Entrevista con la poeta Graciela Cross

Doble noticia y doble placer literario. Graciela Cros presenta este viernes a las 19 en la Biblioteca Sarmiento de Bariloche sus libros “Hacer la de Elvis” y “Mansilla”. La destacada poetisa, dueña de una prosa creativa y seductora, alcanza con estas publicaciones un nuevo clímax en su destacada y muy reconocida carrera como escritora y tallerista.
-¿Me recuerdas que es hacer la de Elvis?

– “Hacer la de Elvis” es…¡presentar dos libros de poesía juntos!, por ejemplo. Fuera de la humorada, no creas que no me lo he preguntado muchas veces pero sabrás que la poesía está hecha de interrogantes más que de respuestas. Me comprenden las generales de la ley. No sé porqué ante la formulaciòn directa de la pregunta me surgen metáforas de carácter automovilístico, imágenes del tipo “Thelma & Louise”, que verdaderamente me sorprenden porque no me gusta manejar, pero consignas como “pisar a fondo el acelerador”, “no tocar el freno”, “volantear”, algo así, sostenido, como te digo, por escenas de cine; aunque en realidad, si me das un segundo más, te diría que aún lo estoy averiguando. Este texto fue escrito inicialmente a comienzos de los años 90 y pasó por varias revisiones y ediciones, como ésta que se publica ahora y presento como una re-escritura. Para la sociedad en la que vivió (y en la que yo crecí) Elvis era tanto la gloria como la desmesura, su “gorda boquita pastillera” como dice el texto, lo confirma hasta el final. Hacer la de “él” en mis términos tal vez tenga que ver con buscar límites, ir a los extremos y regresar, al centro o quién sabe adónde en el proceso de definir una identidad. Por último, sí, creo que “Hacer la de Elvis” -en el formato que sea, en el que cada uno elija para sí mismo- es una apuesta apasionada a estar muy presente y muy atento, muy despierto en el aquí y ahora que nos toca vivir. Recuerdo una definición del poeta cubano Eliseo Diego, “poesía es el acto de atender en su máxima pureza”, bien, eso es “Hacer la de Elvis”.

-¿Cómo has evolucionado en tanto escritora, poeta, artista en estos últimos años?

– Es difícil saber si se se ha evolucionado como poeta. Uno espera haberlo hecho, claro. Pero son los lectores críticos los que pueden decirlo, la “institución literaria” que sube o baja el pulgar para un autor. En mi caso, años de trabajo, libros, premios, antologías, todo eso, dice que sí. Yo digo que he transitado un camino largo de búsquedas, lo sigo haciendo, pero no sólo como escritora sino como persona. En lo relativo a la poesía he procurado afinar el ojo del crítico que uno es, corregir más, meditar más respecto de cada texto, cada palabra; tantos años de dictar talleres de escritura, de estar en contacto con materiales poéticos, te llevan también a afinar el instrumento con mayor precisión, a bajar la ansiedad por escribir y publicar; siempre he buscado que en cada nuevo libro hubiera algo original, diferente al anterior, pero en el sentido de un tono atado a la que era yo, profundamente, al momento de escribirlo. Creo que el artista se debe eso a sí mismo, el artista tiene que renovarse desde la autenticidad y no desde el oficio porque no hacerlo significa su muerte como tal.

-¿Vives una vida literaria?

– No lo sé, creo que sí de algún modo quieto, callado, zen, podría decir. En estos últimos tiempos creo que vivo más en retiro, en soledad, quiero decir, que en sociedad. Pero no me siento la excepción, se da bastante actualmente, es algo así como el espíritu de la época, no? Hay una suerte de vida literaria a través de internet, sin duda, que permite hacer contacto con colegas, estar al tanto de lo que se va publicando, lo que están haciendo, etc., etc., y la mayoría de las veces caer en la ilusión de estar comunicados cuando sólo estamos chocando las antenitas al cruzarnos en el camino, así como hacen las hormigas que llevan víveres al refugio.

-Hablando de literatura ¿que te interesa por estos días?

– Estoy subyugada, inmersa, en la producción poética de las provincias argentinas; te diría que es lo que más me atrae por estos días y en lo que estoy trabajando e investigando desde hace un tiempo. Poetas activos de las provincias (no me gusta la expresión “del interior del país”) que no tienen difusión y sus libros tampoco. Ahí apunta mi interés. Sería largo enumerar las razones de este fenómeno pero en el Chaco no se sabe qué se escribe en Neuquén y viceversa, por dar un ejemplo, se trata de cuestiones ajenas a la literatura misma que tienen que ver con leyes del mercado editorial, entre otras cosas, y que hacen que la poesía argentina que se conoce esté mayoritariamente en Buenos Aires y en una o dos ciudades centrales como Córdoba o Rosario. Hago una columna semanal en el diario digital interactivo Bariloche2000, “Una de poetas”, y desde allí difundo a estos autores. Trato de ejercer la militancia poética abriendo espacios para ellos, para que se conozca su obra.

