El ladrón regresa: Robin Hood

“Robin Hood” es la profecía autocumplida de Ridley Scott.
Hace unos años, después de haber cosechado largamente el éxito de “Gladiator”, el director predijo la vuelta de “El Español”, aquel guerrero que antes de morir asesina al emperador Maximus con su propia espada. “No sé cómo vamos a hacer pero va a revivir”, dijo Scott, palabras más, palabras menos. Pues, aquí lo tienen, se llama Robin Hood y vive oculto en lo profundo de un bosque.

La historia del ladrón que roba a los ricos para alimentar a los pobres ha sido presentada muchas veces por el cine. Quizás demasiadas. Los resultados nunca fueron sobresalientes. A lo más, pasables. Ya encarnaron al personaje de dudosa estirpe histórica Sean Connery y Kevin Costner, sólo por mencionar dos estrellas del cine contemporáneo. Son dos esfuerzos malogrados pero, al fin del cuentas, es lo que Hollywood quiso y lo que Hollywood quiere.

Robin Hood se puede enmarcar dentro de una larga lista de nuevas versiones de películas y series que funcionaron en décadas pasadas y que comenzarán a verse a lo largo del 2010.

“Los cazafantasmas”, por ejemplo, tendrán su remake y, a menos que convenzan a Bill Murray de sumarse al elenco, seguramente será otro experimento lamentable. Ya volvió “Fama” que pasó con pena antes que gloria por la pantalla grande.

Volvamos a los orígenes del personaje que son pretéritos. En rigor, nada indica que Robin Hood haya existido. Diversos cantos populares, entre los siglos 12 y 13, lo ubican a la cabeza de un grupo de mercenarios que desquiciaban el cotidiano devenir de los miembros de la aristocracia inglesa. Se dijo de él que era un caballero devenido en justo luchador de los necesitados, un cruzado, o incluso un hombre común que llegó a transformarse en símbolo de su época con una fuerte faceta solidaria. Por llamar de algún modo su vocación por el crimen. La verdad es que su biografía está poblada de supuestos.

Muchos años después de los cánticos laudatorios, Walter Scott y Alejandro Dumas lo incluyeron en sus exitosas obras literarias. Y muchos pero muchos años más tarde alguien encontró documentos que prueban que un fugitivo del siglo 12 vendió sus muebles en York. ¿El nombre de quien figura en dichos papeles? Robin Hood.

Scott, un gran director y un buscador de experiencias adrenalínicas, no hizo demasiado por cambiar el curso del relato principal. No era necesario. Si algo sabe hacer el hombre que filmó “Aliens, el octavo pasajero”, es dejar su huella. De modo que podemos adelantar que todo está en su lugar: Robin roba, corre y lucha. Los malos hacen básicamente lo mismo pero, claro, son malos.

Es el siglo 12 y Sir Robin Longstride, un destacado arquero al servicio de Ricardo Corazón de León, lucha junto a su rey en contra de las tropas francesas. Cuando éste muere, decide volver a su lugar origen: una villa en el norte de Inglaterra. El problema, y sin problema no hay historia, es que el caballero se encuentra con que un sheriff (Matthew Macfadyen) está oprimiendo a la gente del lugar. También descubre el amor en la figura de Lady Marian (Cate Blanchett), una bella mujer que acaba de enviudar. El camino de Robin no es una picardía: convertirse en un paria, habitante de los bosques de Sherwood, empeñado en robar a los explotadores para repartir entre los humildes. Hasta le quedarán unas horas libres destinadas a seducir el noble corazón de la chica medieval de moda.

Russell Crowe ha asegurado ser un verdadero fanático del personaje, un rebelde como él mismo que en la vida real resuelve a las trompadas sus encuentros con los paparazzis, por lo que se pasó casi un año leyendo libros acerca de la leyenda.

Lo cómico del asunto es que mientras leía, se le olvidó que debía bajar los muchos kilos que había aumentado para su anterior película “Red de mentiras” (otra de Scott). Por lo que la filmación fue suspendida y tuvo que adelgazar con la ayuda de un preparador físico de la NBA enviado por la Universal. El actor también practicó cuatro meses tirando con arco y flecha, al punto de acertar en un blanco ubicado a 45 metros de distancia. Como sea, en la película se lo ve bastante gordo.

