“Sigue hambriento, sigue alocado”

Son días difíciles para una de las mentes más brillantes que haya dado el siglo pasado. Este discurso fue pronunciado en la Universidad de Standord, durante una cerememonia de graduación. Steve Jobs, quien recuerda que él sólo pasó unos meses en la universidad y luego siguió otro camino, relata tres historias maravillosas. Son algunas de las palabras más inspiradoras que haya escuchado en mucho tiempo. Hace un par de años lo leí, pero oir su voz, justo ahora, marca la diferencia.

Dos hombres, dos historias profundas

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Steffen Schmidt/European Pressphoto Agency

Uno supone que hay quienes viven por fuera de las reglas de la finitud, la pobreza o la enfermedad. Probablemente porque se los ha visto tanto tiempo en el cielo olímpico que, bueno, resulta imposible imaginárselos en otro ambiente. Pero esta vida extraña se nos muestra irónica y cruel cuando menos lo esperamos. Dos tipos notables atraviesan sus infiernos personales. O sus tormentas.

Evander Holyfield y Steve Jobs son dueños de esas vidas que más temprano que tarde llegan al cine. Ambos a su modo han sido luchadores y una vez que alcanzaron su época de esplendor no dudaron en seguir peleando para perpetuarla.

Apple no sería sin Jobs y el boxeo tendría un gran ausente sin Holyfield. Sin embargo, la fragilidad es una materia en el camino de la vida. Este año Jobs no participará de la famosa Expo que realiza su empresa. Un hecho que está relacionado con su salud. Los comentarios se han hecho fuertes y en cuanto se supo que el genio de las computadoras estaría ausente en el encuentro, las alarmas se encendieron y las acciones, claro, cayeron.

Hace unos años que Jobs superó un cáncer de páncreas y todo indica que el mal está de vuelta. En sus últimas apariciones se lo notó agotado y en el mundo de los negocios dar una buena imagen es clave. Nadie se imagina que una empresa, especialmente una volcada a la creatividad en alta tecnología, pueda competir en un mercado donde la salud, la inteligencia y la sensibilidad para olfatear la posibilidad de nuevos productos, son ingredientes prioritarios.

La desaparición del Jobs del escenario podría ser, más en épocas de crisis, un verdadero problema para Apple.

Como si su vida fuera una prueba del Eterno Retorno, Evander Holyfield, vuelve este sábado a los rings para pelear una vez más por un título del mundo. Y van. El boxeador asegura que ya no lo mueve el dinero sino algo vinculado a su imagen como padre. Lo cierto es que Holyfield tiene 11 hijos y gasta unos 500 mil dólares en mantenerlos. A ellos y sus ex compañeras con los cuales los tuvo. Por sus manos poderosas han pasado ya unos 200 millones de dólares que no alcanzaron para asegurarle un futuro. De manera que el campeón que perdió parte de su oreja luchando contra Mike Tyson, ahora debe volver al ring con 46 años. La plata grande, de todos modos, es también parte de su pasado glorioso.

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Paul Sakuma/AP

Un artículo del legendario campeón de boxeo en The New York Times

Un artículo acerca de Steve Jobs en The Guardian