Fiesta de sábado de noche

Me imagino que la pregunta tiene cierta lógica, más tomando en cuenta el tamaño de los acontecimientos. “¿Por qué lo hacés?”, me han dicho. Y, la verdad, es que hasta ahora no había sabido qué contestar. Además, la pregunta correcta sería: “¿Por qué lo hacen?”, puesto que somos varios; yo diría que un montón.

Por qué organizamos un encuentro de jazz en Chile -literalmente-, en el fin del mundo, hace un par de veranos. Por qué hicimos otro en noviembre en Roca, en el que participaron alrededor 15 músicos y otras tantas personas en el papel de técnicos, asistentes y colaboradores. Y por qué, junto con el grupo original de soñadores, compuesto por Andrés Fuhr y Julieta Lacunza, más Valeria Maida en coordinación y Andrés Stefani en video e internet y una troup de 20 músicos, estamos embarcados en ampliar la experiencia y hacerla más arriesgada aún. Como les decía, no tenía una respuesta para esto. Pero la hay: para hacer historia. O, mejor dicho, hacer historias que le den sentido a la vida.

Este sábado redoblaremos la apuesta que inauguramos con “El Valle de los músicos”. Trasladaremos el espectáculo a una hermosa plaza de Roca, la del ex Patronato, en la esquina de Buenos Aires y Rohde. Sobre un pequeño escenario y al aire libre daremos inicio, a partir de las 21, a la segunda parte de esta idea: homenajear a través de un concierto a algunos de los más destacados músicos que ha dado esta región. Además del diario “Río Negro”, nos acompañan la Dirección de Cultura del Municipio de Roca, a cargo de Ricardo La Sala, y una extensa lista de emprendedores. Un hecho que nos ha impulsado a abrir el abanico de manifestaciones artísticas. Aunque la música -tres orquestas de jazz en clave salsera, de modo que lleven zapatillas y hagan espacio- comienza a las 21, ya desde las 17 quienes se acerquen a la plaza podrán disfrutar de muy diversas propuestas. Estarán exponiendo Clibia (Melba Romero, corte y confección, y Melina Tocce, dibujos de las estampas y un poco de tijeras y costuras), Interfaz (serigrafías de Guillermo Tocce), Me vistes (Mili Vallori), Muñeca Freak (Gisela Romero y Paula Sabatella), Prego arte en objetos (Eugenia Prego), Nonchino (Florencia Toledo), Minimademalis (hermanos Martínez), Las Nanas de Florencia Ghirardelli y Reina Margarita de Victoria O´Really. Este divertido rompecabezas se completa con la participación de una serie de conocidos bares y cervecerías artesanales que tendrán instaladas sus barras en el lugar.

Luego, la música. Andrés Fuhr imaginó tres orquestas: una de jazz propiamente dicho, otra de latin jazz y salsa y otra de percusión. Los artistas que integrarán las formaciones serán: pianos, Cuqui Amntein y Pepe Lusardi; saxos, Mario Silveri, Víctor Valdebenito, Pablo de la Fuente y Fabio Balbarrey; trompetas, Amadeo Banaiuto y Juampi Bergese; guitarra, Rafo Grin; percusión, Mario Giménez, Pablo Venegas, Ernesto Pugni, Mauricio Costanzo y Charly Salas; contrabajo, Andrés Fuhr y Víctor Valdebenito y vocal, Fabio Balbarrey. Dicho esto, resulta claro que la pregunta debe ser extensiva a todos los artistas de un gran espectro que han puesto su nombre y su trabajo para darle vida a “El Valle de los músicos II”. ¿Por qué lo hacen? Me permito la osadía de responder: porque es divertido. Pero sobre todo porque de este particular modo nos sentimos capaces de alentar un mundo mejor. Sí, aunque suene cursi. Pero cuando un proyecto en el que has puesto el alma funciona y provoca la alegría tanto tuya como la de los demás pues, estás dibujando con tu propio pincel sobre el lienzo de la existencia. Y no es poco. Aquí es donde corresponde sumar: hagamos esto juntos. Los esperamos con el corazón y los brazos abiertos.

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World War 24

Otra canción de Ryam Adams que me gustó mucho. Les dejo la traducción.

