Fiesta de sábado de noche

Me imagino que la pregunta tiene cierta lógica, más tomando en cuenta el tamaño de los acontecimientos. “¿Por qué lo hacés?”, me han dicho. Y, la verdad, es que hasta ahora no había sabido qué contestar. Además, la pregunta correcta sería: “¿Por qué lo hacen?”, puesto que somos varios; yo diría que un montón.

Por qué organizamos un encuentro de jazz en Chile -literalmente-, en el fin del mundo, hace un par de veranos. Por qué hicimos otro en noviembre en Roca, en el que participaron alrededor 15 músicos y otras tantas personas en el papel de técnicos, asistentes y colaboradores. Y por qué, junto con el grupo original de soñadores, compuesto por Andrés Fuhr y Julieta Lacunza, más Valeria Maida en coordinación y Andrés Stefani en video e internet y una troup de 20 músicos, estamos embarcados en ampliar la experiencia y hacerla más arriesgada aún. Como les decía, no tenía una respuesta para esto. Pero la hay: para hacer historia. O, mejor dicho, hacer historias que le den sentido a la vida.

Este sábado redoblaremos la apuesta que inauguramos con “El Valle de los músicos”. Trasladaremos el espectáculo a una hermosa plaza de Roca, la del ex Patronato, en la esquina de Buenos Aires y Rohde. Sobre un pequeño escenario y al aire libre daremos inicio, a partir de las 21, a la segunda parte de esta idea: homenajear a través de un concierto a algunos de los más destacados músicos que ha dado esta región. Además del diario “Río Negro”, nos acompañan la Dirección de Cultura del Municipio de Roca, a cargo de Ricardo La Sala, y una extensa lista de emprendedores. Un hecho que nos ha impulsado a abrir el abanico de manifestaciones artísticas. Aunque la música -tres orquestas de jazz en clave salsera, de modo que lleven zapatillas y hagan espacio- comienza a las 21, ya desde las 17 quienes se acerquen a la plaza podrán disfrutar de muy diversas propuestas. Estarán exponiendo Clibia (Melba Romero, corte y confección, y Melina Tocce, dibujos de las estampas y un poco de tijeras y costuras), Interfaz (serigrafías de Guillermo Tocce), Me vistes (Mili Vallori), Muñeca Freak (Gisela Romero y Paula Sabatella), Prego arte en objetos (Eugenia Prego), Nonchino (Florencia Toledo), Minimademalis (hermanos Martínez), Las Nanas de Florencia Ghirardelli y Reina Margarita de Victoria O´Really. Este divertido rompecabezas se completa con la participación de una serie de conocidos bares y cervecerías artesanales que tendrán instaladas sus barras en el lugar.

Luego, la música. Andrés Fuhr imaginó tres orquestas: una de jazz propiamente dicho, otra de latin jazz y salsa y otra de percusión. Los artistas que integrarán las formaciones serán: pianos, Cuqui Amntein y Pepe Lusardi; saxos, Mario Silveri, Víctor Valdebenito, Pablo de la Fuente y Fabio Balbarrey; trompetas, Amadeo Banaiuto y Juampi Bergese; guitarra, Rafo Grin; percusión, Mario Giménez, Pablo Venegas, Ernesto Pugni, Mauricio Costanzo y Charly Salas; contrabajo, Andrés Fuhr y Víctor Valdebenito y vocal, Fabio Balbarrey. Dicho esto, resulta claro que la pregunta debe ser extensiva a todos los artistas de un gran espectro que han puesto su nombre y su trabajo para darle vida a “El Valle de los músicos II”. ¿Por qué lo hacen? Me permito la osadía de responder: porque es divertido. Pero sobre todo porque de este particular modo nos sentimos capaces de alentar un mundo mejor. Sí, aunque suene cursi. Pero cuando un proyecto en el que has puesto el alma funciona y provoca la alegría tanto tuya como la de los demás pues, estás dibujando con tu propio pincel sobre el lienzo de la existencia. Y no es poco. Aquí es donde corresponde sumar: hagamos esto juntos. Los esperamos con el corazón y los brazos abiertos.

World War 24

Otra canción de Ryam Adams que me gustó mucho. Les dejo la traducción.

World War 24

Muñeca de porcelana
Tu madre tiene una tienda de antigüedades
Ella se lleva algunas cosas, y yo un montón
Dormimos todo el día
Respuesta lenta:
“Me siento como si fuera un pensamiento tardío”
Alguien que se ha perdido en el espacio
Y Londres está bien
Ella ya ni siquiera pregunta qué hora es
Vestida como para la 24 Guerra Mundial

Dulce azúcar
Le encanta golpear sus dientes
El río esconde el carrusel
En Londres, oh, todo bien
El coma viene
Como balas saliendo de una pistola de caramelo
Nos entrega al sol
De Londres, mi amor
Ella ya ni siquiera pregunta que hora es
Vestida como para la 24 Guerra Mundial

Y si vamos muy alto
Vamos a quemar esta ciudad
Vamos a quemar esta ciudad
Vamos a quemar esta ciudad
Oh, nena, tráeme de regreso
Oh, nena, tráeme de regreso
Oh, nena, tráeme de regreso
Soy todo tuyo
Soy todo tuyo
Soy todo tuyo

La verdadera historia de Frankenstein y Drácula

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(El Frankenstein de Mary Shelley, tenía el pelo largo y citaba a Plutarco. El Drácula de Bram Stoker estaba obsesionado por dejar Transilvania y vivir en la gran ciudad: Londres)

