin o bucxok, de 260 días), el civil (haab, de 365 días) y la cuenta larga (limitado a 1.872.000 días). Este último es el que termina en el 2012 (el 23 de diciembre para ser más exactos, otros indican el 21). Sin embargo, para esta avanzada cultura el cierre numérico del calendario “cuenta larga” implicaba el paso de una etapa de la humanidad a la siguiente. No la oscuridad de los tiempos. Podemos fijar la atención en nuestro propio calendario. El 31 de diciembre de cada año estamos en la obligación de reemplazarlo. Brindamos en la nochebuena y no pocos inventamos rituales que pretenden conjurar una época peor que la anterior. El primero nos levantamos, vamos al trabajo o, si tenemos suerte, nos tiramos de cabeza a unas merecidas vacaciones. Algo de eso albergaba el conteo de los mayas aunque en un contexto mucho más amplio.

Hablemos de Nibiru. En el 2012 un planeta llamado Nibiru, que hasta hace poco no había sido captado por la NASA (y que ahora permanece como información clasificada), porque se hallaba oculto detrás del sol, colapsará con la Tierra destruyéndola. David Morrison, científico y una eminencia en el campo de la astrobiología, escribió un inteligente y didáctico artículo referidos a estos temas. Morrison refuta, entre otros idearios fatalistas, la existencia de Nibiru. Básicamente responde así: si Nibiru existiera ya sería visible. Si la NASA pretendiera ocultarlo, le resultaría imposible puesto que decenas de fanáticos de la astronomía ya lo hubieran detectado con sus telescopios. Pero ¿dónde nace la leyenda de Nibiru? Zecharia Sitchin es un escritor de ciencia ficción que dedicó su obra a historias relacionados con la civilización Sumeria. En varios de sus libros (por ejemplo en “The Twelfth Planet”, 1976), Sitchin dice haber encontrado y traducido documentos que identifican al “planeta”, que orbitaría alrededor del sol cada 3600 años. Nancy Lieder, una autodeclarada psíquica, aseguró en su blog Zetatalk que los habitantes de un planeta cercano a la estrella Zeta Reticuli le advirtieron que la Tierra se encontraba en peligro de colisión con Nibiru. Inicialmente la catástrofe había sido calculada para el 2003 pero como nada ocurrió fue pospuesta para el 2012.

Llegamos a la inversión de los polos. Algunos científicos (o supuestos) aseguran que la Tierra atravesarán un proceso de inversión del polo magnético en el 2012 y que ese mismo año, además, comenzará a girar en reversa. En ambos casos las consecuencias, por supuesto, serán letales. Según explica Morrison en su artículo, que la Tierra gire en reversa es imposible. “Nunca sucedió, nunca sucederá”, escribe. Con respecto al cambio del polo magnético (que acontece en plazos que rondan los 400.000 años), hasta donde los científicos saben no produce ningún efecto entre los seres vivos. De todos modos, es muy improbable que un cambio de este tipo se haga realidad en los próximos milenios.

Y Nostradamus. La teoría del fin del mundo, según el famoso profeta, posee un fundamento misterioso. Se trata de una predicción que forma parte un libro perdido. Como el texto es inhallable, los estudiosos sólo pueden conjeturar acerca de lo que dijo Nostradamus, quien al menos habría indicado una cifra: 21 de diciembre de 2012. Una de las fechas que coinciden con la conclusión del calendario maya.

El periodista Bill Bryson escribió un libro mucho más aterrador que todos estos vaticinios juntos. En su elogiada “Breve historia de casi todo”, explica como los humanos, sin ir demasiado lejos, pisamos un territorio inestable: básicamente fuego, líquido ardiente y masas en movimiento. Lo suficiente para que todo o en parte vuele en millones de pedazos, por ejemplo, ahora mismo.

Publicado originalmente en diario Río Negro

Raúl López presenta su primer libro

Este jueves 7 de abril a las 20,30, en Mal de Amores, presenta su primera novela Raúl López, “Estado Ideal”.