World War 24

Muñeca de porcelana
Tu madre tiene una tienda de antigüedades
Ella se lleva algunas cosas, y yo un montón
Dormimos todo el día
Respuesta lenta:
“Me siento como si fuera un pensamiento tardío”
Alguien que se ha perdido en el espacio
Y Londres está bien
Ella ya ni siquiera pregunta qué hora es
Vestida como para la 24 Guerra Mundial

Dulce azúcar
Le encanta golpear sus dientes
El río esconde el carrusel
En Londres, oh, todo bien
El coma viene
Como balas saliendo de una pistola de caramelo
Nos entrega al sol
De Londres, mi amor
Ella ya ni siquiera pregunta que hora es
Vestida como para la 24 Guerra Mundial

Y si vamos muy alto
Vamos a quemar esta ciudad
Vamos a quemar esta ciudad
Vamos a quemar esta ciudad
Oh, nena, tráeme de regreso
Oh, nena, tráeme de regreso
Oh, nena, tráeme de regreso
Soy todo tuyo
Soy todo tuyo
Soy todo tuyo

La verdadera historia de Frankenstein y Drácula

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(El Frankenstein de Mary Shelley, tenía el pelo largo y citaba a Plutarco. El Drácula de Bram Stoker estaba obsesionado por dejar Transilvania y vivir en la gran ciudad: Londres)

De los clásicos presuponemos todo. O casi todo. Pero lo que realmente sabemos muchas veces nos viene de oídas, de saberes populares y de películas. Sacando a los amantes de la literatura, eruditos que llegaron al final de enciclopedias como “La guerra y la Paz” o “En busca del tiempo perdido”, los demás nos las hemos arreglados con fragmentos del basto universo ficcional. No mencionaré aquí el Cannon de occidente. Desconozco porqué pero clásico me sabe a terror. A Drácula. A Frankestein.
Muchos años antes de adentrarme en la magna obra de Bram Stoker, me dejé tentar por la excelente y perturbadora novela de Anne Rice Entrevista con el vampiro.  No fue en vano. Y a su modo la lectura del primer libro de la saga de atormentados chupasangres me sirvió de antídoto cuando hube de exponerme a su versión cinematográfica. Poco y nada de la oscura creación de Rice quedó graficado en el filme de Neil Jordan. Todo lo que Jordan insinúa, Rice lo desarrolla en su obra de un modo apabullante. La eternidad como auténtico enigma a resolver por los condenados a la sed.
Con las otras dos grandes novelas de terror de todos los tiempos: Drácula y Frankenstein, la experiencia fue distinta. Ambas estaban ahí, dando vueltas desde tiempos inmemoriales. Dibujadas a grandes trazos. Historias pendiendo de un imaginario hilo que conducía debilmente a la fuente original. La aparición del filme de Francis Ford Coppola, en teoría una revindicación de la obra de Stoker, en el fondo no hizo más que reafirmar aquello que se decía del personaje pero que estaba muy lejos de lo que el escritor había imaginado para él.
No importa lo que diga o haya dicho la publicidad oficial del filme de Coppola, el guión no sigue ni de cerca el largumento del libro de Stoker. En la novela, los verdaderos héroes son los perseguidores del vampiro, entretanto que el adinerado Conde, es reducido a una bestia hambrienta que vive y muere nostálgica de una ciudad que no conoce: Londres. Aunque hay una joven de por medio, y aunque esta es bonita y agraciada, el Conde está mucho más interesado en cambiar su oscuro castillo en Transilvania por una urbe cosmopolita, antes que por el cuello de la dama.
Con Frankenstein ocurre algo similar. La novela de Mary Shelley, llamada “Frankenstein o el moderno Prometeo”, difiere y mucho de la versión que llegó hasta nosotros. Irónicamente, también el filme de Kenneth Branagh, fue promocionado como “la película del libro”.
La creatura sin nombre, a quien Víctor Frankenstein le heredó su apellido, pero que durante gran parte del libro éste sólo llama demonio, monstruo o cosas peores, muestra dosis de compasión para con los demás al comienzo del filme para después revelarse como un auténtico y colosal hijo de perra. Un energúmeno que pudiendo ser grandioso siente tal desconsuelo por sí mismo y su fealdad, que prefiere dedicarse a ejercer el mal de la manera más cobarde posible. Víctor Frankenstein tampoco sale muy bien parado. A pesar de su condición de hombre de ciencias y apasionado hijo y amante, su caracter deja mucho que desear. Curiosamente en el mismo minuto en que consigue su propósito: darle vida a la carne, huye despavorido de su logro. Un hecho no menor que terminaría condenándolo.
Que ninguna de estas incómodas alteraciones se encuentre en las películas debería servir como aliciente para adentrarse en su génesis.