De los clásicos presuponemos todo. O casi todo. Pero lo que realmente sabemos muchas veces nos viene de oídas, de saberes populares y de películas. Sacando a los amantes de la literatura, eruditos que llegaron al final de enciclopedias como “La guerra y la Paz” o “En busca del tiempo perdido”, los demás nos las hemos arreglados con fragmentos del basto universo ficcional. No mencionaré aquí el Cannon de occidente. Desconozco porqué pero clásico me sabe a terror. A Drácula. A Frankestein.
Muchos años antes de adentrarme en la magna obra de Bram Stoker, me dejé tentar por la excelente y perturbadora novela de Anne Rice Entrevista con el vampiro.  No fue en vano. Y a su modo la lectura del primer libro de la saga de atormentados chupasangres me sirvió de antídoto cuando hube de exponerme a su versión cinematográfica. Poco y nada de la oscura creación de Rice quedó graficado en el filme de Neil Jordan. Todo lo que Jordan insinúa, Rice lo desarrolla en su obra de un modo apabullante. La eternidad como auténtico enigma a resolver por los condenados a la sed.
Con las otras dos grandes novelas de terror de todos los tiempos: Drácula y Frankenstein, la experiencia fue distinta. Ambas estaban ahí, dando vueltas desde tiempos inmemoriales. Dibujadas a grandes trazos. Historias pendiendo de un imaginario hilo que conducía debilmente a la fuente original. La aparición del filme de Francis Ford Coppola, en teoría una revindicación de la obra de Stoker, en el fondo no hizo más que reafirmar aquello que se decía del personaje pero que estaba muy lejos de lo que el escritor había imaginado para él.
No importa lo que diga o haya dicho la publicidad oficial del filme de Coppola, el guión no sigue ni de cerca el largumento del libro de Stoker. En la novela, los verdaderos héroes son los perseguidores del vampiro, entretanto que el adinerado Conde, es reducido a una bestia hambrienta que vive y muere nostálgica de una ciudad que no conoce: Londres. Aunque hay una joven de por medio, y aunque esta es bonita y agraciada, el Conde está mucho más interesado en cambiar su oscuro castillo en Transilvania por una urbe cosmopolita, antes que por el cuello de la dama.
Con Frankenstein ocurre algo similar. La novela de Mary Shelley, llamada “Frankenstein o el moderno Prometeo”, difiere y mucho de la versión que llegó hasta nosotros. Irónicamente, también el filme de Kenneth Branagh, fue promocionado como “la película del libro”.
La creatura sin nombre, a quien Víctor Frankenstein le heredó su apellido, pero que durante gran parte del libro éste sólo llama demonio, monstruo o cosas peores, muestra dosis de compasión para con los demás al comienzo del filme para después revelarse como un auténtico y colosal hijo de perra. Un energúmeno que pudiendo ser grandioso siente tal desconsuelo por sí mismo y su fealdad, que prefiere dedicarse a ejercer el mal de la manera más cobarde posible. Víctor Frankenstein tampoco sale muy bien parado. A pesar de su condición de hombre de ciencias y apasionado hijo y amante, su caracter deja mucho que desear. Curiosamente en el mismo minuto en que consigue su propósito: darle vida a la carne, huye despavorido de su logro. Un hecho no menor que terminaría condenándolo.
Que ninguna de estas incómodas alteraciones se encuentre en las películas debería servir como aliciente para adentrarse en su génesis.

The Sartorialist: elogio de la libertad en la ropa

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 Scott Schuman es una caso extraño dentro del universo de la moda. Primero pasó por varias y respetadas cadenas de venta de ropa, hasta que decidió dejar su trabajo y dedicarse por completo a sus hijas y a la fotografía. Por supuesto que su ojo, esa innata capacidad para detectar donde se gesta un estilo, le resultó un gran aliado en el segundo de sus proyectos, que terminó alimentando la economía familiar. Por lo que podemos inferir que Shuman es un hombre exitoso.

Comenzó a sacar fotografías en la calle y a pensar en un medio donde publicarlas. Ni que hablar, el blog estaba ahí, servido en bandeja. La suma de los elementos fue casi una obviedad.

En 2005 inauguró un blog que a lo largo de los años no ha diferido mucho ni en sus propósitos ni en su diseño: simple, directo y efectivo. Fotografías de los más diversos e inesperados modelos o no-modelos, más algún que otro comentario al pasar, completan y le dan vida a uno de los mejores blogs de moda del mundo: http://thesartorialist.blogspot.com

Cada uno de sus posteos ha sido, se nota, cuidadosa, inteligente y obsesivamente seleccionado. Y la consecuencia de tantos desvelos es la adicción por parte de sus seguidores. Una vez que has entrado al reinado de Schuman, ya no puedes salir. Tu mirada se vuelve una mirada cautiva.

Una fotografía lleva a la otra, tanto como un mes al otro y un día al siguiente. Porque cada 24 horas Scott sube nuevas imágenes de gente vestida como nunca has visto o que simplemente no te has tomado la molestia de ver.

Personas, personajes, jóvenes, adultos, mayores, envueltos en fantásticas, extrañas y maravillosas telas, que a su vez disparan cientos, miles de estilos posibles son retratadas por la cámara de este hombre de la moda.

Tiempo atrás definió su trabajo en The Sartorialist: “Es una celebración de los estilos personales. No siempre son los que me gustan personalmente, pero soy capaz de ver estilos fantásticos en lugares muy diferentes. A menudo estoy preparado para hacer la foto de un detalle o una combinación que me gusta. En cuanto a lo que caracteriza a mi blog: creo que es importante distinguir que mi blog está dedicado a la moda, no a la moda de calle aunque las imágenes sean tomadas principalmente allí”.

Al principio de su autobiografía publicada en el blog, y esto tal vez nos ayude a entender mejor de qué trata The Sartorialist, el fotógrafo y editor de moda cuenta: “Comencé The Sartorialist simplemente para compartir fotografias acerca de personas que veía en las calles de Nueva York y que a mi me parecía que lucían geniales. Cuando trabajaba en la industria de la moda (hace 15 años), siempre sentía que había una desconexión entre lo que yo estaba vendiendo y lo que veía en las personas (personas realmente cool) usando en la vida real”.

