Elogio de la literatura futbolera

futbolsabados

Ariel Scher es autor de entrañables crónicas deportivas. Su prosa tiene la virtud de congelar los momentos y de buscar y descubrir paisajes donde no se tejen las obviedades. La calidad de su obra periodística y literaria lo ha dejado en la misma línea de otros grandes cultores de este género como fueron Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y, desde el otro lado del Atlántico y cuando no estaba ocupado en Pepe Carvalho, Manuel Vázquez Montalbán.

Scher acaba de publicar un libro, “Fútbol en el Bar de los Sábados”, que recopila su columna semanal en “Clarín” y también algunos cuentos que quedarán en la memoria de quien los lea.

-¿Creés que a través del fútbol se puede realizar una lectura de la sociedad en la que vivimos? Me refiero a una lectura cultural, social o incluso política de la realidad.

-Creo que el fútbol, como muchas otras cosas, es una herramienta múltiple. Nos puede volver más libres o más necios, más observadores o menos, más justos o todo lo contrario. Convertido en un espectáculo central en una vida en la que todo parece volverse un espectáculo y, a la vez, consolidado como una identidad que liga a millones de personas entre sí, resulta lógico que sea un cristal a través del que mirar montones de cuestiones. De todos modos, me parece que está claro que cuando se hace literatura a partir del fútbol lo que básicamente se hace es literatura. Y lo mismo vale para la sociología o para la política. De nuevo: en ese sentido, el fútbol es una herramienta.

-Algunos de tus cuentos me hicieron pensar a otros autores -Fontanarrosa, obvio, Manuel Vázquez Montalbán- que han cultivado esta suerte de subgénero donde el fútbol emerge como una piedra basal o pretexto para desarrollar una literatura entrañable ¿Por qué no ocurre esto con otros deportes? O, mejor dicho, ¿cuáles son los elementos que posee el fútbol y qué lo hace un material tan apto para la literatura?

-Si es que existe, como decís, una desproporción entre el desarrollo de una literatura a partir del fútbol respecto de la literatura generada desde otros deportes, tiene que ver con las desproporciones que hay, en muchas sociedades, entre el fútbol y otros deportes. De todos modos, el fútbol expone la condición humana desde tantos lugares que parece lógico que estimule a escribir. La pasión, la lealtad, el juego, las esperanzas, las desesperanzas, el amor, la frustración, las convicciones, lo moral, la estafa, la consagración, la notoriedad, el anonimato, la individualidad, la masa… todo eso está en el fútbol y todo, también, conforma la temática básica de cualquier literatura.

-Está probado que se puede establecer una literatura a partir del fútbol. Vos, en tanto periodista y analista del fútbol, ¿realmente creés que se pueden desarrollar teorías de táctica y estrategia en el juego (tal cual alguna vez lo hizo, aunque para la guerra, Clausewitz) o es como dice Maradona, que el fútbol fue, es y siempre será el mismo?

-En muchos sentidos el fútbol es el mismo o es portador de lo mismo: una expectativa de jugar y de hacerlo con otros; una técnica, una estrategia, un despliegue individual y un despliegue colectivo. Pero añadió unas cuantas complejidades y es evidente que hay tácticas y estrategias que lo enriquecen o lo empobrecen. Desde esa mirada -y atendiendo a que ahora el fútbol es un mundo de juegos pero también un mundo de negocios, de espectáculos y de más cosas-, el fútbol es el mismo pero también es otro.

-¿Cuál fue el mayor de los placeres que te provocó iniciarte en el camino de la literatura deportiva?

-El mayor placer de escribir es escribir. Eso mepasó con “Fútbol en el Bar de los Sábados”, este último libro de cuentos. La temática deportiva, en todo caso, es una oportunidad de hacer esa literatura en un mundo que tiene que ver con mi historia, con mis ilusiones, con mis rutinas y con mi constitución como individuo. Y con la historia, las ilusiones, las rutinas y la constitución como individuos de muchísima gente.

-¿En qué jugadores o entrenadores pensás como perfectos personajes literarios o que podrían protagonizar una novela o una historia disparatada?

-Todos los jugadores pueden disparar historias si recordamos que todos somos jugadores, los notorios de éste u otros tiempos o los que nos seguimos esmerando y esperanzando con nuestro partido semanal entre amigos.

-El fútbol ha cambiado, creo, en muchos sentidos en los últimos años. ¿Cómo debería influir en la narrativa y el estilo de quienes lo escriben?

-En el terreno más específicamente literario, los cambios pueden ser disparadores de nuevos ejes narrativos. En el campo de la reflexión social a partir del fútbol, observar los cambios es, otra vez, una oportunidad para observar las lógicas, las búsquedas y las mugres de este tiempo. El fútbol traza un campo propio de análisis, pero al mismo tiempo dibuja otros muchos campos para recorrer con el análisis.

-Por otro lado, el deporte se ha transformado en un organismo en expansión. Uno piensa que hay periodistas que sólo y exclusivamente hablan de fútbol. ¿Cómo creés que opera esto en la profesión y en la psiquis del profesional?

-No creo que el eje del problema sea cuánto se habla de fútbol sino cómo y con qué contenidos se aborda el fútbol. Jorge Valdano dijo bien más de una vez que el periodismo deportivo construye un show dentro del show. Así pasa y por eso, bajo el argumento falaz de que “eso es lo que le interesa a la gente”, se hacen largas especulaciones sobre verdaderas idioteces o minucias evidentes. Si la minucia, la pavada, es el campo temático, como señaló el investigador Carlos Mangone, entonces el periodismo deportivo y sus profesionales producen, producimos, pavadas. Pero el fútbol, como tantas otras dimensiones de la realidad, puede promover la capacidad crítica de las personas y de los periodistas. No es eso, claro está, lo que los medios requieren del espectáculo del deporte en este tiempo. La tendencia es entretener -algo que no tiene nada de malo en sí mismo-, pero entretener desde lo trivial y, a veces, hasta desde lo burdo.

-¿Hay una anécdota especial que te gustaría relatar aquí mismo en un terreno literario para un lector de esta entrevista?

-Un cuento puede estar en muchas partes. El cuento más largo de “Fútbol en el Bar de los Sábados” se llama “Oficios de goleador” y se lo debo a Facundo Sava, un gran goleador y un amigo muy inteligente. Estábamos hablando por teléfono y él me dijo por qué creía que valía la pena gritar los goles. Facundo me estaba dando un punto de vista, una percepción de la vida. Pero, en realidad, me estaba poniendo delante de una buena historia.

Publicado en diario “Río Negro”