-¿Qué es un libro? y ¿Qué serán los libros?

– Ah, se ha dicho tanto y tan bien! No voy a caer en lugares comunes ni reiterar lo que tan brillantemente han dicho los maestros, por ejemplo, Borges, que decía sentir la “gravitación amistosa” del libro, que pensaba que el libro era una de las posibilidades de felicidad que no es dada a los seres humanos. No es extraordinaria esa idea? Acuerdo completamente con eso.

-¿Me dices una línea tuya que sea una de tus favoritas?

– Aquí estoy en un aprieto. ¿Tendré una línea mía favorita? Hay varias que me gustan, que aún me desafían, me provocan, me divierten, me enojan o me dejan pensando cómo fue que escribí esto!… pero no sé si puedo elegir una. A veces me escribe alguien desconocido a Facebook y me recuerda versos míos que escribí y olvidé y al leerlos algo lejano reverbera hasta que logro ubicarlos y saber que son míos, y… ¡me gustan! Como no hablé hasta ahora del otro libro que presento, “Mansilla”, te dejaría una línea con la que cierra el primer texto y en la que creo de un modo casi sacramental, te diría, y es, simplemente: “Tener amigos poetas salva el día”.

-¿Cual es tu próxima historia?

– Estoy en blanco ahora con respecto a la próxima. Etapa de puerperio total, post-parto, dos obras, dos alumbramientos. En casi todos mis libros los textos cuentan historias, la mía es una poesía de personajes, y esto es más visible aún en “Mansilla” donde cada poema puede funcionar como un microrrelato, una pequeño cuento. Tengo algunas ideas rondándome que tienen que ver con la narrativa pero aún no sé si llegarán a ser esa próxima historia que espero poder escribir.

-¿Por qué escribir?
– ¿Y por qué no hacerlo? Para el escritor es una necesidad, como respirar, y cuando esa necesidad es genuina su carácter es impostergable.

-Y Graciela Cros es:

– “Soy una bestia anfibia de la A a la Z
Soy un techo a dos aguas
De día /ando/ en la tierra
De noche /nado/ crawl
surco los mares
Mi pasión está intacta:
Construyo artefactos argento-patagónicos
mapuche-sudaqueses.
Soy mi Reina y mi Obrera.
La dueña de este nicho”.*

*de Libro de Boock, Ediciones en Danza, 2004.

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Raúl López presenta su primer libro

Este jueves 7 de abril a las 20,30, en Mal de Amores, presenta su primera novela Raúl López, “Estado Ideal”.

Estaremos allí, participando de este acontecimiento cultural y etílico.
Les adelanto una entrevista que le hice (versión extensa) y que saldrá publicada en Río Negro.

-Tu novela es la narración de un viaje en cierto sentido iniciático. Me gustaría que me cuentes como fue tu propio viaje como escritor hasta llegar a escribir este primer libro.

-Mmm, no creo mucho en eso de lo iniciático, no sé si porque la palabra me suena a esas novelas que están tan de moda ahora, donde todo es iniciático. Quizá esas novelas sean una burda imitación de la bella historia del Buda, no? Yo creo que el mundo es un disparate, que las cosas que suceden y que nos suceden son un gran disparate…digamos un gran disparate de los átomos. Ya no temo decir que creo en las casualidades, y que prestarle atención al más mínimo detalle nos puede deparar un futuro grato o un futuro bochornoso. En mi caso creo que se dio así. Creo que soy un tipo con fortuna. Tuve la fortuna de ser niño cuando no había tecnología como la hay ahora, en aquel entonces nuestra pantalla era el barrio y la mayoría de los juguetes los hacíamos nosotros; una pelota de fútbol nos duraba mucho tiempo y cuando se rompía la mandábamos a arreglar. No quedaba otra, pues entonces, que ser imaginativos. Tuve la suerte también de que en el barrio había varios chicos más o menos de la misma edad, entonces toda esa imaginación se hacía colectiva, era todo el día jugar, crear, imaginar, soñar. La peor pesadilla de esa época era que nos obligaran a dormir la siesta, y digo pesadilla porque era así. Yo siempre digo que la hora de la siesta es de los niños, es el tiempo de los niños. Quedarnos encerrados a esa hora era como estar condenados a algún círculo del Dante (sería el de los siesteros). Un día me castigaron con el encierro en esas horas fatales, mi angustia fue grande al ver a mis amigos jugar en el baldío de enfrente. Esa aburridora tarde roquense intenté escribir un cuento, y creo que lo logré. Puedo decir que empecé escribiendo gracias a la angustia, a una terrible angustia existencial (jajaja) , parecida a la fiebre de un preso. Seguí escribiendo algunas cosas, siempre en silencio. Alguna vez intentamos con fernando Genoud hacer historietas, él ya era un gran dibujante. Fue una gran etapa aquella donde también empezábamos a cultivar el arte de la amistad con todos los pibes. La literatura nace del relato oral y esa idea no murió o no debería morir, también tuve la suerte de poder escuchar a grandes contadores de historias o anécdotas en los asados. Mi viejo contaba unas historias impresionantes, cómicas y con unas tramas muy ricas que quizá, nacían de un simple hecho cotidiano; mi cuñado también era uno de esos contadores orales formidables, a mí me apasionaba escuchar esas historias y, por supuesto, intenté muchas veces llevarlas al papel, no sé, claro, con qué éxito. Bueno, ellos encarnan en cierta forma a aquellos primeros hombres de la historia que comenzaron con la literatura. Luego de grande no sé en qué momento me tomé en serio como escritor, bueno, tampoco sé si me tomé en serio, jajaja, pero sin duda fue en Buenos Aires donde estaba todo el tiempo con los libros y con un grupo de amigos y amigas con el cual disfruté la bohemia más linda de mi vida.

