Buscando

Cocinero de un barco mercante que atraviesa el Estrecho de Magallanes. Pintor de brocha gorda en Atlanta.

Encargado de una tanguería en Hamburgo.

El más humilde colaborador de un “high magazine” de la buena vida.

Poeta de una banda de rock punk.

Eterno aprendiz de arriero en los campos del sur.

Son apenas un puñado de las muchas vidas, de los incontables personajes, que me hubiera gustado encarnar.

Digo más, aún no he rendido mis armas. Aún pretendo ser quien no soy.

Mi vocación por el absoluto tiende a ponerme en constante ridículo pero, al fin de cuentas, la mía es una actitud romántica. Y eso, me vuelve inimputable.

El tipo que quiere hacerlo todo, que tiene una llave para cada puerta y un poema para cada malestar del alma es, antes que nada, un optimista.

Un caso perdido.

Carecer de vergüenza no es el menor de los requerimientos para este ir y venir por intenciones y oficios varios.

Además, el apetito por la multiplicidad, por la variedad y la mixtura trae aparejado un nada despreciable grado de frustración.

Por cuestiones de tiempo, energía o simple talento, los que así pensamos, estamos destinados a contemplar desde la vereda, cual niños pobres escrutando con sus narices el bienestar ajeno, como otros hacen a la perfección lo que para nosotros es un sueño.

Al menos conservamos el deseo y no es poco.

“Tantos libros y tan poco tiempo para leer”, creo que fue Bod Dylan quien lo dijo. Lo mismo puede aplicarse a otras facetas de nuestra vida. Tantos países, tantas aventuras, tantos sabores por probar.

Es cierto que nos ha sido concedido un privilegio, un destello dorado, pero en el marco de un plazo muy determinado.

Apenas unos segundos, tomando en cuenta el tamaño y la historia del infinito. En el espacio que ocupa una flor nos fue entregada en bandeja de plata la oportunidad de reinventarnos.

Nadie que yo sepa nació con el manual de la existencia debajo del brazo, sin embargo, presumo que la imaginación es un puente hacia números ocasos y otros tantos amaneceres. Una historia termina, sólo para que comience a rodar la siguiente. El saldo, la experiencia, en este sentido siempre nos saldrá a favor.

El día que aprendí hacer pan con mis propias manos y con mi propio sello, sentí que tocaba la piel de un tesoro perdido. Y estoy convencido de que en los libros que nos inspiran, en las película que nos disparan un pensamiento revelador, en las canciones que nos ubican a la velocidad de la luz en una ciudad que quisiéramos recorrer, hay mapas subterráneo hacia una mejor vida.

Hay una canción religiosa que U2 recuperó para su álbum “The Joshua Tree”. Siempre la recuerdo. Siempre pienso en ella como en un emblema. Dice: “I have climbed the highest mountains/I have run through the fields/I have run, I have crawled/I have scaled these city walls/These city walls/I Still Haven´t Found What I´m Looking For”.

Sí, supongo que de eso se trata.

Publicado en diario “Río Negro”

Lejos de U2

El tiempo no ha pasado en vano para ninguna de las grandes bandas que reinaron en los 70, los 80 e incluso de los 90 y que aun sobreviven a fuerza de estrategias de marketing y tozudez. U2 no es la excepción. La efervecencia creativa que una vez le conocimos a estos irlandeses -y podemos decir algo similar de los Rolling Stones, Pear Jam y Oasis-, ha mutado en una especie de electrocardiograma plano que no parece tener ya más saltos en su haber.

Lo interesante y complejo de todo este asunto es que en el caso de U2 no se trata además del declive de su popularidad, que se mantiene en constante crecimiento, sino de una exclusiva decadencia musical que a medida que se hace más y más evidente nos impulsa a recordar con cariño a algunos de sus mayores hits.

El último recital del grupo irlandés, en el estadio Rose Bowl de Los Angeles, fue seguido en directo a través de Youtube.com por 10 millones de espectadores. Y otro millón vió el espectáculo en diferido.

Sin embargo, de su flamante nuevo disco (ver nota central) “No Line on the Horizon” “apenas” si se han vendido 1 millón de copias. No puede achacársele toda la responsabilidad de este desinterés al cambio de paradigma en la industria discográfica. Hay otro elemento circundante y tiene que ver con la energía musical del grupo que a lo largo de décadas de ruta rockera ha ido mermando.

En la memoria colectiva U2 es ahora mismo mucho más la banda que interpretaba “With or Without You” que la reciente “Get on Your Boots”, lanzada en internet con bombos y platillos. Ya los foros indicaban que algo raro estaba pasando con el esperado single. Numerosos comentarios por parte de sus seguidores lo tachaban de artificial y aseguraban que sonaba similar a trabajos de otras agrupaciones.

Pensemos en esto: “The Joshua Tree”, el álbum editado en 1987, contiene además de “Con o sin ti”, a dos auténticos emblemas generacionales como “I Still Haven’t Found What I’m Looking For” y “Where The Streets Have No Name”. Todo en un legendario álbum que en calidad, entrega y honestidad no se volvería a repetir en la historia de U2.

En el camino hacia la gloria de la gloria -y en esta escena es donde encontramos a Bono más ocupado de su faceta política que en atender a las necesidades de su grupo- U2 ha perdido su capacidad para reinventarse. Después de confirmar su vigencia en los 90 con “Achtung Baby” -disco que incluye “One”- U2 se salió de sus propios moldes y buscó donde nunca lo había hecho antes. El resultado llegó dos años después, en 1992, con “Zooropa”, el más original y atrevido disco de la banda.

Su llegada marcaría un pico. De un modo osado aunque no definitivo U2 había mudado de piel. “Zooropa”, que se prolongó en la famosa gira Zoo TV”, contiene canciones de soberbia lírica y amplio registro rítmico y melódico, como “Stay”, “Babyface” y “Lemon”, más una tanda de canciones que destilan una atractiva influencia tecno-dance. Y en cierto sentido, eso sería todo.

Atrás habían quedado “The Joshua Tree”, “Rattle and Hum”, “War”, “The Unforgettable Fire” y canciones como “Sunday Bloody Sunday, “When Love Comes To Town” y “Desire”. Pero despues de “Zooropa” qué.

A partir de entonces U2, como un superhéroe que ha perdido sus poderes, no ha logrado sacar afuera lo mejor y más poderoso de sí mismo. ¿Aun lo tiene? Por estos días U2 es una digna imitación del U2 original.

Por supuesto que todavía podemos rescatar “Discothèque” del álbum “Pop”, la interesante “”Beautiful Day” de “All That You Can’t Leave Behind “Beautiful Day” y “Vertigo” de “How to Dismantle an Atomic Bomb” pero la palabra es esa: rescatar.

Existen diversos factores que sirven para entender esta realidad: los cambios en el proceso de distribución en el negocio de la música, es uno de gran importancia; pero también es cierto que la ausencia de Bono en el núcleo compositivo del grupo, como un verdadero ángel inspirador, y las vidas dispersas e inconexas de The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr., más los desgastantes años de rock and roll que han atravesado juntos, deben ser tomados muy en cuenta.

Lejos de sí misma, U2 se acerca peligrosamente al bronce.