The Sartorialist: elogio de la libertad en la ropa

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 Scott Schuman es una caso extraño dentro del universo de la moda. Primero pasó por varias y respetadas cadenas de venta de ropa, hasta que decidió dejar su trabajo y dedicarse por completo a sus hijas y a la fotografía. Por supuesto que su ojo, esa innata capacidad para detectar donde se gesta un estilo, le resultó un gran aliado en el segundo de sus proyectos, que terminó alimentando la economía familiar. Por lo que podemos inferir que Shuman es un hombre exitoso.

Comenzó a sacar fotografías en la calle y a pensar en un medio donde publicarlas. Ni que hablar, el blog estaba ahí, servido en bandeja. La suma de los elementos fue casi una obviedad.

En 2005 inauguró un blog que a lo largo de los años no ha diferido mucho ni en sus propósitos ni en su diseño: simple, directo y efectivo. Fotografías de los más diversos e inesperados modelos o no-modelos, más algún que otro comentario al pasar, completan y le dan vida a uno de los mejores blogs de moda del mundo: http://thesartorialist.blogspot.com

Cada uno de sus posteos ha sido, se nota, cuidadosa, inteligente y obsesivamente seleccionado. Y la consecuencia de tantos desvelos es la adicción por parte de sus seguidores. Una vez que has entrado al reinado de Schuman, ya no puedes salir. Tu mirada se vuelve una mirada cautiva.

Una fotografía lleva a la otra, tanto como un mes al otro y un día al siguiente. Porque cada 24 horas Scott sube nuevas imágenes de gente vestida como nunca has visto o que simplemente no te has tomado la molestia de ver.

Personas, personajes, jóvenes, adultos, mayores, envueltos en fantásticas, extrañas y maravillosas telas, que a su vez disparan cientos, miles de estilos posibles son retratadas por la cámara de este hombre de la moda.

Tiempo atrás definió su trabajo en The Sartorialist: “Es una celebración de los estilos personales. No siempre son los que me gustan personalmente, pero soy capaz de ver estilos fantásticos en lugares muy diferentes. A menudo estoy preparado para hacer la foto de un detalle o una combinación que me gusta. En cuanto a lo que caracteriza a mi blog: creo que es importante distinguir que mi blog está dedicado a la moda, no a la moda de calle aunque las imágenes sean tomadas principalmente allí”.

Al principio de su autobiografía publicada en el blog, y esto tal vez nos ayude a entender mejor de qué trata The Sartorialist, el fotógrafo y editor de moda cuenta: “Comencé The Sartorialist simplemente para compartir fotografias acerca de personas que veía en las calles de Nueva York y que a mi me parecía que lucían geniales. Cuando trabajaba en la industria de la moda (hace 15 años), siempre sentía que había una desconexión entre lo que yo estaba vendiendo y lo que veía en las personas (personas realmente cool) usando en la vida real”.

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Hace unos días Jennie Yabroff, de “Newsweek”, incluyó a Schuman en un escenario más amplio:

“Schuman es parte de un creciente grupo de bloggers dedicados a postear fotografías que muestran como visten las personas reales a lo largo y ancho del mundo. Estos bloggers dicen que sus sitios

(Street Peeper, Last Night’s Party, Fashionista and Stylesight, por nombrar algunos) están tanto creando como respondiendo al interés por la moda que se usa en la calle”.