-¿Qué recuerdos tienes y cómo influyó en vos el hecho de pasar un temporada en Europa donde tomaste contacto con distintos sectores de la cultura? Porque fuiste un hombre que conoció tanto la noche como la intelectualidad más exquisitas en el Viejo Mundo y supongo que eso te ha marcado a la hora de escribir.

-Bueno, aquella temporada fue formidable porque llegué con la comodidad de haber ganado un certamen internacional, llegué para pasar un tiempo y terminé trabajando para una fundación cultural que consistía en otorgar premios literarios por todo el mundo, eso me dio la posibilidad de conocer muchos escritores y artistas importantes. Aún recuerdo una exquisita charla que tuve con Bryce Echenique en uno de esos eventos, él había ganado un concurso de novela. Con respecto a los escritores europeos tuve la sensación de que ellos admiran, nosotros quizá no imaginamos cuánto, nuestra literatura. Un amigo italiano, escritor él, me dijo algo que quizá sintetiza esa idea: “ustedes en Latinoamérica tienen todo servido para escribir, tienen ese hermoso y constante caos…” . Bueno, entre risas, yo le dije que cualquier latinoamericano le regalaba ese caos con moño y todo. Pero claro que entendí lo que me quiso decir. Europa, sobre todo los países ricos, desde hace unos cuántos años que tienen todo muy organizado, es increíble como los jóvenes de veintipico piensan mucho en cosas como la jubilación y demás previsiones que quizá no quepan en la pasión o la euforia de un típico joven argentino o latinoamericano, ya sea porque quizá es impropia en esa etapa de la vida o por urgencias económicas o sociales que impiden pensar mucho en el futuro. Nosotros tenemos el caos, otras angustias, otros dolores, es bien cierto, no obstante tenemos recursos, creatividad, la tinta de un latinoamericano corre más ligera y más fresca, más oscuramente fresca. No sé si me marcó a la hora de escribir aquella experiencia, si puedo decir que conocí la nostalgia, y eso que yo no fui exiliado ni mucho menos, me imagino los que habrán ido exiliados. La nostalgia, tan típica de los argentinos, allá sale a flor de piel, el desgarro por momentos se hace intolerable. Uno ve un avión y piensa que ese avión va a la Argentina, un coche, una bicicleta. E indudablemente la nostalgia opera d una manera extraña en nosotros, uno a veces siente nostalgia de aquella nostalgia, no tenemos cura.

-Tu periplo es accidentando y, por seguro, apasionante pizzero, ganador de un concurso literario internacional, dueño de un bar, columnista, enseñás literatura en el secundario. ¿Te definirías como un aventurero, un intelectual, un buscador, una especie de marinero?

-Entre esas opciones me definiría como un buscador, un buscador insensato. Un buscador de sentidos, de explicaciones, aún no he encontrado muchos, no me gusta este mundo que vivimos.

-¿Cual es la frase que más te ha gustado de todas las que has escrito y por qué?

-No sé si he acertado con alguna frase, creería que sí. Borges decía que si un libro tiene una sola línea buena, ese libro estaba justificado, creo que Borges era muy generoso, pero bueno, me conviene afiliarme a esa idea. No se me ocurre una frase, tampoco la diría creo. Prefiero que salga de boca de un lector.

-Sos un narrador oral de historias nato. Uno de esos interlocutores capaces de darle un nuevo giro al pasado, trayéndolo con colores y sonidos remasterizados. ¿Cómo surge en vos el talento de contar historias madrugadas?

-Bueno, me remito a esos cuenteros de los que te hablé en un principio. Quizá sea un mero impostor y me haya copiado de ellos. También depende del interlocutor, si no hay cómplice en él no tiene sentido contar una historia.

-¿Es el vino un disparador de la literatura tanto como el buen whisky o estamos en el territorio de los mitos?

-Mi amigo Paco Menendez dice sabiamente: “mientras haya vino hay esperanzas” jjajaja.

-De paso,¿encarnas vos mismo el mito del escritor insomne y bohemio?