Estaremos allí, participando de este acontecimiento cultural y etílico.
Les adelanto una entrevista que le hice (versión extensa) y que saldrá publicada en Río Negro.

-Tu novela es la narración de un viaje en cierto sentido iniciático. Me gustaría que me cuentes como fue tu propio viaje como escritor hasta llegar a escribir este primer libro.

-Mmm, no creo mucho en eso de lo iniciático, no sé si porque la palabra me suena a esas novelas que están tan de moda ahora, donde todo es iniciático. Quizá esas novelas sean una burda imitación de la bella historia del Buda, no? Yo creo que el mundo es un disparate, que las cosas que suceden y que nos suceden son un gran disparate…digamos un gran disparate de los átomos. Ya no temo decir que creo en las casualidades, y que prestarle atención al más mínimo detalle nos puede deparar un futuro grato o un futuro bochornoso. En mi caso creo que se dio así. Creo que soy un tipo con fortuna. Tuve la fortuna de ser niño cuando no había tecnología como la hay ahora, en aquel entonces nuestra pantalla era el barrio y la mayoría de los juguetes los hacíamos nosotros; una pelota de fútbol nos duraba mucho tiempo y cuando se rompía la mandábamos a arreglar. No quedaba otra, pues entonces, que ser imaginativos. Tuve la suerte también de que en el barrio había varios chicos más o menos de la misma edad, entonces toda esa imaginación se hacía colectiva, era todo el día jugar, crear, imaginar, soñar. La peor pesadilla de esa época era que nos obligaran a dormir la siesta, y digo pesadilla porque era así. Yo siempre digo que la hora de la siesta es de los niños, es el tiempo de los niños. Quedarnos encerrados a esa hora era como estar condenados a algún círculo del Dante (sería el de los siesteros). Un día me castigaron con el encierro en esas horas fatales, mi angustia fue grande al ver a mis amigos jugar en el baldío de enfrente. Esa aburridora tarde roquense intenté escribir un cuento, y creo que lo logré. Puedo decir que empecé escribiendo gracias a la angustia, a una terrible angustia existencial (jajaja) , parecida a la fiebre de un preso. Seguí escribiendo algunas cosas, siempre en silencio. Alguna vez intentamos con fernando Genoud hacer historietas, él ya era un gran dibujante. Fue una gran etapa aquella donde también empezábamos a cultivar el arte de la amistad con todos los pibes. La literatura nace del relato oral y esa idea no murió o no debería morir, también tuve la suerte de poder escuchar a grandes contadores de historias o anécdotas en los asados. Mi viejo contaba unas historias impresionantes, cómicas y con unas tramas muy ricas que quizá, nacían de un simple hecho cotidiano; mi cuñado también era uno de esos contadores orales formidables, a mí me apasionaba escuchar esas historias y, por supuesto, intenté muchas veces llevarlas al papel, no sé, claro, con qué éxito. Bueno, ellos encarnan en cierta forma a aquellos primeros hombres de la historia que comenzaron con la literatura. Luego de grande no sé en qué momento me tomé en serio como escritor, bueno, tampoco sé si me tomé en serio, jajaja, pero sin duda fue en Buenos Aires donde estaba todo el tiempo con los libros y con un grupo de amigos y amigas con el cual disfruté la bohemia más linda de mi vida.

-¿Qué recuerdos tienes y cómo influyó en vos el hecho de pasar un temporada en Europa donde tomaste contacto con distintos sectores de la cultura? Porque fuiste un hombre que conoció tanto la noche como la intelectualidad más exquisitas en el Viejo Mundo y supongo que eso te ha marcado a la hora de escribir.

