Teorías cinematográficas acerca del fin del mundo

thehappening

No menos de catorce películas acerca del fin del mundo se han visto en la pantalla grande en los ocho años que lleva el nuevo milenio. Cada una de ellas representa una teoría apocalítica. La desgarradora imagen televisiva de las Torres Gemeral envueltas en humo y llamas dejó en el imaginario colectivo una huella profunda. Hasta ese momento, las hipótesis acerca del fin de los tiempos tenían una abundante cuota de delirio o de lejana posiblidad que nos permitía asistir al espectáculo del cine con una actitud casi infantil. Sin embargo, la edad de la inocencia en la era de los atentados suicidas y en gran escala ha quedado definitivamente sepultada.

Ahora sabemos que un hecho brutal, de colosales dimensiones, es factible. Ya sucedió una vez. Como suele decirse en estos casos: la realidad ha superado a la ficción ¿Entonces, qué?

El cine de ciencia ficción tomó nota de esta sangrienta clase que nos dejó la historia reciente. Pero avanzar sobre un terreno sin pavimentar, como lo es la flamante conciencia de lo truculento y lo desquiciado para una sociedad que cree, ahora si, haberlo visto todo, ha requerido por parte de guionistas y directores diverso tipo de esfuerzos. Había que llevar el presupuesto de la finitud hasta límites nunca vistos. Algunos, pocos, hicieron un buen trabajo, los otros se quedaron cortos o bien sus ideas no pudieron reflejar un sentimiendo universal.

Si un día la civilización se enfrentara al último de sus días ¿cómo sería eso? ¿Qué elementos intervendrían? ¿Cuales serían las razones de su ocaso? Estas preguntas seguramente no difieren mucho de las que se han hecho estrategas militares y científicos por estos años.

Curioso o no los intentos de Hollywood por recrear el apocalípsis no estuvieron enfocados en la realidad. En la mayoría de los filmes el factor creativo se vinculó con ideas básicamente estrafalarias acerca de cómo podrían concluir los días de la humanidad en el planeta tierra.

Dragones salidos de las entrañas del plantea, extraterrestes (en buen número), monstruos de toda forma, caracter y color (en abundancia también), enfermedades altamente contagiosas, sucesos inexplicables que conducen al suicidio colectiva, investigaciones destinadas a encontrar reinos infernales, tecnología fuera del control de los hombres, son algunos de los items que componen el escenario de la destrucción masiva.

El Amageddon ha tenido un morboso atractivo sobre los públicos de todas las épocas. Pero, acaso por una ironía propia de la vida, ninguna teoría cinematográfica parece acercarse a los colapsos que terminan por filtrarse en la sociedad real. El filme “The bank” pudo, al menos en parte, haber prefigurado la actual crisis financiera. Y “La guerra de los mundos” (la novela primero y la primera película después) debió servir como una metáfora parcial de las tensiones desatadas entre dos culturas de concepciones políticas y religiosas contrapuestas.

Sin embargo, ninguna mirada futurista fue capaz de anticiparse al 11-9 (si bien un grupo rapper había diseñado para la portada de su disco un avión colisionando con las Torres Gemelas), como seguramente se quedarán por fuera de los próximos guiones los conflictos entre países que hoy permanecen en una paz tensa pero que mañana podrían hacer volar un país enemigo.

A igual que la publicidad, el cine ha desmostrado ser capaz, al menos en su versión más industrial, de asistir sólo con retraso al pensamiento y a las tendencias que ocupan al mundo contemporáneo. Su mirada ha permanecido fija en un territorio conocido y hasta cierto punto señalado (terroristas de la ex URRS o de origen árabe robando bombas atómicas, laboratorios multinacionales en poder de virus letales). Hasta hoy Hollywood no buscó verdadera inspiración en China o Africa, por ejemplo, dos geografías que ya fueron visitadas por la literatura actual y que deberían ser material de lectura e hipótesis de conflicto para militares, políticos y líderes empresarios.