-Bueno, yo creo que si uno fue alguna vez bohemio, no lo deja de ser nunca. Pero ocurre que esa bohemia se va moderando, por lo menos es mi caso. La moderación pasa por una especie de selección, de no compartir esa bohemia con cualquiera, de no perder tiempo, porque la bohemia es básicamente diálogo y tiempo suspendido, no? Con respecto al insomnio, yo nunca lo he sufrido, salvo excepcionalmente porque creo que no hay un solo hombre en la tierra que alguna vez no haya sufrido el insomnio, y por lo general es por un amor desdichado. Mucha culpa del insomnio lo tienen las mujeres.

-¿Dónde está situado hoy Raúl López escritor y persona?

-Hoy mi pasión pasa mucho por la enseñanza. No se puede enseñar literatura, pero si se puede enseñar el amor por la literatura, que quizá sea más importante, Hoy es difícil enseñar, pero a la vez apasionante. Estoy trabajando en la escuela Casaverde, que tiene un proyecto muy interesante en todos los sentidos, donde se le hace un seguimiento minucioso a cada alumno y donde se enseña desde la comprensión de un texto hasta la producción del mismo. La gente que dirige la escuela trabaja muchísimo para que el proyecto se lleve a cabo y es muy grato ver el día a día. Así que todas las mañanas las comparto con todos los adolescentes que tengo de alumnos.

-¿En qué proyecto literario estás trabajando?

-Sigo escribiendo cuentos, que es lo que más me gusta. Tengo un proyecto de literatura y fotografía con un amigo, el que me prologó la novela, que nos tiene entusiasmado, pues se trata de retratar personajes y lugares donde transcurren historias de total ficción. Luego también hay el proyecto de otra novela, pero bueno, vamos a ver si le pereza me lo permite esta vez.

-¿Me cuentas una historia “real”, en pocas palabras, como esas que ya son un clásico de tu repertorio nocturno?

-Te la cuento una noche de estas, ahora es de día.

Taringa: charlando con Hernán Botbol

taringa

Taringa! es el sitio más visitado de la Argentina y uno de los más buscados en el mundo. Es una comunidad virtual, un espacio geográfico donde se comparten datos, programas e ideas. Sus creadores son jóvenes y, que duda cabe, inteligentes. Acaban de sacar un libro con el nombre del sitio. Conversé con uno de ellos: Hernán Botbol. Este artículo se puede leer hoy en el diario “Río Negro”.

 -Hernán leyendo acerca del libro y pensando también en el Taringa net, recordé el famoso y millonario Selecciones del Reader’s Digest, un libro-revista que al final nunca soportó una categorización. ¿Se han imaginado un éxito o un producto semejante pero nacido en la red? (sería como encontrarle al fin la pata de oro a este gato)

-Desde que empezamos con Taringa, desde el día cero, siempre trabajamos para poder lograr que el sitio sea funcional, divertido, práctico y popular. Ese fue nuestro objetivo, nuestro idea. Podemos decir que con algo desuerte pero con muchísimo esfuerzo estamos consiguiendo lo que quisimos. 
El libro es una representación, una maqueta, de lo que Taringa! significa, es una recopilación de lo mejor y más interesante que se fue publicando por los usuarios.  Utilizamos filtros como “más favoritos” , “más votados”, “más comentados” etc, para hacer una primera selección de lo que al taringuero le gusta. Y si a los 2.4 millones de usuarios que tiene el sitio, los tomamos como una muestra representativa de la sociedad (estadísticamente cumple con la condición) podemos decir que el contenido del libro trata sobre lo que la gente quiere ver.
Por lo tanto, si el éxito está medido por las ventas, pensamos que sí puede ser comprado por mucha gente y ser un éxito.

-El hecho de lanzar este libro de Taringa es también un riesgo porque, hago hipótesis al respecto, tal vez ustedes estén tratando captar a un consumidor que lee en pantalla pero no en papel (ni compra) ¿Existe realmente una brecha generacional entre una forma de lectura y otra? o dicho de otro modo ¿Los seguirán sus lectores de la net al papel o esperan captar nuevos consumidores?

-Este es un libro que no compite con Borges, o con “Crítica de la razón pura” de Kant. Es un libro amigable, los posts son cortos, de interés general, tienen una duración máxima de 10 minutos, ideales para leer en el colectivo, en la fila del banco, en el baño… Además no es necesario seguir un orden lineal, se puede abrir el libro en cualquier página y siempre habrá algo interesante para leer.
Generacionalmente,  el público fuerte de Internet lee y escribe muchísimo más que la generación anterior (la que esta atrapada en la TV). El sólo hecho de conectarse a Interent y navegar, obliga a estar leyendo y escribiendo constantemente, y a tener el cerebro mucho más activo que lo suele estar al mirar televisión.
Dicho esto, emito que seguramente para el usuario leer el libro no opondrá mucha resistencia.

-¿Qué NO es Taringa?
-Taringa no es un sitio aburrido, monótono, previsible ni homogéneo.

-Si Taringa se viera tentada a cometer un pecado capital ¿cual sería este?
-Seguramente sería la lujuria…. Si es que justo está caído Poringa!