El filme fue realizado en escenarios naturales. Lugares como Freshwater West, Pembrokeshire, Wales, Ashridge Estate, Little Gaddesden, Bourne Wood, Dovedale, Ashbourne y Derbyshire forman parte de la lista. La película, producida por un estudio norteamericano de Los Ángeles, tendrá un indiscutible sabor anglo aunque su protagonista haya nacido en Nueva Zelanda y la dama en cuestión en Melbourne, Australia. ¿Dónde están los ingleses se pregunta un amante del cine en un foro dedicado a la película? Obvio, dónde.

Otro fan, que había visto un preestreno en Nueva York, asegura que la versión de Scott le había gustado porque le parecía entretenida (¿para qué está el cine sino?, se preguntaba él) pero que “el guión, los personajes, las bromas, las escenas de acción y la cinematografía toda son copias de lo que ya se ha hecho antes”. Sobran los comentarios acerca del comentario.

La lista de “Robins” es tan extensa como disparatada. Cómo olvidar aquel de los estudios Disney’s con Brian Bedford en la voz de un zorro sospechosamente parecido a Robin Hood. O al “Robin de los bosques”, con Errol Flynn. O, tal vez olvidar sería lo mejor en este caso, “El príncipe de los ladrones” con Kevin Costner, y esas flechas que ¿portaban? una minicámara capaz de reflejar su preciso andar.

A Ridley Scott el personaje nunca le entusiasmó. Cuando fue preguntado por cual era su película favorita aseguró que “Las locas aventuras de Robin Hood” (en inglés se llamaba “Hombres en medias”), de Mel Brooks sobretodo por la cómica caracterización de Cary Elwes. ¿Recuerdan el cruce a nado de Robin entre un continente y otro y que al llegar a Inglaterra (donde lo espera un cartel estilo Hollywood) grita “Home! Home!”? ¿Y cuando el joven arquero mantiene una ridícula pelea con el Pequeño Juan que termina con este último en un charco suplicando auxilio? ¿O las coreografías musicales tan cursis? ¿O de cuando él y su grupo le reparten muy femeninas medias verdes a sus futuros secuaces? ¿Si? Pero esa es otra película y para verla habrá que ir a la casa de video más cercana.

En esta, la de los estudios Universal, la del gran Ridley Scott, la protagonizada por una estrella que cobró 20 millones de dólares por poner el cuerpo (y un porcentaje en las ganancias), las cosas se tornan serias. Acá nadie se está riendo. Acá no hay chiste.

Entonces veremos a Crowe gritando sus ganas de libertad como un loco, con el rostro ensangrentado, la espada en alto y acertándole sin mirar con su flecha al ojo de un águila.

Esto sí que es Hollywood.

Publicada en Río Negro

Anuncios

Películas para el fin de semana

 

Asfixia
Aunque trata de mostrarse como una comedia accesible, este filme basado en una novela del, por cierto, nada accesible Chuck Palahniuk, está muy lejos de resultar un pasatiempo. Tiene humor, si, y del bueno, pero al mismo tiempo desarrolla una teoría acerca de las obsesiones que atormentan a la condición humana que a medida que avanza el argumento va volviéndose, efectivamente, asfixiante. En el protagónico, como Víctor Mancini, un enfermo del sexo, ese talentoso actor que es Sam Rockwell y junto a él Anjelica Huston y Kelly Macdonald. Dirigida por Clark Gregg.
Adoration
Un filme que viene con muchos pergaminos y buenas críticas. Lo cual, en ocasiones, no garantiza nada. Adoration es un filme bien construido. Una idea que seguramente corría por ahí desde hace años: un chico cuenta en clases que su padre es un terrorista. El problema es que aunque la trama tiene su efecto, pierde sentido en la medida en que comienza parecerse demasiado a una novela mexicana. O a la vida misma. Y la idea del cine de ficción es ser capaz de separar estos dos hemisferios. Aquí lo que al principio tiene cuotas delirantes admisibles al final se sale de rumbo. La mujer termina siendo la esposa y el hijo el ahijado de. En fin, lo de siempre. Dirigida por Atom Egoyan. Con Arsinée Khanjian.
La carretera
Indefectiblemente esta película nos lleva a pensar en “Leyenda” (aquel filme de vampiros con el rapero devenido actor Will Smith) y en “28 días”, aquella divertida película apocalíptica sobre un mundo poblado de enfermos rabiosos y hambrientos. “La carretera” también relata un planeta despojado en el que ya no queda casi nada. Excepto algunos inocentes y las bandas de terroristas que sólo quieren sobrevivir haciendo sufrir al escaso prójimo que anda suelto por ahí. La película está basada en una novela de Cormac McCarthy (¿recuerdan “No es país para viejos”?). Con la actuación correcta, como siempre, de Viggo Mortensen. Dirigida por John Hillcoat. Al final, deja un extraño sabor en la boca, más parecido al “gusto a poco” que al “gracias estoy satisfecho”.