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Hace unos días Jennie Yabroff, de “Newsweek”, incluyó a Schuman en un escenario más amplio:

“Schuman es parte de un creciente grupo de bloggers dedicados a postear fotografías que muestran como visten las personas reales a lo largo y ancho del mundo. Estos bloggers dicen que sus sitios

(Street Peeper, Last Night’s Party, Fashionista and Stylesight, por nombrar algunos) están tanto creando como respondiendo al interés por la moda que se usa en la calle”.

La experiencia de disfrutar o ingresar al club de The sartorialist no es gratuita. No es casual. Desde hace unos días pierdo más tiempo mirando mis humildes combinaciones en el espejo. Me dejo caer con mayor habitualidad por lugares donde descubro ofertas. Me concentro. Pienso en formas. Pienso en colores. Y uno de los detonantes de todo esto es la certeza de que las fotografías que vienen inspirando mi afiebrada mente, han visto la luz en sitios públicos como calles, plazas y cafés de cualquier lugar del mundo. Estilos que ahora he heredado pero que no nacieron en una pasarela sino en la cabeza de otros como yo, como tantos, que disfrutan sentirse libres también en sus ropajes.

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Golden Boys

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Hernán Iglesias Illia es periodista. Ha escrito para medios como “The Wall Street Journal”, “El País” y la revista “Gatopardo”, entre otros. Tiempo atrás, no mucho, escribió un libro que ahora resulta imprescindible para entender factores emocionales a la vez que claves, del fenómeno bursátil y de todo lo que ha venido pasando en los últimos meses en los mercados financieros: “Golden Boys” o la crónica de los traders argentinos en Wall Street. Conversé con él.

-Con la crisis declarada en el mundo entero, ¿cómo crees que será a partir de ahora el comportamiento bursátil de los operadores? Me refiero a si los ves con los ánimos más moderados, tomando en cuenta los tiempos que corren, o seguirán con ese espíritu adrenalínico que los ha caracterizado.

-Los operadores están ahora con el rabo entre las patas, un poco confundidos por todo lo que ha pasado y también doloridos, porque la mayoría ha perdido muchísimo dinero y sus bonos de fines de año, pagados hace un par de semanas, desaparecieron o bajaron un 50% o 70%. Entonces todavía no han encontrado un estado de ánimo para la nueva etapa. Esta semana apostaron a que el nuevo plan del gobierno de Obama les iba a dar un impulso a las acciones del Dow Jones, pero el plan fue ambiguo, su presentación fue poco enérgica y los operadores volvieron a deprimirse.

-¿Crees que existe una verdadera relación entre el juego de la Bolsa y el interés de sus protagonistas por el momento económico de un país o, mejor dicho, existe una conciencia económica y social por parte de quienes intervienen en el mercado bursátil como operadores o inversores?

-En Estados Unidos es muy popular la idea de que cuando al índice Dow Jones le va bien le está yendo bien al país. Tiene sentido: si el precio de las acciones sube es porque las grandes empresas están ganando dinero, empleando más gente, contratando más proveedores, pagando más impuestos. Pero hay quienes dicen que esta relación se ha convertido en una obsesión y que muchas personas analizan la marcha de la economía “sólo” mirando el índice bursátil. Esta semana, Obama parece haberse apartado de ese camino: cuando le preguntaron por la mala respuesta de los mercados a su plan, dijo: “A veces a los operadores les lleva un tiempo entender las medidas”. O sea, que su objetivo principal no ha sido seducir a la Bolsa. Con respecto a la segunda parte de la pregunta, la respuesta es no: en un mercado competitivo e instantáneo como el de la Bolsa de Nueva York, no hay espacio para pensar en qué podría ser mejor para la economía. Las millones de interacciones diarias emiten un solo mensaje al final del día, pero es uno en el que cada uno de los participantes tiene una influencia mínima.

-¿Provocará la crisis un cambio obligado en las culturas bursátiles y de capitales de riesgo, o luego de pasado el susto se volverá a las tradicionales prácticas algunas de ellas paroxísticas?

-Habrá un cambio si cambia la regulación. Dos puntos fundamentales para ponerles riendas a los operadores están, supuestamente, en estudio por el gobierno estadounidense. Uno es limitar el “apalancamiento”, es decir, la cantidad de plata prestada que uno puede tomar para hacer una inversión. Muchos inversores, en el pasado, invertían 10 pesos propios y pedían otros 90 para comprar bonos o acciones y multiplicar por nueve sus ganancias. El problema era que así también, cuando explotó la burbuja y el paisaje cambió, multiplicaron sus pérdidas. El otro punto es modificar la forma de pagarles a los operadores de los bancos. Hasta ahora, había demasiados incentivos para que estos tipos tomaran decisiones arriesgadas: si les salía bien, a fin de año recibían un cheque gordo de varios ceros. Si, un año después, la apuesta salía mal, el banco quedaba desnudo, pero el operador ya tiene el cheque en su casa. Habría que diseñar, junto con los bancos, esquemas de compensación que den responsabilidades de más largo plazo y que pongan en los operadores un chip que los haga sentirse parte del lugar donde trabajan y del sistema que les da de comer.

-Me imagino que escribiendo tu libro “Golden Boys” debes haberte cruzado con algunos Gordon Gekko, ¿o esa figura es tan solo un ícono de la factoría de Hollywood?

-Es una figura más ochentosa que actual. En los ´80, cuando todavía no había demasiada tecnología ni información, muchos operadores se sentían “machos” por tomar decisiones a oscuras y por ganar. Los de ahora son más matemáticos, más “nerds”. Pero igual siguen siendo tipos con mucha autoestima y que necesitan sentirse importantes o talentosos, porque no es posible meter u$s 50 millones en una apuesta si uno no cree que está haciendo algo que nadie más está haciendo.

-¿Podrías contarme la Bolsa como si fuera un cuento para chicos?