-¿Han soñado el futuro de Taringa? Y si fue así: cual fue el sueño más dulce y cual el sueño más amargo.
-Internet es uno de los mercados más dinámicos, más cambiantes y menos proyectables, por lo que constantemente debemos estar pendientes y atentos a los cambios y a las novedades que viene, no podemos tener un plan de acá a cinco años porque quedaría obsoleto en pocos meses.
De todas formas, como objetivo mayor, nuestro sueño es el de seguir haciendo crecer Taringa!, aumentar y agregar las funcionalidades y  expandir las regiones. (Ya salió Taringa! en portugués y en un tiempo más vendrá la versión en Ingles)
Un sueño amargo o pesadilla, se presentaría si se sancionan a nivel mundial leyes que restrinjan la libertad que tiene hoy Internet. Una Internet dominada y controlada por pocos o por un estado arcaico y sin posibilidad de expresión libre sería lo más triste que pudiera pasar.

 
-¿Cómo caracterizarías al consumidor de Taringa.net?
El consumidor/usuario de Taringa suele ser: Curioso,  divertido, pícaro, polémico, inteligente, colaborador.

-Debo confesarme alguien que empezó a ir a Taringa empujado por esa voluptuosa sección que antes tenía llamada Poringa. Luego que la movieron a una dirección propia no volví a la tierra madre ¿Es Poringa el hermano travieso de Taringa?
-Quizás, sea el un único caso en el mundo donde se haya formado una comunidad de gente que comparte material  pornográfico. Si bien hay millones de sitios pornos en Internet, al menos yo, no he visto ningún otro en donde sean los mismos usuarios los que crean, comparten y califican  el contenido.  Estoy seguro que no solo un sociólogo se haría una fiesta en el sitio.

-¿Hay modelo de negocio para Taringa? Lo digo justo ahora que parece un tema candente no sólo para ustedes sino para otros sitios que tienen millones de visitantes.
-Sí, por supuesto, desde el primer día tuvimos en claro el modelo de negocios y también tenemos claro que se mantendrá así. Como cualquier medio, Taringa intenta conseguir la mayor cantidad de visitantes para luego mostrarle publicidad de anunciantes.

-Si Taringa fuera una suerte de super cerebro o dios digital, qué respondería a los siguiente: ¿Existe Dios, según Taringa? ¿Maradona debe dirigir la selección, según Taringa? ¿Cual es la mujer más sexy de la Argentina, segun Taringa? ¿Algún libro que me pueda recomendar el dios Taringa (pero que no sea la versión libro de Taringa?), ¿Qué es la Argentina, según Taringa? ¿Qué es Taringa, según Taringa?
-Taringa sería por momentos ateo, por otros creyente, pero casi siempre cuestionaría a la iglesia.
-Si gana el equipo Maradona sería nuevamente un Dios, si pierde lo deberían crucificar.
-Hay muchas mujeres hermosas, pero la que seguro es la más deseada,  es Wanda Nara, quien ha mostrado muchas de sus excelentes habilidades.
-Seguramente alguno de Cortazar
-Argentina es: Los redondos, el asado, el sur, las minitas, el acento cordobés,  river, boca, el fernet con coca, la política, la pizza… Y una gran cantidad de cosas buenas y malas por las cuales nos peleamos, nos amamos y nos volvemos a pelear.

Golden Boys

hernan

Hernán Iglesias Illia es periodista. Ha escrito para medios como “The Wall Street Journal”, “El País” y la revista “Gatopardo”, entre otros. Tiempo atrás, no mucho, escribió un libro que ahora resulta imprescindible para entender factores emocionales a la vez que claves, del fenómeno bursátil y de todo lo que ha venido pasando en los últimos meses en los mercados financieros: “Golden Boys” o la crónica de los traders argentinos en Wall Street. Conversé con él.

-Con la crisis declarada en el mundo entero, ¿cómo crees que será a partir de ahora el comportamiento bursátil de los operadores? Me refiero a si los ves con los ánimos más moderados, tomando en cuenta los tiempos que corren, o seguirán con ese espíritu adrenalínico que los ha caracterizado.

-Los operadores están ahora con el rabo entre las patas, un poco confundidos por todo lo que ha pasado y también doloridos, porque la mayoría ha perdido muchísimo dinero y sus bonos de fines de año, pagados hace un par de semanas, desaparecieron o bajaron un 50% o 70%. Entonces todavía no han encontrado un estado de ánimo para la nueva etapa. Esta semana apostaron a que el nuevo plan del gobierno de Obama les iba a dar un impulso a las acciones del Dow Jones, pero el plan fue ambiguo, su presentación fue poco enérgica y los operadores volvieron a deprimirse.

-¿Crees que existe una verdadera relación entre el juego de la Bolsa y el interés de sus protagonistas por el momento económico de un país o, mejor dicho, existe una conciencia económica y social por parte de quienes intervienen en el mercado bursátil como operadores o inversores?