La era del hierro

 

Un gran negocio y una resurrección. De eso hablamos cuando hablamos de la segunda parte de “Ironman”.
Un gran negocio porque aunque el foco estará puesto por unos meses en la secuela del filme dirigido por Jon Favreau, la verdadera mina de oro queda ubicada un poco más lejos. Se trata de un proyecto ambicioso y millonario del que “Ironman” forma parte como la pieza esencial de un complicado rompecabezas.
Aún no estrenada la continuación (el 30 de abril en el mundo hispano, el 7 de mayo en Estados Unidos) ya se hacen conjeturas acerca de una tercera parte que tardará en llegar. Antes de eso –en el 2012– Marvel Comics tiene pensado dar a luz el primer capítulo de “The Avengers” (“Los Vengadores”), donde reunirá a “gente” como Capitán América, Thor y Hulk (el increíble).
Pero volvamos a “Ironman 2” y a la resurrección definitiva de Robert Downey Jr.
El secreto ha sido revelado: Tony Stark es (y lo disfruta como sólo él sabe hacerlo) Ironman, el nuevo héroe de la sociedad americana.
El gobierno de Estados Unidos, sin embargo, no está demasiado feliz con la noticia. Más aún tomando en cuenta el currículum de rebelde incorregible con que carga. Dentro de cierta lógica vinculada con la seguridad nacional, en una audiencia pública le exigen al genio millonario que entregue los archivos secretos de esta flamante arma. Como es de esperar, Stark se niega: “Es mi propiedad ¡No pueden tenerla! Pero les prometo que trabajaré por la paz mundial”. Y los aplausos del numeroso público presente estallan al unísono.
Rodeado de su habitual glamour, ahora recargado con la gloria sobrehumana que le provee su armadura, Stark no imagina que entre las sombras se gesta una trama devastadora.
Mientras aparece como invitado en shows de televisión (Larry King lo entrevista como es lógico en estos casos) o asiste a exposiciones vinculadas con su excepcional invento y a cócteles varios donde las chicas de turno lo persiguen con los ojos en llamas, el siniestro Ivan Vanko (Mickey Rourke en otro papel a su medida) construye en silencio la pieza de energía maestra que alimentará otra estructura igual de poderosa que la de Stark.
La maldad de Vanko hará olvidar los truculentos planes del ya fallecido Obadiah Stane (Jeff Bridges). Desarrollará su propia versión de la armadura de Stark a la que le sumará dos látigos capaces de seccionar cualquier cosa con la que tomen contacto. Durante el Gran Premio de Montecarlo, del cual Stark participa, Vanko aparece disfrazado de asistente mecánico sólo para revelarse como un feroz contrincante que divide en dos el automóvil del millonario dejando a éste desparramado por el suelo.
Detrás del rostro y los músculos de Vanko se esconde otro enemigo temible. Se trata de Justin Hammer (el talentoso Sam Rockwell), un millonario competidor de la época en que Stark Industrias vendía armas que no puede con su envidia y sus ganas de conquistar el mundo. En el medio estarán como siempre Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) y James “Rhodey” Rhodes (Don Cheadle), dos amigos de fierro para un hombre ídem.
También tendrá su papel en la trama SHIELD, la organización gubernamental (¿o paragubernamental?) encargada de fiscalizar el desarrollo y la aparición de nuevas armas en el mercado. Samuel L. Jackson interpretará a Nick Fury, su director; el buen actor Clark Gregg aparecerá otra vez como el agente Coulson y Scarlett Johansson interpretará a una seductora Natasha Romanoff también llamada Black Widow.
Con el paso de las horas los enemigos de Stark se volverán tan fuertes que al magnate no le quedará otro remedio que compartir su tecnología. Lo hace con su gran amigo “Rhodey”, quien ya la vez anterior se había sentido tentado de meterse en un traje a medio terminar. La batalla final es un típico lujo “made in Hollywood”.
Para cuando “Ironman 2” llegue a la pantalla grande en unos días, Marvel y Paramount habrán gastado alrededor de 100 millones de dólares sólo en promociones. Sin dudas, todos triunfarán: los estudios, Marvel Comics y, por supuesto, Robert Downey Jr., de regreso al paraíso donde viven las superestrellas.

