Por siempre jamás

michael

Los ídolos pop no mueren. Al menos esto presuponen los fanáticos. Porque si a John Lennon un desquiciado no lo hubiera matado a tiros aun estaría entre nosotros. Mike Jagger continúa saltando como un poseso sobre el escenario y su contraparte, Keith Richard, todavía mantiene extraños diálogos con su guitarra incluso después de caerse de cabeza de un cocotero. Charly García insiste. Sandro aguarda por un supertrasplante. De Jim Morrison sólo hay especulaciones. Y Elvis, Elvis está vivo. ¿Michael Jackson muerto? No, eso sería demasiado si fuera real. La noticia es un cuento. La parafernalia del acto de ayer no hizo más que corroborar un hecho crucial: “Jacko” vive entre nosotros. En rigor, hace unas horas nomás, en el programa de Larry King (uno de los shows con mayor audiencia en USA), se vio un video grabado en Neverland donde se alcanza a observar cómo una sombra cruza la cámara ¡El fantasma de Michael vaga por los pasillos de “Nunca Jamás”! Han exclamado todos al unísono y con alegría desbordante. Ya vendrán las comunicaciones telepáticas, los mediums y los especialistas en transmisiones vía mail desde el más allá. Otra historia comienza. Por supuesto, las apuestas acerca de quien encarnará a Michael en el cine están sobre la mesa. Dicen que Johnny Depp firmó primero en una larga lista de aspirantes (no Will Smith, por favor, esta vez vos no) al trofeo. El último adiós al Rey del Pop, estuvo revestido de gestos de espiritualidad, juramentos y reivindicaciones raciales. Porque, no lo olvidemos, fue Michael Jackson, desteñido y todo, quien marcó el camino de su gente. La muerte del astro fue una pieza de energía concentrada que se expandió en el inmenso océano de la red. Si Lady Diana hubiera tenido semejantes recursos a su alcance su despedida también habría sido un enorme fluir digital. Pero fue otra cosa, en un tiempo muy lejano (poco más de 10 años). Irónicamente el final de Jackson ha venido a revitalizar su iconografía y su obra. Todo lo que estaba muerto mientras el artista estaba vivo, ahora goza de excelente salud. Sus discos se venden por millones, sus objetos personales representan el Santo Grial de los cazadores de fortunas, los derechos por su imagen han regresado desde un pasado mitológico para hacer rico a quién sabe quién, y su música, santo dios, su música nunca había recibido tanta atención desde ¿Bad? Y eso fue hace miles de años luz. Ahora sabemos que Jackson conservaba bajo siete llaves toneladas de canciones que nunca salieron a la luz por motivos que uno ya puede imaginar. A esta altura es una obviedad decirlo, hay Michael Jackson para rato. Sí, Jackson por siempre jamás.

Adiós al rey del pop

Dormido en su cápsula del tiempo Michael Jackson soñaba con vivir hasta los 150 años. No pudo ser. Se fue ayer de un paro cardiaco a los 50 y su final estuvo precedido por una interminable secuencia de transformaciones fantasmales. Dicen que cuando la noticia se hizo pública en Times Square de Nueva York se escuchó un gemido colectivo que venía de la gente apostada en la calle.
De Jackson se dijeron muchas cosas y hasta unos días atrás ninguna buena. Hubo un tiempo en que su vida estuvo colmada de alabanzas. Entonces se erigió sobre un trono tan vasto y millonario que aun en su decadencia post fin de milenio conservaba aire para no abandonar la carrera de los elegidos.
Justo en su momento de mayor gloria comenzó a cambiar. Subió una y mil veces al escenario de los Grammys para romper un récord de estatuillas en los ’80.
Pero Michael nunca se sintió conforme consigo mismo. Pronto se echaron a correr los rumores. Las fotografías lo revelaban cada vez más blanco. Su nariz fue perdiendo grosor. Su rostro se volvió tenso y brillante.
Michael Jackson inauguró el verdadero mito bizarro de su persona el día en que dio a conocer que dormía en una cámara especial que le permitiría preservarse más de un siglo. Con ese argumento justificaron sus conocidos el “desteñimiento” y con una obsesión por su hermana -La Toya- la rarísima operación nasal.
De adulto joven a niño eterno. De superestrella excéntrica a pervertido. De cantante vendedor a figura ausente de los charts para las nuevas generaciones. De exótico a patético. De negro a blanco.
Hace unos años un chiste radial decía que la policía norteamericana había encontrado sólo una cosa rara en la propiedad de Michael Jackson… Michael Jackson.
Su rostro payasesco, una careta ridículamente similar a la de “El Guasón”, sus acciones de hombre psíquicamente enfermo, sus obsesiones de artista “quemado”, borraron a medias una carrera artística increíble.
Existe un paralelo entre estos cambios físicos y la decadencia su carrera. Después de “Bad” fuimos testigos de constantes recopilaciones (alguien en la industria había confesado que sólo con sus recopilaciones Michael tendría dinero por muchos muchos años): “History: Past, Present and Future – Book I” (1995), “Invincible” (2001), “Number Ones” (2003), “The Ultimate Collection” (2004), “The Essential Michael Jackson” (2005), “Visionary – The Video Singles” (2006), “Thriller: 25th Anniversary Edition” (2007) y “King of Pop” (2008).
Jackson fue uno de los últimos dioses del pop que habían llegado a la cúspide sobre todo por sus enormes cualidades naturales antes que por los aparatos de marketing que hoy hacen, construyen y elaboran hasta las últimas consecuencias a un ser denominado estrella.
A través de su vida y de su carrera Michael Jackson nunca dejó de ser un genuino Michael Jackson. Y esa fue su gloria y su perdición.

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