-En Estados Unidos es muy popular la idea de que cuando al índice Dow Jones le va bien le está yendo bien al país. Tiene sentido: si el precio de las acciones sube es porque las grandes empresas están ganando dinero, empleando más gente, contratando más proveedores, pagando más impuestos. Pero hay quienes dicen que esta relación se ha convertido en una obsesión y que muchas personas analizan la marcha de la economía “sólo” mirando el índice bursátil. Esta semana, Obama parece haberse apartado de ese camino: cuando le preguntaron por la mala respuesta de los mercados a su plan, dijo: “A veces a los operadores les lleva un tiempo entender las medidas”. O sea, que su objetivo principal no ha sido seducir a la Bolsa. Con respecto a la segunda parte de la pregunta, la respuesta es no: en un mercado competitivo e instantáneo como el de la Bolsa de Nueva York, no hay espacio para pensar en qué podría ser mejor para la economía. Las millones de interacciones diarias emiten un solo mensaje al final del día, pero es uno en el que cada uno de los participantes tiene una influencia mínima.

-¿Provocará la crisis un cambio obligado en las culturas bursátiles y de capitales de riesgo, o luego de pasado el susto se volverá a las tradicionales prácticas algunas de ellas paroxísticas?

-Habrá un cambio si cambia la regulación. Dos puntos fundamentales para ponerles riendas a los operadores están, supuestamente, en estudio por el gobierno estadounidense. Uno es limitar el “apalancamiento”, es decir, la cantidad de plata prestada que uno puede tomar para hacer una inversión. Muchos inversores, en el pasado, invertían 10 pesos propios y pedían otros 90 para comprar bonos o acciones y multiplicar por nueve sus ganancias. El problema era que así también, cuando explotó la burbuja y el paisaje cambió, multiplicaron sus pérdidas. El otro punto es modificar la forma de pagarles a los operadores de los bancos. Hasta ahora, había demasiados incentivos para que estos tipos tomaran decisiones arriesgadas: si les salía bien, a fin de año recibían un cheque gordo de varios ceros. Si, un año después, la apuesta salía mal, el banco quedaba desnudo, pero el operador ya tiene el cheque en su casa. Habría que diseñar, junto con los bancos, esquemas de compensación que den responsabilidades de más largo plazo y que pongan en los operadores un chip que los haga sentirse parte del lugar donde trabajan y del sistema que les da de comer.

-Me imagino que escribiendo tu libro “Golden Boys” debes haberte cruzado con algunos Gordon Gekko, ¿o esa figura es tan solo un ícono de la factoría de Hollywood?

-Es una figura más ochentosa que actual. En los ´80, cuando todavía no había demasiada tecnología ni información, muchos operadores se sentían “machos” por tomar decisiones a oscuras y por ganar. Los de ahora son más matemáticos, más “nerds”. Pero igual siguen siendo tipos con mucha autoestima y que necesitan sentirse importantes o talentosos, porque no es posible meter u$s 50 millones en una apuesta si uno no cree que está haciendo algo que nadie más está haciendo.

-¿Podrías contarme la Bolsa como si fuera un cuento para chicos?

-En los países normales (no en Argentina, donde la Bolsa es raquítica), las empresas medianas que quieren crecer venden una parte de sus acciones al público, es decir, en la Bolsa. Esas acciones se venden y se compran todos los días en el mercado donde está radicada la empresa. Si a la empresa le va bien, el precio de la acción sube, porque los operadores creen que tendrá mayores ganancias y, también, mayores dividendos, que son la parte de las ganancias que las empresas reparten una vez por año entre sus accionistas. Si a la empresa le va mal (y todo el mundo lo sabe, porque una de las desventajas de salir a Bolsa es la obligación de publicar reportes constantes), el precio baja.

-¿Qué visión tienes de los Estados Unidos hoy como economía y como cultura?

-Es una pregunta un poco larga de responder, pero mi visión de Estados Unidos es en general positiva. Queda raro decirlo en un país (Argentina) que, según las encuestas, es uno de los dos o tres con peor opinión de Estados Unidos en todo el mundo. Pero son cosas pequeñas y grandes, costumbres diarias de la gente y formas de organización de uno con respecto al Estado y la sociedad, en las que con el tiempo me he sentido cómodo y he aprendido a admirar.

-¿Podrías adelantarnos en qué libro estás trabajando ahora luego de hacer uno como Golden Boys?

-Estoy escribiendo un libro sobre Miami, que se publicará a mediados o fines de este año. Es un libro sobre la latinización de Miami y sobre cómo la ciudad, que hace 20 años estaba en decadencia y parecía a punto de explotar, se ha recuperado y convertido -gracias, en buena medida, al aporte de los latinos, cubanos y no cubanos- en una ciudad global.