-En los países normales (no en Argentina, donde la Bolsa es raquítica), las empresas medianas que quieren crecer venden una parte de sus acciones al público, es decir, en la Bolsa. Esas acciones se venden y se compran todos los días en el mercado donde está radicada la empresa. Si a la empresa le va bien, el precio de la acción sube, porque los operadores creen que tendrá mayores ganancias y, también, mayores dividendos, que son la parte de las ganancias que las empresas reparten una vez por año entre sus accionistas. Si a la empresa le va mal (y todo el mundo lo sabe, porque una de las desventajas de salir a Bolsa es la obligación de publicar reportes constantes), el precio baja.

-¿Qué visión tienes de los Estados Unidos hoy como economía y como cultura?

-Es una pregunta un poco larga de responder, pero mi visión de Estados Unidos es en general positiva. Queda raro decirlo en un país (Argentina) que, según las encuestas, es uno de los dos o tres con peor opinión de Estados Unidos en todo el mundo. Pero son cosas pequeñas y grandes, costumbres diarias de la gente y formas de organización de uno con respecto al Estado y la sociedad, en las que con el tiempo me he sentido cómodo y he aprendido a admirar.

-¿Podrías adelantarnos en qué libro estás trabajando ahora luego de hacer uno como Golden Boys?

-Estoy escribiendo un libro sobre Miami, que se publicará a mediados o fines de este año. Es un libro sobre la latinización de Miami y sobre cómo la ciudad, que hace 20 años estaba en decadencia y parecía a punto de explotar, se ha recuperado y convertido -gracias, en buena medida, al aporte de los latinos, cubanos y no cubanos- en una ciudad global.

Publicada originalmente en diario “Río Negro”

Aventurarse

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No es sólo es hecho de viajar y marcar en tu mapa un punto extremo. No es todo lo que viste sino lo que sentiste cuando haces una especie de inesperado balance.

Aventurarse es vivir. Es tanto ver un paisaje alucinado como probar un sabor. O todo eso. O más.

Si me preguntan por el día perfecto. Será uno en que haya caminado un largo rato o quizás montado a caballo. Ya en el regreso (en mi casa o el hotel) y con el cuerpo  recién pasado por la ducha, esperaré leyendo mientras el aroma de la cena atraviesa el aire.

Vino, pescado una charla amable. Y las fotografías de lo que ahora es parte de mi memoria.

¿Cómo se hace un salmón?

No hay una forma de una forma de hacerlo sino muchas. De modo que referiré a una entre tantas. Cómo preparar un salmón, a eso iba. Tomas un trozo de salmón, si es rosado, mejor, y lo sometes a un leve pero sustancial baño de limón, sal y aceite de oliva. Lo dejas en esta sustancia por un rato. ¿Cuánto?. El que te demores en cortar en pequeños trozos: tomates, pepinos, ajíes y ajos. Luego ubicas el trozo de salmón en papel metálico y le sumas los trozos recientemente cortados. Cierras el papel y lo pones al horno por un espacio de 15 a 20 minutos. Luego, disfrutas.

Así lo hago habitualmente para mis amigos y no he recibido quejas.

Cortazar: pensando en “La noche boca arriba”

Mucho antes de que M. Night Shyamalan comenzara a jugar el juego narrativo de las dimensiones paralelas que se cruzan, Julio Cortazar ya había desarrollado el concepto.
“La noche boca arriba” no sólo es un relato exquisito es también una demostración de alta magia literaria. Para Cortazar como para la literatura latinoamericana representa el nacimiento de un espacio creativo de fronteras difusas pero, sin duda alguna, digno de explorar por quienes vendrían después.
Ficción más allá de la ficción. Ficción sin extraterrestres. Sin naves espaciales. Sin máscaras. Aunque, si, con un perturbador viaje a través del tiempo incluido.
Cortazar abrió la puerta y a partir de ese momento el género, al menos de este lado del planeta, recibió una poderosa carga de energía.
Puesto que la razón prevalece a lo largo de su texto, se hace necesaria una nueva mirada sobre el cuerpo de la historia. Hay un imposible suyacente que trastoca una realidad que se nos presenta disfrazada con los vestidos de lo cotidiano (¿y no es ese el modo en que vivimos?).
La vuelta de tuerca, el final inesperado luego de una transición que alterna altas y bajas, se ha transformado en los últimos 10 años en una herramienta que lleva el sello de Hollywood. Hacer esto mismo, provocar y alimentar el elemento sorpresa a lo largo de un cuento es una tarea mucho más compleja. No cualquier autor. No cualquier género. No cualquier historia.
En “El Sexto Sentido”, M. Night Shyamalan, nos introduce a un relato cinematográfico compacto, bien atado, en el cual apenas si podemos intuir que las piezas no encajan. Desde el principio el argumento se tuerce y toma un desvío no estipulado.
La vida y la muerte, el ser y ser otra cosa, se entrelazan hasta confluir en un diálogo desesperante que explica y refiere a dos personajes condenados: uno a escuchar el poemario amargo de los que ya no están pero están; el otro a permanecer sumergido en el líquido viscoso de la eternidad.
El final de la película tendrá la forma de una revelación sorprendente (y por eso mismo maravillosa) tanto para el espectador como para uno de los personajes. Quien se creía vivo está muerto, y quien vive padece de una rara enfermedad que podríamos llamar ultraconciencia.
“La noche boca arriba” nos instala en ese incómodo lugar: testigos de lo extraño. La pluma de Cortazar conduce y seduce a su audiencia de un modo tal que le obliga a olvidarse de las evidencias del caso: no hay lugar para la pesadilla.
El personaje no ha sido condenado por la pueril locura de lo accidental. Ni es transportado a una sala de emergencias para curar de sus heridas. Ya lo quisiera él. La mente, o el espíritu de su cuerpo boca arriba, se disparan hacia un tiempo y un espacio desconocidos. Misterioso. Un más allá donde reencarna en la figura de un motociclista, un ser humano distinto del que aquí y un ahora yace condenado por los aztecas.
En unos segundos, los guerreros le sacarán su corazón latiendo de su pecho. Entonces, ambos personajes, posible e imposible, lo lejos y lo cerca, cantarán, gritarán su última nota. Al unísono los veremos perderse en la noche negra del infinito.