Las razones detrás del Oscar

El hijo pródigo o por qué perdió James Cameron: Debe inferirse que Hollywood castigó este domingo a uno de sus hijos predilectos. Y lo hizo con dureza. James Cameron fue el gran perdedor de la jornada. Su millonario filme perdió la contienda frente a otro de bajo presupuesto, dirigido por Kathryn Bigelow. Mientras su figura de coloso imbatible se hundía en lo profundo de su butaca, Bigelow se convertía en una figura histórica: la primera mujer en ganar el premio a la Mejor Dirección. Ya era hora.
Pero esta ceremonia no fue una representación amable de la guerra de los sexos (aunque tuvo una pizca de ello) sino algo muy distinto. Los Oscar tenían entre manos una compleja discusión que dividía aguas. Cameron ya atravesó las fronteras de lo establecido en procura del éxito. Eso no puede negárselo nadie. El siguiente filme del director tampoco se quedará corto de presupuesto. Sin embargo, su vocación de cambio y experimentación atentan contra el componente actoral, entre otras áreas de la industria. Todo aquello que hace tan increíble a “Avatar” pone en riesgo el protagonismo de una parte del sistema de producción tradicional. Cameron comenzó una tarea que acaso un día se vuelva un mandato. Los alteregos digitales terminarán reclamando un espacio en la pantalla. Se volverán reales ¿Recuerdan la polémica que surgió a partir de “Final Fantasy”? Bueno, Cameron ha zanjado el tópico y ya puede considerarse un pionero en la materia. El otro aspecto, que define su visión como artista y empresario, está relacionado con su debilidad por los efectos especiales que le implican rodearse de diseñadores multimedia y programadores, antes que con técnicos de todo tipo: recreadores de realidades en miniatura (lo usual). Programadores o dioses de un Olimpo en donde ningún encuadre, ángulo, forma o color parecen imposibles. En su compañía, Cameron está llevando al cine hacia un nueva dimensión. Y al tiempo que avanza, abarata costos.

La primera mujer o por qué ganó Kathryn Bigelow
: Kathryn Bigelow tiene el raro honor de ser la directora de un filme de culto: “Punto de quiebre”. Y si el honor es raro, el filme protagonizado por los entonces ascendentes Keanu Reeves y Patrick Swayze, es también un ícono generacional extraño. Cuenta la historia de una suerte de profeta del surf que para financiar su estilo de vida -playas, chicas y alcohol- se dedica a asaltar bancos. La carrera de Bigelow, ha estado marcada por la variedad. Es de las pocas damas de la industria que se ha atrevido a portar armas, cinematográficamente hablando. No ha temido involucrarse en temas masculinos. Con “Vivir al límite” tenía bastante a su favor aunque la taquilla no la había favorecido. “Vivir al límite” es un filme elaborado con talento y altas dosis de tensión (unos chicos locos desactivando bombas en Medio Oriente), un detalle que siempre ha gustado en Hollywood. Su relato, un hecho hasta ahora no planteado acerca del conflicto de Irak, vino a iluminar una zona oscura de la historia militar americana. Bigelow, además, resultó elegida por la industria como la primera mujer, a horas del Día Internacional de la Mujer, en llevarse el Oscar a la Mejor Dirección. Un mérito que tuvo como anécdota subyacente su pasado matrimonio con James Cameron. Su directo competidor. Elementos, todos ellos, como para hacer otro filme interesante.

