Tu nombre en la proa

 

Como un regalo inmerecido, llega el viento a tu rostro y te invita a seguir. No sabes hacia dónde pero el sur espera. El final de los tiempos tiene la mesa servida. Hay un fajo de billetes en tus pantalones rotos. Buenas ideas dando vueltas por ahí. La vida llama. No me quiero ir sin darte las buenas noches. Sabor a tabaco. La tensión en los músculos. Viajar es perder el rumbo. Y escribir poemas se parece a buscar tesoros ocultos. Este barco tiene dibujado tu nombre y tus ojos en la proa.
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Extrañas la nieve

 

De pronto te quedas sin palabras.
En el medio del ruido mayor.
Y no hay novelas señaladas por las migas de pan, no hay poemas rotos, no hay cartas secretas, no hay diálogos telefónicos que ayuden.
Con las manos en los bolsillos avanzas a través de los días fríos.
La piel que fue ya no sería suficiente ahora.
Las voces que te animaron, los besos que fueron promesas incumplidas. No alcanzarían.
Extrañas la nieve. 
Los cielos azules y la vertiginosa sensación de crear un sol.
Extrañas perderte. 
Pero no haces nada al respecto. 
Esperando quién sabe qué milagros. 
Quién sabe qué nuevas canciones.

Es (o no es)

 

Es un beso.
Un cachetazo.
Es una canción al oído.
Un parque de diversiones con enormes parlantes rotos.
Es un río entre montañas.
Un mensaje por celular.
Es una carta en papel virgen.
Sólo sexo.
Es una tormenta inesperada.
La razón.
Es la total y maravillosa incoherencia.
Es una canción de cuna.
Es White Stripes.
Es tu mirada en la noche.
Es la noche.
Es rajarse.
Es quedar.
Es un restaurante japonés.
Es comida saliendo desde la tierra.
Es un riff.
Es una palabra escrita con los dedos.
Es mañana.
Es nunca. 
Es que ese sueño es mío y no lo comparto con nadie.
Es que me voy.
Pero vengo. 
Pero vuelvo.
Pero me voy.
Maldición, pero vuelvo.
Es levitar.
Es caerse narices.
Es prender.
Es apagar.
Es el fuego.
Es el agua del mar sobre tu piel.
Es la pura verdad.
Y miento.
Y cuando ya no quiero continuar me reinvento.

Cambiando el mundo

 

Hay que cambiar el mundo, me dijo ella. 
Voy a cambiarlo, puntualizó.
¿vienes conmigo?, me propuso.
Y yo que estaba perdido por sus ojos, por su piel y sus formas curvas, me sumé.
Recorrimos las casas del pueblo a la búsqueda de vacías botellas de vidrio que luego mandaríamos a…no tengo idea.
A las afueras, donde comienza la estepa y la nada, recolectamos bolsas de plástico.
Limpiamos la costa de pañales. Las calles de cigarrillos apagados.
En un bote tratamos de comunicarnos con las ballenas para advertirles que no confiaran en japoneses, islandeses ni noruegos.
Un día se me ocurrió decir, como al pasar, que me gustaría tener un hijo.
¿Un hijo?, preguntó, exclamó y se azoró.
Si el mundo ya esta lleno de gente y no hay alimento para todos ni espacio suficiente, fundamentó.
Aquí hay mucho, la contradije yo, y abrí mis brazos patagónicos que pretendía abarcar lo inmenso.
En mi país no, dijo y cerró. Ella era suiza o galesa, no recuerdo bien.
A la mañana siguiente se fue, a Africa o el caribé, no lo sé.
Y yo me quedé solo.
Pensando en cosas que jamás iban a pasar.
Pensando en que el mundo es una mierda.
Y en que me importan un pepino las ballenas, los pañales y los cigarrillos a medio terminar. 

Palabras de siempre

 

Mi estimada amiga y poeta Ana Yalour anda con ganas de publicar un nuevo libro donde se entreveren sus poemas con los míos. Lo hizo hace unos años en un ejemplar que llamó (y el nombre me encanta) “Así de una”.
Su idea, me cuenta en un mail, es hacer una versión digital que tendrá también su pata en el papel. No lo imagino aunque estoy seguro de que me gustará.
Me anunció su propósito justo en la semana en que Apple llegó al millón de Tablets vendidas en Estado Unidos. Espero que un día nuestros poemas, y los de muchos otros, tengan también un espacio en la pantalla de Steve Job.
Lo digo con alegría porque aunque entiendo que cambiarán los soportes (sucesivas tablets se reemplazarán unas a otras), las palabras, los códigos a través de los cuales expresamos lo inexpresable, persistirán en su intento.
Por lo general, no me siento inspirado a escribir otra cosa que no sean poemas de amor. Como si fueran cartas que diseño, perfumo y luego firmo pensando en alguien o en nadie en especial. Pero incluso en un formato multimedia las palabras de amor seguirán diciendo lo mismo. Mantendrán su delicada autonomía. Infieles a sí mismas.
Están destinados los poemas del género a provocar la inquietud de un tercero y eso continuará. Demás está decir que muchos terminarán por ahí, en el buzón, en la papelera, pero algunos serán conservados como un lindo regalo. Un obsequio que sólo es capaz de hacerse el corazón abierto.
De modo que el nuevo libro en coautoría con Yalour (quien me ofrece este raro privilegio y nunca dejo de agradecérselo) destilará, en sus versiones multimedia y papel, perfume y románticas intenciones.
Encontrarán entre los versos herramientas como “piel”, “deseo”, “estrellas” y “cielo”. Palabras antiguas enmarcadas en un sistema flamante o tradicional. Palabras que recorrieron un largo y sinuoso camino en procura de convertirse en perfectos emisarios de los sentimientos. Capaces de sonar, de albergar y de definir aquello que guardamos en un rincón del espíritu.
Uno de los poemas que formarán parte del libro aun sin nombre es este:
“Porque no hay escritos sobre nosotros
Porque no tenemos una canción
Porque no somos dueños del destino
Porque hemos inaugurado algo
Porque un beso descubre secretos
Porque sobre el cristal mojado
puedes dibujar el mapa del amor
Porque no te escondes detrás de una careta cuando deseas
Porque no mientes si te entregas
Porque empezamos de cero
Porque somos milenarios
Porque la canción del tiempo nos pertenece
y siendo la misma, es diferente
Porque nos prometimos estrellas
Porque vamos
Porque volvemos pisando sobre la nieve
Porque el espacio es una metáfora
del corazón.”

No sé que hay

 

No sé que hay
pero quién sabe
la canción que llevas en tu bolsillo
un beso que quedará entre tus mejores recuerdos
tu proyección hacia el infinito
la noche en que conociste las estrellas
el perfecto silencio de la piel
el libro que te acompañó durante el viaje
detalles, granos de arena
que vas coleccionando
No sé que hay
dímelo vos
dime como sigue
dime porqué somos búsqueda y estilo
borrón y cuenta nueva
pasado en eterno presente
la calle más larga hacia un desesperante futuro
dime vos
que tienes el don
yo apenas si puedo hacer conjeturas
dibujos sobre la arena
palabras sueltas
que juegan a ser mariposas.