¿Crisis del turismo?

La vida es un viaje. Al menos eso dicen. Y las vacaciones vendrían a ser un viaje dentro de ese viaje maravilloso y aterrador al que llamamos existencia. Filosofías a parte, ya sea para rumbear hacia su destino o hacia una isla en el Caribe, los viajeros necesitan dinero. Cash. Credit card. Cheques. Cheques viajeros. Tarjetas de débito. O algo que se parezca mucho a todo eso.

Tradicionalmente vacacionar ha sido una de las tantas actividades que se disfrutan primero y se pagan (o padecen) después. Salir de vacaciones es, en definitiva, uno de los tantos sinónimos que posee la antigua tradición de pedir prestado. Aunque también, al menos en los últimos 15 años, fue una costumbre asentada sobre todo entre los europeos, ahorrar durante un periodo de uno o dos años para luego irse un mes de vacaciones a un lejano lugar del mundo. Otra opción bastante aceptada por parte de los más jóvenes, ha sido la de trabajar por un periodo de tiempo similar con el propósito de tomarse un año sabático profundizando en el conocimiento de otras culturas. Claro, estas atentas costumbres se han enfrentado con una palabra que hace tiempo no aparecía en la agenda de las clases medias de los países desarrollados: crisis. Con ella han ido apareciendo otras más, como inseguridad laboral, desempleo, estancamiento profesional y, finalmente, desaparición del crédito.

La industria ha tomado debido apunte de ello. Los primeros números del año, proyectan una temproada 2009/10 más acotada que las anteriores. Pero la pregunta que todos quisieran ver respondida ahora mismo sigue entre puntos suspensivos: ¿Será realmente un año crítico para la industria turística?

Veamos algunas hipótesis oficiales. Esta semana concluyó la Feria Internacional del Turismo de Madrid, en el marco de la cual la Organización Mundial del Turismo de Naciones Unidas, informó que a pesar del ligero aumento del 2,0 del turismo internacional en el conjunto de 2008, alcanzando los 924 millones de turistas, la crisis ya le está pasando una factura a esta actividad y durante la segunda mitad del año pasado sufrió una retroceso del 1,0 por ciento, el primero desde 2003. El secretario general designado de la organización, Taleb Rifai, advirtió que en 2009 el sector experimentará, en el mejor de los casos, un estancamiento, y, en el peor, una contracción en torno al 2,0 por ciento.

De estos datos fríos pueden sacarse varias conclusiones. Una de ellas es que los números en baja no son dramáticos. Sin embargo, hay una estadística que podría marcar una tendencia perjudicial: desde 2003 que el turismo no sufría una caída en su progreso.

 

Decisiones emocionales

 

Esta industria más que ninguna otra está fuertemente atada a las emociones de los individuos. Es al día de hoy que los expertos en el mercado aseguran que, más allá de las bajas pronosticadas, se deben computar una serie de decisiones que se tomarán cuando la temporada esté por comenzar, y que terminarán afectando las estadísticas. Esta simple lógica del pensamiento, que en épocas de estabilidad no se aplica, debería ponerle los pelos de punta a cualquiera con inversiones en el rubro. El condimento emocional atraviesa de lado a lado el negocio turístico. Dicho y explicado esto, sólo queda esperar por los comportamientos masivos y, en algunos casos, orar.

Las teorías positivas al respecto no abundan pero al menos tienen la virtud de ser un consuelo. Abajo algunas de las que ocupan por estos días la cabeza de la industria sin chimeneas.

 

  1. Existe la posibilidad de que justamente debido a la crisis, la masa de jóvenes e integrantes de las clases medias administrativas y burguesas (de Estados Unidos, Japón, Alemania, entre los países que más viajan), decida viajar como una manera de olvidarse del crack financiero. Si todo está perdido, amemos y bailemos.

  2. Que la suma de estrategias de venta de paquetes turísticos a precios más bajos y del acceso al viaje en cuotas, por obra y mérito de las aerolíneas y las grandes casas de turismo asociadas a cadenas de hoteles e incluso posadas, den por resultado unas vacaciones económicas. Veamos sino lo que haciendo ahora mismo la aerolinea Lan con los pasajes premium.

  3. Que el temor al fantasma de la crisis genere una baja generalizada de las tarifas que hará que una clase social que de todos modos pensaba viajar, efectivamente lo haga, y se le sume otra que hasta ese momento ni siquiera lo tenía apuntado en su agenda.

  4. Que ante la palpable caída en la venta de pasajes y paquetes, efectivamente las empresas del rubro bajen ostenciblemente sus espectativas a último momento con lo cual se observarán fuertes descuentos en los valores acostumbrados para los meses de junio y julio, y octubre, noviembre e incluso diciembre.

     

Durante 2008, y siguiendo con datos oficiales: “todas las regiones mostraron resultados positivos, salvo Europa, que soportó un estancamiento del número de llegadas de turistas. Los mejores resultados fueron los de Oriente Medio, con un aumento del 11,0 por ciento, África (+5,0 por ciento) y los países de América (+4,0 por ciento), en este último caso gracias a la fortaleza de los viajes a Estados Unidos hasta agosto y el comportamiento favorable de la mayoría de los destinos de América Central y del Sur. Y, a pesar de la crisis global, en 2008 varios destinos del mundo obtuvieron resultados muy alentadores, entre ellos Honduras, Nicaragua, Panamá, Uruguay, Corea del Sur, Macao (China), Indonesia, India, Egipto, el Líbano, Jordania, Marruecos y Turquía”.

Se espera que en 2009 las regiones más afectadas serán América y Europa, ya que la mayor parte de sus mercados emisores se encuentran o están entrando en recesión.