La experiencia de disfrutar o ingresar al club de The sartorialist no es gratuita. No es casual. Desde hace unos días pierdo más tiempo mirando mis humildes combinaciones en el espejo. Me dejo caer con mayor habitualidad por lugares donde descubro ofertas. Me concentro. Pienso en formas. Pienso en colores. Y uno de los detonantes de todo esto es la certeza de que las fotografías que vienen inspirando mi afiebrada mente, han visto la luz en sitios públicos como calles, plazas y cafés de cualquier lugar del mundo. Estilos que ahora he heredado pero que no nacieron en una pasarela sino en la cabeza de otros como yo, como tantos, que disfrutan sentirse libres también en sus ropajes.

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Golden Boys

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Hernán Iglesias Illia es periodista. Ha escrito para medios como “The Wall Street Journal”, “El País” y la revista “Gatopardo”, entre otros. Tiempo atrás, no mucho, escribió un libro que ahora resulta imprescindible para entender factores emocionales a la vez que claves, del fenómeno bursátil y de todo lo que ha venido pasando en los últimos meses en los mercados financieros: “Golden Boys” o la crónica de los traders argentinos en Wall Street. Conversé con él.

-Con la crisis declarada en el mundo entero, ¿cómo crees que será a partir de ahora el comportamiento bursátil de los operadores? Me refiero a si los ves con los ánimos más moderados, tomando en cuenta los tiempos que corren, o seguirán con ese espíritu adrenalínico que los ha caracterizado.

-Los operadores están ahora con el rabo entre las patas, un poco confundidos por todo lo que ha pasado y también doloridos, porque la mayoría ha perdido muchísimo dinero y sus bonos de fines de año, pagados hace un par de semanas, desaparecieron o bajaron un 50% o 70%. Entonces todavía no han encontrado un estado de ánimo para la nueva etapa. Esta semana apostaron a que el nuevo plan del gobierno de Obama les iba a dar un impulso a las acciones del Dow Jones, pero el plan fue ambiguo, su presentación fue poco enérgica y los operadores volvieron a deprimirse.

-¿Crees que existe una verdadera relación entre el juego de la Bolsa y el interés de sus protagonistas por el momento económico de un país o, mejor dicho, existe una conciencia económica y social por parte de quienes intervienen en el mercado bursátil como operadores o inversores?

-En Estados Unidos es muy popular la idea de que cuando al índice Dow Jones le va bien le está yendo bien al país. Tiene sentido: si el precio de las acciones sube es porque las grandes empresas están ganando dinero, empleando más gente, contratando más proveedores, pagando más impuestos. Pero hay quienes dicen que esta relación se ha convertido en una obsesión y que muchas personas analizan la marcha de la economía “sólo” mirando el índice bursátil. Esta semana, Obama parece haberse apartado de ese camino: cuando le preguntaron por la mala respuesta de los mercados a su plan, dijo: “A veces a los operadores les lleva un tiempo entender las medidas”. O sea, que su objetivo principal no ha sido seducir a la Bolsa. Con respecto a la segunda parte de la pregunta, la respuesta es no: en un mercado competitivo e instantáneo como el de la Bolsa de Nueva York, no hay espacio para pensar en qué podría ser mejor para la economía. Las millones de interacciones diarias emiten un solo mensaje al final del día, pero es uno en el que cada uno de los participantes tiene una influencia mínima.

-¿Provocará la crisis un cambio obligado en las culturas bursátiles y de capitales de riesgo, o luego de pasado el susto se volverá a las tradicionales prácticas algunas de ellas paroxísticas?

-Habrá un cambio si cambia la regulación. Dos puntos fundamentales para ponerles riendas a los operadores están, supuestamente, en estudio por el gobierno estadounidense. Uno es limitar el “apalancamiento”, es decir, la cantidad de plata prestada que uno puede tomar para hacer una inversión. Muchos inversores, en el pasado, invertían 10 pesos propios y pedían otros 90 para comprar bonos o acciones y multiplicar por nueve sus ganancias. El problema era que así también, cuando explotó la burbuja y el paisaje cambió, multiplicaron sus pérdidas. El otro punto es modificar la forma de pagarles a los operadores de los bancos. Hasta ahora, había demasiados incentivos para que estos tipos tomaran decisiones arriesgadas: si les salía bien, a fin de año recibían un cheque gordo de varios ceros. Si, un año después, la apuesta salía mal, el banco quedaba desnudo, pero el operador ya tiene el cheque en su casa. Habría que diseñar, junto con los bancos, esquemas de compensación que den responsabilidades de más largo plazo y que pongan en los operadores un chip que los haga sentirse parte del lugar donde trabajan y del sistema que les da de comer.