-Bueno, aquella temporada fue formidable porque llegué con la comodidad de haber ganado un certamen internacional, llegué para pasar un tiempo y terminé trabajando para una fundación cultural que consistía en otorgar premios literarios por todo el mundo, eso me dio la posibilidad de conocer muchos escritores y artistas importantes. Aún recuerdo una exquisita charla que tuve con Bryce Echenique en uno de esos eventos, él había ganado un concurso de novela. Con respecto a los escritores europeos tuve la sensación de que ellos admiran, nosotros quizá no imaginamos cuánto, nuestra literatura. Un amigo italiano, escritor él, me dijo algo que quizá sintetiza esa idea: “ustedes en Latinoamérica tienen todo servido para escribir, tienen ese hermoso y constante caos…” . Bueno, entre risas, yo le dije que cualquier latinoamericano le regalaba ese caos con moño y todo. Pero claro que entendí lo que me quiso decir. Europa, sobre todo los países ricos, desde hace unos cuántos años que tienen todo muy organizado, es increíble como los jóvenes de veintipico piensan mucho en cosas como la jubilación y demás previsiones que quizá no quepan en la pasión o la euforia de un típico joven argentino o latinoamericano, ya sea porque quizá es impropia en esa etapa de la vida o por urgencias económicas o sociales que impiden pensar mucho en el futuro. Nosotros tenemos el caos, otras angustias, otros dolores, es bien cierto, no obstante tenemos recursos, creatividad, la tinta de un latinoamericano corre más ligera y más fresca, más oscuramente fresca. No sé si me marcó a la hora de escribir aquella experiencia, si puedo decir que conocí la nostalgia, y eso que yo no fui exiliado ni mucho menos, me imagino los que habrán ido exiliados. La nostalgia, tan típica de los argentinos, allá sale a flor de piel, el desgarro por momentos se hace intolerable. Uno ve un avión y piensa que ese avión va a la Argentina, un coche, una bicicleta. E indudablemente la nostalgia opera d una manera extraña en nosotros, uno a veces siente nostalgia de aquella nostalgia, no tenemos cura.

-Tu periplo es accidentando y, por seguro, apasionante pizzero, ganador de un concurso literario internacional, dueño de un bar, columnista, enseñás literatura en el secundario. ¿Te definirías como un aventurero, un intelectual, un buscador, una especie de marinero?

-Entre esas opciones me definiría como un buscador, un buscador insensato. Un buscador de sentidos, de explicaciones, aún no he encontrado muchos, no me gusta este mundo que vivimos.

-¿Cual es la frase que más te ha gustado de todas las que has escrito y por qué?

-No sé si he acertado con alguna frase, creería que sí. Borges decía que si un libro tiene una sola línea buena, ese libro estaba justificado, creo que Borges era muy generoso, pero bueno, me conviene afiliarme a esa idea. No se me ocurre una frase, tampoco la diría creo. Prefiero que salga de boca de un lector.

-Sos un narrador oral de historias nato. Uno de esos interlocutores capaces de darle un nuevo giro al pasado, trayéndolo con colores y sonidos remasterizados. ¿Cómo surge en vos el talento de contar historias madrugadas?

-Bueno, me remito a esos cuenteros de los que te hablé en un principio. Quizá sea un mero impostor y me haya copiado de ellos. También depende del interlocutor, si no hay cómplice en él no tiene sentido contar una historia.

-¿Es el vino un disparador de la literatura tanto como el buen whisky o estamos en el territorio de los mitos?

-Mi amigo Paco Menendez dice sabiamente: “mientras haya vino hay esperanzas” jjajaja.

-De paso,¿encarnas vos mismo el mito del escritor insomne y bohemio?

-Bueno, yo creo que si uno fue alguna vez bohemio, no lo deja de ser nunca. Pero ocurre que esa bohemia se va moderando, por lo menos es mi caso. La moderación pasa por una especie de selección, de no compartir esa bohemia con cualquiera, de no perder tiempo, porque la bohemia es básicamente diálogo y tiempo suspendido, no? Con respecto al insomnio, yo nunca lo he sufrido, salvo excepcionalmente porque creo que no hay un solo hombre en la tierra que alguna vez no haya sufrido el insomnio, y por lo general es por un amor desdichado. Mucha culpa del insomnio lo tienen las mujeres.

-¿Dónde está situado hoy Raúl López escritor y persona?