En la gran feria del turismo, estuvo presente el secretario de Turismo de Santa Cruz, Alexis Simunovic. Su mirada sobre la realidad del negocio debe ser escuchada puesto que representa a una región clave que vive directamente del turismo europeo como lo es El Calafate. Dijo Sumunovic: “hay que ser claros y honestos, yo creo que para la próxima temporada el mercado europeo va a ser peor que este año”, afirmó. Pero también explicó que él, los suyos y los involucrados en turismo deberán “seguir buscando para encontrar esos nichos de mercado que a pesar de la crisis, siguen viajando. Ese el desafío que tienen tanto el sector oficial como el privado”.

Lamentablemente el Plan B de la Argentina: atraer a más argentinos, brasileros y chilenos, es también el Plan B de la industria trasandina ¿Hará turistas para todos? Esa es otra pregunta necesaria.

Existe una lógica presupuestaria detrás de este deseo regional. Ante un eventual agravamiento de la crisis internacional, y la pérdida definitiva del crédito de consumo, las vacaciones podrían, en el mejor de los casos, repensarse hacia destinos más cercanos: Mendoza, Buenos Aires, en el caso de chilenos y brasileros, Viña del Mar, Pucón, Puerto Varas, en el de los argentinos.

Desde esta perspectiva, el turismo en la zonas del sur de la argentina deberían verse beneficiadas por el afluente de cariocas y trasandinos que dejarían para otra oportunidad su soñado viaje a Europa o los Estados Unidos.

 

No todos esperan sufrir

 

Pero no todos los países ven al 2009 como a un año “cuco”. Hay destinos que sólo se imaginan en una faceta de crecimiento. No deja de ser paradójico que uno de ellos sea Colombia. 15 años atrás este país todavía podía considerarse una aventura frenddly para aquellos que quería disfrutar de una rica cultura autóctona, playas vírgenes y buen café. Como es sabido, todo eso cambió con la ola de violencia que dejó en la retina de millones de personas la postal de los tours acompañados por un grupo de paramilitares.

Pero 2009, presenta una Colombia lejos, muy lejos de la inseguridad. A tal punto que el eslogan de batalla que todavía en estos días puede escucharse en los canales internacionales dice: “El riesgo es que te quieras quedar”. El grupo de la Organización Mundial del Turismo (OMT) que en 2007 visitó Colombia quedó, según dicen, fascinado con el desarrollo de la industria turística. De allí nació la idea de elaborar un análisis sobre Colombia en el mapa turístico mundial. En este, Germán Porras, ex secretario de turismo de España de la OMT, asegura que Colombia ha logrado una nueva “imagen-país que supera los estereotipos y prejuicios acuñados a lo largo de los años de conflicto y difundidos por los medios de comunicación de masas”.

Hace unos días el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Luis Guillermo Plata, explicó: “Estamos haciendo un gran esfuerzo por revivir el turismo en Colombia. Sin embargo, aún falta mucho: más seguridad, promoción, infraestructura”. Precisamente, sobre este punto Pata destacó la medida que establece un periodo de 30 años sin pagar el impuesto de la renta para hoteles nuevos o que sufren reformas. “Gracias a este incentivo tendremos 14.000 nuevas habitaciones”. No es una mala idea ¿no?

Apenas algunas cifras que nos ayudarán a entender de qué hablan los colombianos cuando se trata de recuperar terreno en una competencia reñida: En el 2003 Colombia recibió 624.990 visitantes extranjeros. Una cifra que en 2008 ascendió a 1.222.102. El turismo es el tercer sector de exportación, detrás del petróleo y el carbón (2.263 millones de dólares en el 2007: 12,7 por ciento más que en el 2006).

 

Y Mexico también

 

Otro país que ve con bueno ojos un año que los demás observan castañeando los dientes, es México. Según datos oficiales, su actividad turística, la cuarta fuente de ingresos en importancia, crecería un 2.5 por ciento este año pese a la crisis financiera global. El país de los charros tuvo entradas por turismo de 12,900 millones de dólares en el 2007, de acuerdo con las cifras del banco central. Entre enero y noviembre del 2008, México alcanzó los 12,121 millones de dólares.

Hay una obviedad en su optimismo: México se despierta todas las mañana al lado de un país bautizado Estados Unidos. “El turista estadounidense no deja de hacer sus viajes y opta por lugares más cercanos. Cancún es de éstos”, dijo a una agencia de notocias el presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún, Jesús Almaguer Salazar.

Para el líder hotelero, las marcas “Cancún” y “Riviera Maya” se mantienen sólidas. Los números de Cancún y la Riviera Maya son irrefutables: la oferta de cuartos actualmente es superior a 73.000 habitaciones, un 14 por ciento del total mexicano, y la captación anual de divisas ronda los 5.450 millones de dólares, más de un tercio de lo que recibe México en conjunto.

 

Lo que puede esperar el sur o sea nosotros

 

La Patagonia es un destino mágico. Eso no se discute. Aunque hasta ahora, el acceso a sus paisajes ha estado alimentada (o insuflada) por una serie de beneficios al viajero que habrá que ver si se mantienen en los próximos años. Hasta hoy, un visitante de Europa, por ejemplo, acostumbraba a comprar, en su lugar de origen, pasajes de avión con múltiples destinos que le permitían recorrer toda Sudamérica por el mismo precio. De modo que cada cual gastaba los suyos en geografías como Cataratas y Perito Moreno, y ciudades como Buenos Aires y Río de Janeiro.

De todos modos, el ida y vuelta Europa-Sudamérica continúa siendo una experiencia y no un lujo. Si el turismo recibe adecuadas instrucciones y las condiciones necesarias se dan, esta parte del mundo podría entrar al grupo de los destinos lógicos aunque lejanos para el Primer Mundo. Las condiciones a favor todavía perduran: precios económicos en comida, alojamientos a precios razonables y de razonable calidad, viajes internos en colectivo a precios más bajos que los vueltos aéreos de cabotaje.