Un argentino encontrado por Hollywood o por qué ganó “El secreto de sus ojos”
: La industria televisiva y cinematográfica, pero sobretodo la primera, conocen bien a Juan José Campanella. Para más datos, Campanella dirige habitualmente episodios de “La ley y el orden”, la ya clásica serie de televisión americana que posee un récord de temporadas en el aire, y de un súper éxito como “Dr. House”. Mientras agita la varita mágica de la pantalla chica, junta plata y prestigio para dirigir en la grande. Lo ha hecho con suerte y elegancia. Campanella no es un director osado (ni mucho menos un revolucionario) sino un tipo inteligente, dotado de una especial sensibilidad, la cual le ha permitido de leer el gusto colectivo de miles y miles de latinoamericanos. Después de “El hijo de la novia” (nominada a los Oscar en 2002), “El secreto de sus ojos” es un logro de dirección aún mayor. El filme, protagonizado por el gran Ricardo Darín, funciona en varios niveles. Posee la debida cuota de textura latinoamericana, imprescindible para atraer a un jurado extranjero y a un público, ya sea nacional o foráneo, que quiere darse cada tanto una pátina de cine profundo más no soporífero, sin excluir el suspenso y la adrenalina, condimentos propios de la cultura americana. Con tales componentes Campanella hizo un filme ganador.

Publicado en “Río Negro”