-Me imagino que escribiendo tu libro “Golden Boys” debes haberte cruzado con algunos Gordon Gekko, ¿o esa figura es tan solo un ícono de la factoría de Hollywood?

-Es una figura más ochentosa que actual. En los ´80, cuando todavía no había demasiada tecnología ni información, muchos operadores se sentían “machos” por tomar decisiones a oscuras y por ganar. Los de ahora son más matemáticos, más “nerds”. Pero igual siguen siendo tipos con mucha autoestima y que necesitan sentirse importantes o talentosos, porque no es posible meter u$s 50 millones en una apuesta si uno no cree que está haciendo algo que nadie más está haciendo.

-¿Podrías contarme la Bolsa como si fuera un cuento para chicos?

-En los países normales (no en Argentina, donde la Bolsa es raquítica), las empresas medianas que quieren crecer venden una parte de sus acciones al público, es decir, en la Bolsa. Esas acciones se venden y se compran todos los días en el mercado donde está radicada la empresa. Si a la empresa le va bien, el precio de la acción sube, porque los operadores creen que tendrá mayores ganancias y, también, mayores dividendos, que son la parte de las ganancias que las empresas reparten una vez por año entre sus accionistas. Si a la empresa le va mal (y todo el mundo lo sabe, porque una de las desventajas de salir a Bolsa es la obligación de publicar reportes constantes), el precio baja.

-¿Qué visión tienes de los Estados Unidos hoy como economía y como cultura?

-Es una pregunta un poco larga de responder, pero mi visión de Estados Unidos es en general positiva. Queda raro decirlo en un país (Argentina) que, según las encuestas, es uno de los dos o tres con peor opinión de Estados Unidos en todo el mundo. Pero son cosas pequeñas y grandes, costumbres diarias de la gente y formas de organización de uno con respecto al Estado y la sociedad, en las que con el tiempo me he sentido cómodo y he aprendido a admirar.

-¿Podrías adelantarnos en qué libro estás trabajando ahora luego de hacer uno como Golden Boys?

-Estoy escribiendo un libro sobre Miami, que se publicará a mediados o fines de este año. Es un libro sobre la latinización de Miami y sobre cómo la ciudad, que hace 20 años estaba en decadencia y parecía a punto de explotar, se ha recuperado y convertido -gracias, en buena medida, al aporte de los latinos, cubanos y no cubanos- en una ciudad global.

Publicada originalmente en diario “Río Negro”

Aventurarse

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No es sólo es hecho de viajar y marcar en tu mapa un punto extremo. No es todo lo que viste sino lo que sentiste cuando haces una especie de inesperado balance.

Aventurarse es vivir. Es tanto ver un paisaje alucinado como probar un sabor. O todo eso. O más.

Si me preguntan por el día perfecto. Será uno en que haya caminado un largo rato o quizás montado a caballo. Ya en el regreso (en mi casa o el hotel) y con el cuerpo  recién pasado por la ducha, esperaré leyendo mientras el aroma de la cena atraviesa el aire.

Vino, pescado una charla amable. Y las fotografías de lo que ahora es parte de mi memoria.

¿Cómo se hace un salmón?

No hay una forma de una forma de hacerlo sino muchas. De modo que referiré a una entre tantas. Cómo preparar un salmón, a eso iba. Tomas un trozo de salmón, si es rosado, mejor, y lo sometes a un leve pero sustancial baño de limón, sal y aceite de oliva. Lo dejas en esta sustancia por un rato. ¿Cuánto?. El que te demores en cortar en pequeños trozos: tomates, pepinos, ajíes y ajos. Luego ubicas el trozo de salmón en papel metálico y le sumas los trozos recientemente cortados. Cierras el papel y lo pones al horno por un espacio de 15 a 20 minutos. Luego, disfrutas.

Así lo hago habitualmente para mis amigos y no he recibido quejas.