Habrá que esperar a las decisiones que tomen las grandes empresas del rubro, esas que arman innumerables grupos de turistas -recordemos que las compañías de turismo tienen muy presente su propia ganancia en todo esto y que funcionan como filtro y vía de acceso al turismo internacional-, y que sucede con las decisiones individuales de quienes han planificado viajar por propia cuenta. Es decir, por fuera de los tours.

Publicado en diario “Río Negro”

Elogio de la literatura futbolera

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Ariel Scher es autor de entrañables crónicas deportivas. Su prosa tiene la virtud de congelar los momentos y de buscar y descubrir paisajes donde no se tejen las obviedades. La calidad de su obra periodística y literaria lo ha dejado en la misma línea de otros grandes cultores de este género como fueron Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y, desde el otro lado del Atlántico y cuando no estaba ocupado en Pepe Carvalho, Manuel Vázquez Montalbán.

Scher acaba de publicar un libro, “Fútbol en el Bar de los Sábados”, que recopila su columna semanal en “Clarín” y también algunos cuentos que quedarán en la memoria de quien los lea.

-¿Creés que a través del fútbol se puede realizar una lectura de la sociedad en la que vivimos? Me refiero a una lectura cultural, social o incluso política de la realidad.

-Creo que el fútbol, como muchas otras cosas, es una herramienta múltiple. Nos puede volver más libres o más necios, más observadores o menos, más justos o todo lo contrario. Convertido en un espectáculo central en una vida en la que todo parece volverse un espectáculo y, a la vez, consolidado como una identidad que liga a millones de personas entre sí, resulta lógico que sea un cristal a través del que mirar montones de cuestiones. De todos modos, me parece que está claro que cuando se hace literatura a partir del fútbol lo que básicamente se hace es literatura. Y lo mismo vale para la sociología o para la política. De nuevo: en ese sentido, el fútbol es una herramienta.

-Algunos de tus cuentos me hicieron pensar a otros autores -Fontanarrosa, obvio, Manuel Vázquez Montalbán- que han cultivado esta suerte de subgénero donde el fútbol emerge como una piedra basal o pretexto para desarrollar una literatura entrañable ¿Por qué no ocurre esto con otros deportes? O, mejor dicho, ¿cuáles son los elementos que posee el fútbol y qué lo hace un material tan apto para la literatura?

-Si es que existe, como decís, una desproporción entre el desarrollo de una literatura a partir del fútbol respecto de la literatura generada desde otros deportes, tiene que ver con las desproporciones que hay, en muchas sociedades, entre el fútbol y otros deportes. De todos modos, el fútbol expone la condición humana desde tantos lugares que parece lógico que estimule a escribir. La pasión, la lealtad, el juego, las esperanzas, las desesperanzas, el amor, la frustración, las convicciones, lo moral, la estafa, la consagración, la notoriedad, el anonimato, la individualidad, la masa… todo eso está en el fútbol y todo, también, conforma la temática básica de cualquier literatura.

-Está probado que se puede establecer una literatura a partir del fútbol. Vos, en tanto periodista y analista del fútbol, ¿realmente creés que se pueden desarrollar teorías de táctica y estrategia en el juego (tal cual alguna vez lo hizo, aunque para la guerra, Clausewitz) o es como dice Maradona, que el fútbol fue, es y siempre será el mismo?

-En muchos sentidos el fútbol es el mismo o es portador de lo mismo: una expectativa de jugar y de hacerlo con otros; una técnica, una estrategia, un despliegue individual y un despliegue colectivo. Pero añadió unas cuantas complejidades y es evidente que hay tácticas y estrategias que lo enriquecen o lo empobrecen. Desde esa mirada -y atendiendo a que ahora el fútbol es un mundo de juegos pero también un mundo de negocios, de espectáculos y de más cosas-, el fútbol es el mismo pero también es otro.

-¿Cuál fue el mayor de los placeres que te provocó iniciarte en el camino de la literatura deportiva?

-El mayor placer de escribir es escribir. Eso mepasó con “Fútbol en el Bar de los Sábados”, este último libro de cuentos. La temática deportiva, en todo caso, es una oportunidad de hacer esa literatura en un mundo que tiene que ver con mi historia, con mis ilusiones, con mis rutinas y con mi constitución como individuo. Y con la historia, las ilusiones, las rutinas y la constitución como individuos de muchísima gente.

-¿En qué jugadores o entrenadores pensás como perfectos personajes literarios o que podrían protagonizar una novela o una historia disparatada?

-Todos los jugadores pueden disparar historias si recordamos que todos somos jugadores, los notorios de éste u otros tiempos o los que nos seguimos esmerando y esperanzando con nuestro partido semanal entre amigos.

-El fútbol ha cambiado, creo, en muchos sentidos en los últimos años. ¿Cómo debería influir en la narrativa y el estilo de quienes lo escriben?

-En el terreno más específicamente literario, los cambios pueden ser disparadores de nuevos ejes narrativos. En el campo de la reflexión social a partir del fútbol, observar los cambios es, otra vez, una oportunidad para observar las lógicas, las búsquedas y las mugres de este tiempo. El fútbol traza un campo propio de análisis, pero al mismo tiempo dibuja otros muchos campos para recorrer con el análisis.

-Por otro lado, el deporte se ha transformado en un organismo en expansión. Uno piensa que hay periodistas que sólo y exclusivamente hablan de fútbol. ¿Cómo creés que opera esto en la profesión y en la psiquis del profesional?