Publicada originalmente en diario “Río Negro”

Elogio de la literatura futbolera

futbolsabados

Ariel Scher es autor de entrañables crónicas deportivas. Su prosa tiene la virtud de congelar los momentos y de buscar y descubrir paisajes donde no se tejen las obviedades. La calidad de su obra periodística y literaria lo ha dejado en la misma línea de otros grandes cultores de este género como fueron Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y, desde el otro lado del Atlántico y cuando no estaba ocupado en Pepe Carvalho, Manuel Vázquez Montalbán.

Scher acaba de publicar un libro, “Fútbol en el Bar de los Sábados”, que recopila su columna semanal en “Clarín” y también algunos cuentos que quedarán en la memoria de quien los lea.

-¿Creés que a través del fútbol se puede realizar una lectura de la sociedad en la que vivimos? Me refiero a una lectura cultural, social o incluso política de la realidad.

-Creo que el fútbol, como muchas otras cosas, es una herramienta múltiple. Nos puede volver más libres o más necios, más observadores o menos, más justos o todo lo contrario. Convertido en un espectáculo central en una vida en la que todo parece volverse un espectáculo y, a la vez, consolidado como una identidad que liga a millones de personas entre sí, resulta lógico que sea un cristal a través del que mirar montones de cuestiones. De todos modos, me parece que está claro que cuando se hace literatura a partir del fútbol lo que básicamente se hace es literatura. Y lo mismo vale para la sociología o para la política. De nuevo: en ese sentido, el fútbol es una herramienta.

-Algunos de tus cuentos me hicieron pensar a otros autores -Fontanarrosa, obvio, Manuel Vázquez Montalbán- que han cultivado esta suerte de subgénero donde el fútbol emerge como una piedra basal o pretexto para desarrollar una literatura entrañable ¿Por qué no ocurre esto con otros deportes? O, mejor dicho, ¿cuáles son los elementos que posee el fútbol y qué lo hace un material tan apto para la literatura?

-Si es que existe, como decís, una desproporción entre el desarrollo de una literatura a partir del fútbol respecto de la literatura generada desde otros deportes, tiene que ver con las desproporciones que hay, en muchas sociedades, entre el fútbol y otros deportes. De todos modos, el fútbol expone la condición humana desde tantos lugares que parece lógico que estimule a escribir. La pasión, la lealtad, el juego, las esperanzas, las desesperanzas, el amor, la frustración, las convicciones, lo moral, la estafa, la consagración, la notoriedad, el anonimato, la individualidad, la masa… todo eso está en el fútbol y todo, también, conforma la temática básica de cualquier literatura.

-Está probado que se puede establecer una literatura a partir del fútbol. Vos, en tanto periodista y analista del fútbol, ¿realmente creés que se pueden desarrollar teorías de táctica y estrategia en el juego (tal cual alguna vez lo hizo, aunque para la guerra, Clausewitz) o es como dice Maradona, que el fútbol fue, es y siempre será el mismo?

-En muchos sentidos el fútbol es el mismo o es portador de lo mismo: una expectativa de jugar y de hacerlo con otros; una técnica, una estrategia, un despliegue individual y un despliegue colectivo. Pero añadió unas cuantas complejidades y es evidente que hay tácticas y estrategias que lo enriquecen o lo empobrecen. Desde esa mirada -y atendiendo a que ahora el fútbol es un mundo de juegos pero también un mundo de negocios, de espectáculos y de más cosas-, el fútbol es el mismo pero también es otro.

-¿Cuál fue el mayor de los placeres que te provocó iniciarte en el camino de la literatura deportiva?

-El mayor placer de escribir es escribir. Eso mepasó con “Fútbol en el Bar de los Sábados”, este último libro de cuentos. La temática deportiva, en todo caso, es una oportunidad de hacer esa literatura en un mundo que tiene que ver con mi historia, con mis ilusiones, con mis rutinas y con mi constitución como individuo. Y con la historia, las ilusiones, las rutinas y la constitución como individuos de muchísima gente.

-¿En qué jugadores o entrenadores pensás como perfectos personajes literarios o que podrían protagonizar una novela o una historia disparatada?

-Todos los jugadores pueden disparar historias si recordamos que todos somos jugadores, los notorios de éste u otros tiempos o los que nos seguimos esmerando y esperanzando con nuestro partido semanal entre amigos.

-El fútbol ha cambiado, creo, en muchos sentidos en los últimos años. ¿Cómo debería influir en la narrativa y el estilo de quienes lo escriben?

-En el terreno más específicamente literario, los cambios pueden ser disparadores de nuevos ejes narrativos. En el campo de la reflexión social a partir del fútbol, observar los cambios es, otra vez, una oportunidad para observar las lógicas, las búsquedas y las mugres de este tiempo. El fútbol traza un campo propio de análisis, pero al mismo tiempo dibuja otros muchos campos para recorrer con el análisis.

-Por otro lado, el deporte se ha transformado en un organismo en expansión. Uno piensa que hay periodistas que sólo y exclusivamente hablan de fútbol. ¿Cómo creés que opera esto en la profesión y en la psiquis del profesional?