El regreso de los fantasmas

En una película ya olvidada, Tom Witzky, electricista, residente de un típico barrio clase media americana, le desliza una frase a su esposa que refleja el sentir de buena parte de la sociedad de ese país.
Decía Witzky, interpretado por el gran Kevin Bacon en un filme llamado “Ecos mortales”: “Pensé que mi vida iba ser, no sé, más interesante, no tan común”. Y el gesto que hace Kevin-Tom, la inflexión de su voz, la sinceridad con que suenan sus palabras, desarma a cualquier espectador. Alcanza para sostener una película mediocre. Poco después de esta confesión a Tom comienzan a sucederle cosas extraordinarias.
En el transcurso de una cena, una amiga lo hipnotiza y producto del trance, este trabajador del radio suburbano que soñaba con ser estrella de rock, se vuelve receptivo a las llamadas de un espíritu que no descansa en paz.
Hace diez años de aquel filme y en el medio pasaron unas cuantas cosas. Entre ellas el 11 de septiembre, las guerras consecuentes, el estado de tensión inalterable y la crisis económica mundial, y sobre todo americana.
Durante la última década Hollywood hizo su propia lectura de la realidad: todo este tiempo el enemigo estuvo afuera. Los filmes de extraterrestres son catalizadores del impulso patriótico en el país del norte.
Un ente foráneo invade fronteras, traspasa seguridades y finalmente sucumbe ante la inteligencia terrícola: la guerra contra el mal, tal como la llamó palabras más, palabras menos George W. Bush tuvo sus metáforas en la pantalla.
No es que los tiempos se hayan vuelto ni prósperos ni demasiado estables. Sin embargo, la recuperación está en marcha. O eso dicen.
Entonces, pasemos a otro tema. A otra película.
En tiempos de paz relativa, el debate interior vuelve a aflorar. Y en ese núcleo duro hecho de psicología profunda, Dios, Satanás y los ángeles de ambos, siempre tienen un guión para deslizar debajo de la puerta.
La vocación religiosa de los Estados Unidos no es una noticia caliente pero la densidad con que ésta se desarrolla tiene un correlato en las encuestas (que la avalan entre jóvenes y adultos) y en la industria del entretenimiento.
A Tom Witzky le había tocado una vida tranquila. Pero su apertura a ese “más allá”, habría de complicarle los días para que su vida no fuese tan normal. Según la industria lo peor ha pasado, ahora sólo queda esperar un cambio climático devastador, que se cumpla una profesía maya (en el 2012 estaremos en condiciones de comprobarla) o que un espíritu invada el hogar dulce hogar de todos los días (la más accesible de las hipótesis catastróficas).
Lo bueno de los espíritus es que siempre están dispuestos a hacer sufrir y sufrir ellos mismos las consecuencias de su relación con los humanos de carne y hueso. Una nueva avalancha de filmes en los que los fenómenos paranormales son protagonistas ha salido disparada de la gran factoría de ilusiones, no sin cosechar éxitos de audiencia.
La misma vieja historia
Uno pensaría que a todos nos gusta que nos cuenten una buena historia más de una vez. Aunque ésta en particular ya comienza a ponerse un poco pesada.
Un individuo común y corriente debe soportar el acoso de un espíritu que busca venganza o al menos cierto grado de reivindicación.
Eterno déjà vu guionístico: el espíritu ha sido víctima de un homicidio. Sólo en los últimos 15 años hemos visto filmes tan pero tan similares los unos a los otros: “Agua turbia” de Walter Salles, con Jennifer Connelly, la mencionada “Ecos mortales”, “Revelaciones” (What Lies Beneath), con Harrison Ford y la más reciente y última de quien dirigiera “El proyecto Blair Witch”, Daniel Myrick, “Miedo al amanecer”. En todas ocurre (exactamente) lo mismo.
El elemento esotérico
No se trata tanto de abulia creativa como de una condición argumental impuesta por la propia sociedad. El elemento esotérico viene a transfigurar lo cotidiano. Sin llamar a la revolución, el espíritu ensalza el devenir. Hace menos soporífero el vacío existencial que establecen horarios, pautas sociales e hipotecas.
“Miedo al amanecer”, de Myrick (que con este filme precisamente no ratifica su proyección como director), se suma a los flamantes “Arrástrame al infierno” de Sam Raimi, en el que eje está puesto en la maldición de una gitana (una idea que ya vimos en “Maleficio” la novela de Stephen King de la que, obvio, se hizo una película) y “Actividad paranormal” de Oren Peli, un verdadero símbolo del cine de terror contemporáneo. El filme de Peli costó miserables 15 mil dólares y se estima que recaudo unos 142 millones de dólares.
¿No les recuerda algo? Si, lo mismo ocurrió con “El proyecto Blair Witch”, y la campaña de “Actividad paranomal”, aunque internet evolucionó bastante desde que “El proyecto” hiciera su sorprendente aparición, utilizó el amplio abanico de recursos que ofrece hoy la net.
La idea de la normalidad puesta en el territorio crudo de una cámara de video ha dado una vez más buenos dividendos. Acaso porque como ningún otro truco cinematográfico éste establece una nexo fluido entre ficción y realidad.
Una parejita de simpáticos americanos se enfrenta a un espíritu que quiere robarse a uno de ellos. Robárselo de modo literal. na cámara de video es testigo de una relación que se va volviendo cada vez más virulenta.
Sin importar cuan conscientes seamos del recurso, la cámara ejerce un efecto depurador. Okay, es mentira pero es una cámara video ¿no?. La misma que se usa para registrar casamientos y cumpleaños ahora puede revelar la presencia de un demonio.
La aparición de personajes supuestamente especializados en estos menesteres y que no desean ser parte del aquelarre, ayuda a que el guión se vuelva aun más creíble. Una vez más la verdad es atravesada por la duda.
Y la realidad siempre es capaz de superar la imaginación. Pocos días después de la muerte de Michael Jackson, una cámara de CNN captó una rara sombra en el interior de Neverland.
El hecho fue comentado ampliamente en el programa de Larry King uno de los de mayor audiencia en los Estados Unidos. Realidad o simple juego de espejos, lo mismo da, lo cierto es que el fantasma como hecho ficcional, como orilla de playa de una verdad profunda, se hizo cuerpo por un segundo.

Robots, chicos malos y condenados

Terminator Salvation

Terminator es una de esas pocas sagas que resiste bien el tiempo y las sagas, claro. Después de un nada prometedor tercer capítulo “Rise of the Machines”, llega esta protagonizada por el gran Christian Bale. Bale le otorga nueva vida al personaje de John Connor. El guión lo ayuda bastante. La historia ahora involucra al legendario líder de la Resistencia y a un robot que curiosamente no sabe que es un androide con un destino marcado. Colosales escenas de acción con increíbles efectos especiales, (algunas de las persecuiones en la autopista refieren directamente a Matrix), buen trabajo actoral y una tensión que no baja un milímetro a lo largo de todo el filme, son los componentes de esta heredera de una tradición cinematográfica que empezó en los 80 con aquel filme dirigido por James Cameron. Los fans además podrán, por fin, ver en acción y en su propio medio ambiente (el futuro apocalítico) a algunos de los viejos modelos de Terminator como el T 600. Dirigida por McG. Con Christian Bale, Sam Worthington y Helena Bonham Carter (en un minúsculo papel), entre otros.