-Hoy mi pasión pasa mucho por la enseñanza. No se puede enseñar literatura, pero si se puede enseñar el amor por la literatura, que quizá sea más importante, Hoy es difícil enseñar, pero a la vez apasionante. Estoy trabajando en la escuela Casaverde, que tiene un proyecto muy interesante en todos los sentidos, donde se le hace un seguimiento minucioso a cada alumno y donde se enseña desde la comprensión de un texto hasta la producción del mismo. La gente que dirige la escuela trabaja muchísimo para que el proyecto se lleve a cabo y es muy grato ver el día a día. Así que todas las mañanas las comparto con todos los adolescentes que tengo de alumnos.

-¿En qué proyecto literario estás trabajando?

-Sigo escribiendo cuentos, que es lo que más me gusta. Tengo un proyecto de literatura y fotografía con un amigo, el que me prologó la novela, que nos tiene entusiasmado, pues se trata de retratar personajes y lugares donde transcurren historias de total ficción. Luego también hay el proyecto de otra novela, pero bueno, vamos a ver si le pereza me lo permite esta vez.

-¿Me cuentas una historia “real”, en pocas palabras, como esas que ya son un clásico de tu repertorio nocturno?

-Te la cuento una noche de estas, ahora es de día.

Carlitos, su momento

 

Carlitos pasa por el mejor momento de su vida. Tiene 70 años y unas lindas pestañas postizas que dan la vuelta al mundo cada vez que sus párpados irrigan la superficie de sus ojos azules.
Ahora está un poco pasado de kilos pero su delgadez no miente: se encuentra en plena forma. Como todo dandy es dueño de su edad. Viste a su aire. Hoy, por ejemplo, calza jeans adornados con ositos de peluche. Arriba una delgada camisa blanca que deja entrever su pecho depilado y suave. Su pecho sin memoria.
Hace 40 años que perdió el pelo pero nadie lo sabe. Sus amigos, sus parientes se han vuelto ciegos ante la obviedad: su calvicie. Por eso aceptaron al principio sus pelucas de pelo natural compradas a precio oro en Buenos Aires. Ensortijadas, castañas y excesivas. Sin embargo, tiempo atrás optó por un modesto gorro de lana blanco. 
Fue muchas cosas o, dicho de un modo más exacto, muchas cosas fueron a través suyo. Empleado estatal en puesto clave (ese que sabe cuándo cobramos). Animador de la cruda noche del fin del mundo. Mujer in progress. Señora y señorita según corresponda. Súper hembra masculina entre los rudos machos en celo. Compañera ideal. Amiga insustituible. 
No imagino un tiempo en que no fuera una loca. Cuando era un adolescente sentía admiración por su carácter tan punk. Tan Cobain. Alguna vez lo defendí frente a los rumores (bien fundados) que indicaban que se prostituía. Pero mi tío era mí tío y a mi me parecía, aun me lo parece, todo un señor. O algo por estilo. Un algo legítimo. 
Hoy su composición facial es una mezcla de Jorge Luz (en el papel de la Porota) y Antonio Gasalla, con detalles propios que Carlitos ha ido elaborando con terquedad.
No está solo en este mundo. Anda bien acompañado por “El Trucha”. Otro bello exponente de la sexualidad cruzada que debe tener treinta y tantos. Sus anillos de oro, ubicados de manera profusa entre sus dedos, sus rulitos claros que le caen imperturbables sobre la frente y su gestualidad teatral, no dejan espacio a la duda: Trucha es gay. “Es travesti”, dice Carlitos, cuando lo que quiere expresar es que Trucha es transformista. Un actor. “Hago la Pantoja, la Durcal, la Jurado”, enumera. “Y lo hace de bien”, agrega Carlitos alargando, para siempre, el “en”. Muero por verlos. A Carlos, dando saltitos entre el público masculino, cervecero y fumador, y al Trucha reencarnado en la Pantoja o Rafaela Carrá. Qué irreprochable locura. Qué fantástica esta fiesta.
“Este me dice travesti ¿por qué me decís travesti?”, pregunta de la manera más inocente posible “El Trucha” pero Carlitos no lo atiende. Su relato ya se expande por el aire recordando-proyectando la noche de hoy: la música al palo y las chicas sobre el pequeño escenario del cabaret.
Es tu momento Carlitos.