El director M. Night Shyamalan, el mismo que nos sorprendió con la vuelta de tuerca de “El sexto sentido”, ha sido uno de los pocos realizadores que plasmó una idea original en su último filme: “The Happening”. La película -está en los videclubes de la región- adhiere a la teoría general de que la Tierra es un organismo viviente y que los hombres, como huéspedes inesperados, han agotado su paciencia. Un día la naturaleza se tomará su revancha.

Por lo demás, los filmes de estos últimos 8 años escasamente nos iluminan acerca del tema. Algunos al menos cumplen su función principal: resultan entretenidos. Obvios, pero entretenidos.

 

Resident Evil (2002). Dirigida por Paul WS Anderson. Con Milla Jovovich. Un filme de principio algo retorcido y que en sus secuelan va retorciéndose aun más. Una epidemia, las luchas entre facciones por perpetuarse en el poder mediante un arma letal (un virus) y una heroína que muere y reencarna cuantas veces sea necesario.

El imperio del fuego (2002). Dirigida por Rob Bowman. Con Christian Bale y Matthew McConaughey. Una muy lograda película de ficción que pasó bastante desapercibida. Una excavación en medio de una gran ciudad trae como consecuencia el despertar de un nido de dragones. El mundo no vuelva a ser el mismo y termina envuelto en llamas.

Señales (2002). Dirigida por M. Night Shyamalan. Con Mel Gibson y Joaquin Phoenix. Los extraterrestres invanden una vez más el planeta y sobre todo los Estados Unidos. Pero la colisión y el exterminio ocurren puertas afueras de una familia religiosa norteamericana atricherada y liderada por un religioso que dejó de creer. La historia deja lecciones por demás esotéricas. Una dice: todo lo que ocurre tiene un propósito.

Exterminio (2003). Dirigida por Danny Boyle. Con Cillian Murphy y Naomie Harris. Esto definitivamente podría ocurrir. Un virus que transforma a las personas en furiosos energúmenos invade Londres. Los que no mueren padecen una voraz sed de violencia. Perturbador filme que deja con un leve temblor en las manos. El DVD ofrece un final alternativo más optimista que el que finalmente dejó su director.

Terminator 3: La rebelión de las máquinas (2003). Dirigida por Jonathan Mostow. Con Arnold Schwarzenegger. Un futuro discutible y que a esta altura sólo se puede tomar con pinzas. Final de una saga que quedará en la historia y que comenzó con la entretenida “Terminator” dirigida por James Cameron.

 Amanecer de los muertos (2004). Dirigida por Zack Snyder. Con Sarah Polley. Una dulce enfermera sale de su trabajo sólo para descubrir que el mundo se ha vuelto loco. Hay algo de cotidiano en este filme que hace aun más creíbles las escenas de violencia callejeras impulsadas por una rara enfermedad que convierte a los seres humanos en muertos vivientes. Al final, sólo un puñado de personas queda indemne y deben ir en búsqueda de tierras seguras.

El día después de mañana (2004). Dirigida por Roland Emmerich. Con Dennis Quaid. Los especialistas aseguraron que los hechos que se mostraban en este filme jamás ocurrirían a esa velocidad. Aunque con los milenios, si, podrían suceder. Cuatro años después de estrenada, la Tierra nos sorprende con sus increíbles cambios de temperatura y clima en general. El debate continúa y la película sigue en los videoclubes.

La Guerra de los Mundos (2005). Dirigida por Steven Spielberg. Con Tom Cruise. Una civilización invade a otra en búsqueda basicamente de comida. Versión contemporánea del clásico literario de H.G. Wells. Este filme también hace pensar, y mucho, en el escenario real en el que un pueblo es oprimido por la violencia y las necesidades de otro mucho más poderoso.