La isla de los condenados

No será ni la primera ni la última “carrera de la muerte” a la que asistamos, gentileza de Hollywood producciones. Al menos no se trata de la peor de todas. En materia de acción el filme contiene algunas horrorosas escenas que podrán disfrutar sólo aquellos adeptos a este cine de lucha libre que cada vez se acerca más al “Gore”. Sin embargo, la película contiene una interesante línea argumental: un magnate que quiere convertir una competencia mortal en un éxito no de televisión (si, no de televisión) sino de internet. Cualquier espectador que pretenda ver las alternativas de “la isla de la perdición” (habitada por 10 desquiciados a quienes se les ha dado allí su única oportunidad de salvación) debará abonar una cifra con su tarjeta de crédito. Luego de esto, que la fiesta del horror comience. Y, les aseguro, si buscan escenas truculentas las encontrarán en abundancia. En el listón siguente tenemos a Rob Zombie (que no es el mejor programa para una mantiné precisamente). Dirigida por Scott Wiper. Con Steve ‘Stone Cold’ Austin, Vinnie Jones, Robert Mammone, entre otros adoradores de la fibra y los aminoácidos.

Sangre fría (The Lost)

Esta es la historia de un chico que usaba latas de cerveza en las botas para parecer más alto. Con esta simpática advertencia da inicio el relato de uno de los personajes más antipáticos de la historia del cine. Con ustedes Ray Pye. El chico es el encargado de un motel americano y desde allí ejerce su cruel reinado. Un día quizo, por ejemplo, probar el vértigo del asesinato y no dudó en usar a dos adolescentes como conejillo de indias. Cuatro años después lo encontramos comodamente instalado en el motel de su madre dedicando sus horas a hacer lo que más le gusta perseguir: jovencitas, drogarse con la mayor cantidad de sustancias que encuentra, someter a sus amigos y obligarlos a traficar, tener sexo con él o simplemente escucharlo hablar sobre cualquier tema. “Sangre fría” es un filme independiente y por muy fuera de lo políticamente correcto y lo establecido. La crueldad de Ray puede sorprenderlos. Esta es la historia de un chico que usaba latas de cerveza en las botas para parecer más alto: quedan advertidos. Dirigida por Chris Sivertson a partir de una novela basada en hechos reales de Jack Ketchum (si, Ketchum). Con Marc Senter, Shay Astar y Alex Frost.

Río Bravo: el western perfecto

Se cumplen 50 años del estreno de “Río Bravo”, dirigida por Howard Hawks. Fue el primero de una trilogía que incluyó “El dorado” y “Río Lojo”, siempre con John Wayne como protagonistas. Para muchos se trata del wester perfecto.