-No creo que el eje del problema sea cuánto se habla de fútbol sino cómo y con qué contenidos se aborda el fútbol. Jorge Valdano dijo bien más de una vez que el periodismo deportivo construye un show dentro del show. Así pasa y por eso, bajo el argumento falaz de que “eso es lo que le interesa a la gente”, se hacen largas especulaciones sobre verdaderas idioteces o minucias evidentes. Si la minucia, la pavada, es el campo temático, como señaló el investigador Carlos Mangone, entonces el periodismo deportivo y sus profesionales producen, producimos, pavadas. Pero el fútbol, como tantas otras dimensiones de la realidad, puede promover la capacidad crítica de las personas y de los periodistas. No es eso, claro está, lo que los medios requieren del espectáculo del deporte en este tiempo. La tendencia es entretener -algo que no tiene nada de malo en sí mismo-, pero entretener desde lo trivial y, a veces, hasta desde lo burdo.

-¿Hay una anécdota especial que te gustaría relatar aquí mismo en un terreno literario para un lector de esta entrevista?

-Un cuento puede estar en muchas partes. El cuento más largo de “Fútbol en el Bar de los Sábados” se llama “Oficios de goleador” y se lo debo a Facundo Sava, un gran goleador y un amigo muy inteligente. Estábamos hablando por teléfono y él me dijo por qué creía que valía la pena gritar los goles. Facundo me estaba dando un punto de vista, una percepción de la vida. Pero, en realidad, me estaba poniendo delante de una buena historia.

Publicado en diario “Río Negro”

¿Cuánto me das por mi mujer?, Jacobo

abrasha

Abrasha Rotenberg se ha hecho tiempo para todo. Junto a Jacobo Timerman fue fundador y director de “La Opinión”, escritor (es autor de “Historia confidencial” y “Última carta de Moscú”, entre otros), periodista y editor (al lado de Manuel Aguilar fundó en España la editorial Altalena). Este padre de hijos famosos soportó el exilio y a la distancia se reveló como un coleccionista de chistes judíos. De eso se trata su último libro titulado, sin más preámbulos, como “Chistes judíos que me contó mi padre”.

-Son muchas vidas en una. Recuerdo su muy interesante libro “Historia confidencial. La Opinión y otros olvidos”, y ahora nos encontramos con este “Chistes judíos que me contó mi padre” (Libros del Zorzal). ¿Cómo nace la idea de elaborar un volumen con chistes judíos?

-Éste es un libro que ya había sido editado hace algunos años en Europa. Tuvo una edición bellísima en Portugal y ahora sale acá, he recopilado algunas cosas más y nuevos chistes que fueron incorporados. Es un destino agradable el de este libro. Son historias familiares que juegan con la exageración de lo real. Con la hipérbole de los hechos. No es un libro crítico o irónico, es más bien una autobúsqueda que hace hincapié en rasgos culturales que terminan en un chiste o en una situación cómica.

-¿Hay un chiste judío, es decir, podría tipificárselo?

-La clave de estos chistes es la exageración. Una situación que tiene un origen familiar, cotidiano y que ha sido ampliado en función del chiste. Es un humor que se remonta a épocas difíciles. Muchas veces, de fondo, se describen situaciones de pobreza o necesidad y el chiste en sí refiere a algo cómico que produce alegría. Los personajes se transforman en protagonistas de una contradicción.

-Esto es básicamente reírse de los defectos o de una serie de pecados que, contados con ingenio, nos hacen reír. Imagino que parte de todo lo que cuenta realmente existe.

-Uno le pone el acento a un rasgo de la personalidad o de los hechos, lo subraya. No quiere decir que sean exactamente de ese modo, pero exagerándolos se vuelven más cercanos y más graciosos. Es una de las formas que encuentro de digerir la realidad que a veces no es tan divertida ni alegre.

-El humor judío está atravesado por una especie de autocrítica, si se la puede llamar así. Es el caso del rabino al que le han robado su caballo y quien en medio de un sermón condenando el robo y la lujuria, se da cuenta de que lo olvidó en casa de su amante. O del otro que quiere venderle su mujer a su amigo a cambio de nada.

-El humor judío tiene elementos muy tradicionales, algunos propios del siglo XIX. Viene de momentos de crisis que luego fueron transformados en una anécdota. La debilidad del prójimo por ser un avaro o un tipo que en el fondo tuerce las reglas, se utiliza casi como un elemento de ternura o risible. Hay situaciones en los chistes que hacen recordar las costumbres de los pueblitos de Rusia. Hubo épocas de mucha pobreza que involucraron a la cultura judía, de estas vivencias salieron reelaborados los chistes. Es también el humor que nace en el exilio y en condiciones difíciles. Es el contraste entre lo que es judío y lo que no. Y, claro, es el humor de Woody Allen.

-El humor como una oportunidad de reírnos de nosotros mismos aunque suene a un cliché.

-Sí, el humor puede ayudarnos a soportar la adversidad y consolarnos.

Publicada originalmente en “Río Negro”