Ultraviolet (2006). Dirigida por Kurt Wimmer. Con Milla Jovovich. Un virus mortal ocupa el cuerpo de un niño en una época en que el planeta es gobernado por un laboratorio militar. Violet una heroina, perteneciente a una facción de vampiros en decadencia, detendrá la agujas del tiempo cuando se robe al crío.

The Host (2006). Dirigida Bong Joon-ho. Excelente filme de terror de origen coreano que evidencia el desconcierto de una sociedad moderna frente a un hecho del todo inesperado. Un organismo cuelga de un puente y es fotografiado, grabado en video y más tarde alimentado como si se tratara de una atracción turística hasta que demuestra ser fatalmente hostil.

La Niebla (2007). Dirigida por Frank Darabont. Un experimento militar que la película no detalla abre una puerta hacia otra dimensión y esa dimensión es puramente infernal. Encerrados en un supermercado, un grupo de personas discute las maneras -y una de ellas es fanática- de hacer frente al miedo y a los monstruos que ocupan el espacio más allá de las vidrieras. Muy interesante adaptacion de una novela de Stephen King.

Soy leyenda (2007). Dirigida por Francis Lawrence. Con Will Smith. Hollywood siempre ha tenido predilección por los vampiros. En este caso ocurre lo obvio un virus desata una epidemia de chupasangres. Al final quedan un científico, el último hombre en el planeta, y la cura, por supuesto.

The Happening (2008). Dirigida por M. Night Shyamalan. Con Mark Wahlberg. Por motivos completamente inexplicables las personas comienzan a suicidarse en los parques de las principales ciudades del mundo. Y a mayor cantidad de gente agrupada más posibilidades de que los suicidios comiencen. Este guión de una manera o de otra podría permanecer en la agenda de actividades de la naturaleza. Varios expertos ya han apuntado teorías similares.

Cloverfield (2008). Dirigida por Matt Reeves. Con Lizzy Caplan y Jessica Lucas. De algún sitio, por algún motivo, un monstruo invade la ciudad y lo destruye todo. Es el principio del fin de la humanidad. Una nueva metáfora acerca de lo que pasó en Nueva York y luego en Madrid y, se supone, podría desatarse en cualquier momento y ciudad del mundo. Con el sello de J.J. Abrams que la produce. Un todo filmado con una cámara testigo que hace aun más desesperante la narración.

cloverfield

Anuncios

Lo que soy

No recuerdo quien soy. Lo he olvidado por completo. Quizás una nube pasando más allá del cielo y los planetas. Una estrella sin retorno. La luz oscura. Un agujero negro. No recuerdo si un día nos besamos y juramos morir el uno por el otro. No recuerdo a mi familia. No recuerdo a mis amigos. Todos han desaprecido ya de mi memoria. Un shock. Una explosión. Algo. Alguien los borró. Soy una tabla rasa sin valores. Permeable al cambio. Una hoja muerta colgada del último árbol. Soy una canción no escrita. Un beso a mitad de camino. El recurso que me queda. La verdad. El camino. La vida.

Torturous

truman

“When I saw ‘All My Sons,’ I was changed — permanently changed — by that experience. It was like a miracle to me. But that deep kind of love comes at a price: for me, acting is torturous, and it’s torturous because you know it’s a beautiful thing. I was young once, and I said, That’s beautiful and I want that. Wanting it is easy, but trying to be great — well, that’s absolutely torturous.”

Lo dijo uno de los más grandes actores de la actualidad: Phillips Seymour Hoffman.

La entrevista en The New York Times

Remakes

Los goonies, Doce del patíbulo, La fuga de Logan, Robocop, Los inmortales, Laberinto, Porky’s, Los siete samurais, Los pájaros, Viernes 13, Pesadilla en Elm Street, Treinta y nueve escalones, Piraña, La humanidad en peligro, Rocky Horror Picture Show, Conan el Bárbaro, Furia de titanes, Amanecer rojo, Footlose, Los Albóndigas en remojo.

Todas estas películas tendrán su remake en los próximos dos años. Hollywood pide a gritos nuevos guiones. O no.