La escena ha quedado subrayada en los libros de historia dedicados a los grandes western. El ayudante del Sheriff, Dude, víctima de una feroz resaca, entra por la puerta vaivén al bar en busca de un fugitivo al que acaba de herir en una persecusión callejera. Su amigo y jefe, John T. Chance, irrumpe desde atrás. ¡Todos quietos, las armas al suelo!. Dude, a pesar de su patético estado, asegura haber visto lo que todos niegan en el lugar. “Nadie ha entrado aquí”, le contestan con sorna. Luego comienzan las bromas pesadas. Recordando la adicción del ayudante, uno de lo parroquianos lanza una moneda a una vasija de metal, una de tantas que ha recogido Dude, en los últimos dos años, con el fin de pagarse un trago de whisky. El tiempo parece haberse detenido en el sitio incorrecto. El ayudante está a punto de quebrarse. Contrariado se acerca a la barra en la que descubre un vaso de cerveza sobre el cual ha caído una gota de sangre. “Después de todo si voy a tomarme ese trago”, le indica al cantinero y antes de que este pueda terminar de servirle, Dude gira con elegancia y velocidad y dispara certero hacia el cielo raso. Un único ¡Bang! y el fugitivo se desploma sin remedio. La conocida secuencia forma parte, por supuesto, de “Río Bravo” (1959), la primera película de la trilogía de Howard Hawks que se completa con “El Dorado” y “Río Rojo”. Cada una de ellas mantiene un mismo patrón de persanajes pero “Río Bravo” fue la primera. Y la mejor. Todo lo que se le pueda exigir a un buen western está allí. Más aun. Porque Hawks tuvo la inteligencia de sumarle elementos populares de un modo estratégico. El director apuntaló la figura emblemática de John Wayne con dos estrellas de la canción, el archiconocido Dean Martin (Dude) y el, por entonces, ídolo juvenil Ricky Nelson (“Colorado”). La trama posee un equilibrio notable entre la acción, el romance y una visión muy americana referente a los lazos afectivos que unen a los amigos. Básicamente: un malandra, hermano de un rico hacendado llamado Joe Burdette (Claude Akins), mata a un vaquero indefenso. Chace no duda en ponerlo en prisión, sin embargo, Burdette y sus muchos secuaces tiene otros planes. Sacar al pillo de las rejas por las buenas o por las malas, el primero. A partir de entonces, Chance se ve en la disyuntiva de entregar al malo del filme y ahorrarse problemas o de resistir hasta que llegue un juez con el apoyo de sus ayudantes: el borracho Dude (a quien los mexicanos llaman “borrachón” desde que se embriaga porque una mujer lo abandonó) y Stumpy (Walter Brennan), un abuelo cascarrabias, muy cómico, que no ve un burro a dos pasos y tiene problemas en una pierna. Con el paso de las horas, Chance encuentra apoyo en un nutrido y variopinto grupo de personajes, junto a los cuales, como es de esperar, finalmente triunfa. Es el turno de la bella Feathers (Angie Dickinson) y del autosuficiente “ Colorado Ryan” (Ricky Nelson). También están el dueño de un hotel (Pedro Gonzalez-Gonzalez) y su bonita esposa (Estelita Rodriguez). En “Río Bravo” los fanáticos del género tienen la posiblidad de ver a John Wayne en uno de sus mejores momentos actorales, ubicado en la edad justa para encarnar a un personaje cansado aunque sabio y listo tanto para amar como para luchar. Se lo nota realmente ágil en una serie de escenas en las que debe poner el cuerpo. El filme de Hawks fue estructurado como una sucesión de momentos de distinta intensidad que semejan el riel de una montaña rusa. Comienza en el absoluto silencio, puesto que durante toda la primera escena, en la que Dude entra a un bar poco menos que rogando por una moneda y que concluye con el disparo del hermano de Burdette a quemaropa, no se emite una sóla palabra. En contraposición, el filme termina con explosiones de dinamita y maleantes corriendo de un lado al otro. En el medio, están las bellas piernas de Angie Dickinson (alguna vez elegidas como las mejores del mundo), las risas descontroladas de Stumpy y las canciones de Dean y Ricky, una de ellas titulada: “My Rifle, My Pony, and Me”. No sería exagerado decir que estamos en presencia del western perfecto.

El Dorado y Río Lobo

Además de una gran película, “Río Bravo”, fue un buen negocio. Llegó a recaudar 5,5 millones de dólares. Es también uno de los fundamentos para que Howard Hawks filmara una segunda y hasta una tercera versión. Sin embargo, “El Dorado”, la segunda de la trilogía, se filmó recién en 1967. Su parecido con su antecesora es notable, al punto que sólo podemos entenderla como una remake. Una vez más John Wayne se rodea de un grupo de extraños personajes que lo ayudan a triunfar sobre los malos de turno. En esta oportunidad, Wayne comparte cartel con Robert Mitchum y un joven James Caan. En 1970, Hawks filmó “Río Lobo”, con un Wayne mucho más curtido. Acompañado por Christopher Mitchum (hijo de Robert), Jorge Rivero y Jennifer O ‘Neill, la misión vuelve a ser la misma aunque la caídas duelen más.