-No creo que el eje del problema sea cuánto se habla de fútbol sino cómo y con qué contenidos se aborda el fútbol. Jorge Valdano dijo bien más de una vez que el periodismo deportivo construye un show dentro del show. Así pasa y por eso, bajo el argumento falaz de que “eso es lo que le interesa a la gente”, se hacen largas especulaciones sobre verdaderas idioteces o minucias evidentes. Si la minucia, la pavada, es el campo temático, como señaló el investigador Carlos Mangone, entonces el periodismo deportivo y sus profesionales producen, producimos, pavadas. Pero el fútbol, como tantas otras dimensiones de la realidad, puede promover la capacidad crítica de las personas y de los periodistas. No es eso, claro está, lo que los medios requieren del espectáculo del deporte en este tiempo. La tendencia es entretener -algo que no tiene nada de malo en sí mismo-, pero entretener desde lo trivial y, a veces, hasta desde lo burdo.

-¿Hay una anécdota especial que te gustaría relatar aquí mismo en un terreno literario para un lector de esta entrevista?

-Un cuento puede estar en muchas partes. El cuento más largo de “Fútbol en el Bar de los Sábados” se llama “Oficios de goleador” y se lo debo a Facundo Sava, un gran goleador y un amigo muy inteligente. Estábamos hablando por teléfono y él me dijo por qué creía que valía la pena gritar los goles. Facundo me estaba dando un punto de vista, una percepción de la vida. Pero, en realidad, me estaba poniendo delante de una buena historia.

Publicado en diario “Río Negro”

El perfecto jardín

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Es una frase urgente. Perentoria. Es un grito samurai. “Tenés que leer este libro”. A partir de entonces la cosa tiende a complicarse, incluso si el otro –que nos mira con ojos desorbitados o curiosos o indiferentes a estos raptos de fanatismo literario– tiene la delicadeza de no retrucar con un: “¿Por qué?”
El entusiasmo es de tal magnitud, que apuramos convencionalismos y profundizamos en originalidades truncadas por la efervescencia del momento. “Es genial”, “Te va a cambiar la vida como cambió la mía”. “Te va a encantar”. ¡Y del mismo modo en que a veces nos encantan los hechizos de las brujas! Pero salvo este puñado de frases caóticas y sin mayor consistencia, no hay mucho que podamos agregar. Así como escribir un libro es una tarea solitaria, leerlo tampoco resulta una experiencia compartida.
Es factible, aunque improbable, que transferir párrafos completos a nuestros interlocutores sea una forma más precisa de probar la estatura del libro que estamos leyendo o hemos terminado y que “te va a volar la cabeza”. Una actividad loable que requeriría: a) la memorización total y absoluta de dichos párrafos (los mejores, los más representativos de nuestro delirio) o b) andar de arriba a abajo con el libro en cuestión esperando a que la persona adecuada se nos cruce un día.
He intentado la primera de las alternativas sin suerte puesto que mi memoria es endeble y tiendo a agregar adjetivos de mi propia cosecha. En cuanto a la segunda, son tantos los libros que me han dejado pálido y sudoroso, que me vería obligado a ir por las calles con un carrito. Entonces, sigo apelando a los desechos de mi imperfecta alegría.
Días atrás me pasó con un querido amigo. Acababa de subirme a su auto y sucumbí a la tradición. “Tenés que leer este libro”, le dije con la respiración entrecortada. Se llama “Jardines de Kensington”, de Rodrigo Fresán. Uno de los mejores libros de uno de los mejores escritores de habla hispana de la actualidad. Luego mi mente quedó en blanco y la mirada brillante de Fernando me dio a entender que esperaba algo más. Pero no había más. Es decir, había mucho más, pero me sentí incapaz de explicárselo.
El libro de Fresán narra la extraña vida de sir James Matthew Barrie, el creador de Peter Pan. Y aunque esto podría llevar a la prematura conclusión de que se trata de un libro de temática acotada, la verdad es que la novela de Rodrigo se proyecta hacia lo infinito de un modo sorprendente. Porque aunque es cierto que “Jardines de Kensington” es un compendio erudito que abarca la biografía de Barrie, es también la historia, la verdadera historia, del nacimiento de Peter Pan y la historia de los hermanos Llewelyn Davis que inspiraron a Barrie a crear el personaje. Todo esto a través de los ojos de otro personaje de ficción, Peter Hook, un escritor de novelas juveniles.
Sin embargo, sería mezquino e inexacto decir que “Jardines de Kensington” termina ahí. El libro de Fresán es sobre todo o, debajo de todo, cual río subterráneo, un libro acerca de la vida y de los pequeños y grandes detalles que la componen. “Jardines de Kensington” está poblado de frases fantásticas. Dejame agarrarlo. Lo tengo justo aquí. Te leo esto y termino. Porque mejor que termine él antes yo: “Y las horas volaban así, contemplando el fuego que nunca es aburrido; el fuego que es siempre, como el agua, un misterio inexplicable y, junto con las olas, la primera forma narrativa, los libros iniciáticos que leyó el ser humano recién estrenado”.
Pará, tengo otra: “¿Y no sería fantástico que uno pudiera sentir el centro exacto de la vida propia? ¿El momento en que la muerte se muda a la casa vacía de nuestro cuerpo y comienza a decorarlo sin prisas pero también sin pausa?”. ¿No te dije que era genial?

Entrevista a Rodrigo Fresán

Dedicado a Fresán

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Fiesta del jazz al aire libre: 28 de febrero

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Imagina una noche de música al aire libre. Y que bailas. Y que la plaza del barrio es tu escenario. Imagina que van tus amigos. Y que festejas. Y brindas. Y pones tu granito de arena para que el mundo sea mejor y más divertido. Imagina que los hacemos juntos.

Tres orquestas de jazz tradicional, latin jazz y percusión. Barra de tragos y cervecerías artesanales al aire libre. 

Plaza del Ex-Patronato, Buenos Aires y Rodhe. Roca.

Sábado 28 de febrero a las 21.00: “Valle de los Músicos II”.

Organiza Dirección de Cultura de la Municipalidad de General Roca. Valle de los Músicos CIA.

(Si quieres asegurarte una silla para ver el espectáculo, deja tu mail en Mediomundo y el mensaje: “¡Ahí vamos!”)