Un artículo en El País

El fin de la era del Zapping

La teoría del televisor como aparato unidireccional se volvió obsoleta más rápido de lo que imaginábamos. La televisión no alcanzó a ejercer su reinado sobre las nuevas generaciones por más de medio siglo. Ya en los ’90 comenzamos a vislumbrar una nueva forma de relación entre la audiencia y los medios masivos. Para entonces las posibilidades, todavía circunscriptas a la llamada “caja boba”, eran no sólo enormes sino también, en ciertas áreas, secretas. Hasta dónde podíamos llegar se preguntaban analistas y consumidores. ¿Acaso íbamos a ser capaces de elegir nuestra propia película en lugar de hacer zapping el domingo por la tarde? ¡Guau! Casi 20 años después el zapping ya es un cadáver, por lo menos para jóvenes y adolescentes. Los internautas han terminado por relegar la televisión como eje de sus consumos visuales para sumergirse en un universo fantástico que tiene a los buscadores como perfectos guías del deseo.

El zapping era un salto vacío. Un acto que de tan repetitivo se volvía agotador. Un elogio del aburrimiento existencial que firmó su sentencia de muerte el día en que la audiencia tuvo la opción de navegar. Otro acto sencillo aunque complaciente que equivale a la búsqueda de un tesoro autoinvocado. Pongamos un simple ejemplo: en un reproductor de música gratuita como Deezer, alcanza con escribir las iniciales de un artista que nos interesa para que el mismo buscador del sitio nos ofrezca decenas de músicos de similares características que podrían interesarnos. Alguien bautizó este servicio como “radio inteligente”.

En breve ocurrirá lo mismo en la red, cuando nos dispongamos a disfrutar de un clásico del cine de vaqueros y en la pantalla -arriba, abajo, al costado- nos indiquen amablemente los westerns que no deberíamos perdernos después. Genial.

Los chicos de hoy se adentran en la web pero difícilmente naufraguen. El hundimiento de los internautas fue un fenómeno muy típico de los fines de los ’90 y principios del nuevo siglo. Quienes recién se atrevían a esta aventura de múltiples opciones estaban frente a la encrucijada de entender el proceso o aburrirse. Aquel dilema ha sido barrido de plano por programas guías que hacen que cada uno encuentre un resto de su deseo o vocación entre los millones de sitios que alimentan este organismo en constante desarrollo.

Cada día quedan menos tópicos y palabras que no encuentren su equivalente virtual. El ingreso de los contenidos de ficción en formatos condensados y de buena calidad marcará el fin de la televisión. No es casual que muchos chicos al ver un programa en su tradicional televisor se sientan tentados de exigirle al aparato una performance que le queda grande. Entonces se fugan a la computadora (que más temprano que tarde también mutará). Muchas de las cadenas norteamericanas ya han instalado sus grillas de manera gratuita en internet.

No hay forma de detener el funcionamiento de un sistema que imita al cerebro humano y su fastuosa capacidad de elaborar alternativas. Hoy mismo ver una serie por internet implica saltarse un aviso publicitario o verlo de un modo personalizado que nos invita a pintar de rojo el auto que nos están vendiendo. Significa también poseer el tiempo y la forma sobre el contenido: el cuándo, el cómo, el qué. A esto se le suma una serie de posibilidades que ya están lejos de la ciencia ficción: mandarles un mail a los actores, charlar con otros fanáticos del programa, acceder a escenas borradas y al backstage, proponer un nuevo guión, votar el próximo show y hasta compartirlo mediante un link (vía Facebook o Blogger) con otro amigo o embeberlo en el propio blog, donde la telaraña seguirá creciendo y creciendo.

Lo que los nuevos medios están haciendo con las audiencias es, en buena medida, lo que éstas están haciendo con ellos. Como adultos, tal vez, no habría que temer tanto y postear, chatear y linkear más.

Publicado en “Río Negro”