Querido Chet Baker

Verano de 1952, Los Angeles. Chet Baker se entera de que esa misma tarde Charlie Parker iba a tomar audiciones para unas presentaciones. Llega al lugar con algo de retraso. Lo sacan de entre la penumbra toca y se queda con el puesto. Tenía 22 años.
Veamos el relato del propio Baker : “Fue por medio de Dick Bock. Creo que él le habló de mí a Bird y me mandó un cable avisándome de la prueba para trabajar con Bird trece semanas en el club Tiffany. Me presenté y después de estar unos minutos acostumbrándome a la penumbra, me percaté de que allí estaban todas las trompetas de Los Angeles: Jack Sheldon, los hermanos Candoli, todos… Bird acabó de tocar con uno de los trompetistas que hacía la prueba, cogió el micro y dijo: ¿Está ahí Chet Baker? Subí, tocamos juntos dos temas. Paró la audición, les dio las gracias a todos y dijo que me contrataba para este trabajo”. A Bird le quedaban tres años de vida.
A pesar de su vida apurada Baker sobrevivió. En 1968 perdió la mandíbula, una paradoja siniestra para un trompetista. Se especula con que sus “camellos” le quisieron dar una eterna lección por no haberles pagado su dosis periódica de heroína. No es  poco quitarle “esa” parte de su cuerpo a uno de los más brillantes trompetistas de todos los tiempos.
Pero con la mandíbula partida y todo, y después de un duro purgatorio en una estación de servicio donde debió trabajar para ganarse el pan mientras se recuperaba, volvió a los escenarios. Y con un sonido nuevo. Su boca maltrecha creó matices de ensueño a partir de 1973.
Grabó a partir de ese momento en Estados Unidos. Alemania, Francia. Chet estaba de vuelta. El 13 de mayo de 1988 alguien o él mismo, lo lanzó por la ventana de un hotel en Amsterdam. Fue su último golpe contra la tierra.
El sonido de Chet Baker no es estrictamente sensual aunque él fue un símbolo erótico durante su juventud. De la misma calaña que otro carilindo: James Dean.
Porque Chet era atractivo como una foto. Su rostro: un elogio a la perfección. Hay una foto insólita que lo retrata con sus gloriosos veintitantos abrazado a una morocha que mira a cámara con decepción.
Decía Chet, de su forma de tocar la trompeta, su estilo: “Opto por el lado oscuro, un poco por debajo de la tonalidad, no llegando realmente al bemol, pero sí un poco bajo. Prefiero afinar ligeramente bajo y luego tocar en el tono.
Chet sabía susurrar con la trompera, pero logrando un sonido puro (¡Dios que difícil es eso!), y también con la voz.
Fue y volvió por los caminos de la droga, el alcohol y el dolor de existir. Fue un maldito. Un redimido y por sobretodo un artista excepcional.
No una sino varias veces le ganó la partida a la muerte.
Dejó una “parba” de grandes discos, muchos con su cuarteto y otros tantos con su quinteto. Hay un verdadero clásico llamado “Chet Baker en París” que contiene algunos de los mejores momentos del músico.
También hasta hace no mucho se conseguía a buen precio en la colección “Jazz & Blues” el CD: “Chet Baker” en el que interpreta varios temas junto a Stan Getz y Al Haig.
En su autobiografía: “Como si tuviera alas. Las memorias perdidas de Chet Baker”, el músico recuerda aquel encuentro crucial con otros detalles. “Un día de verano del 52 volví a casa y me encontré un telegrama bajo la puerta. Era de Dick Bock, creo recordar, y decía que Charlie Parker iba a realizar una audición para trompetistas, pues buscaba uno para unas cuantas fechas en diversos lugares de California. La audición iba a celebrase ese mismo día a la tres de la tarde en el Tiffany Club. Me apresuré todo lo que pude y llegué con un poco de retraso; desde afuera oí a Bird repasando un tema con algún trompetista. Al entrar en la penumbra del local adiviné a Bird en el escenario, volando en pleno blues. Me quedé sentado un par de minutos, mirando a mi alrededor. Reconocí a muchos trompetistas; había bastantes conocidos que de alguna manera se habían enterado de que Bird iba a estar allí. Vi que alguien se acercaba al escenario y le decía algo a Bird. Me sentí incómodo, mejor dicho muy nervioso, cuando preguntó al gentío si estaba yo en la sala y si estaba dispuesto a subir a tocar con él. Se había saltado a un montón de instrumentistas, algunos de los cuales tenían bastante más experiencia que yo y eran capaces de leer cualquier partitura.
Tocamos dos temas. El primero fue The song is you y luego
hicimos un blues escrito por el propio Bird en clave de sol, que titulaba Cerril. Por suerte, yo lo conocía. Después de Cerril anunció que la audición había terminado, dio las gracias a todos y dijo que me contrataba para la gira. Hicimos dos semanas en el Tiffany tocando con Scatman Crothers, aunque la verdad es que bien pudo ser Harry The Hipster, no recuerdo bien. En cualquier caso, era increíble estar en el escenario con Bird”.
Nunca un grande recibe la atención que merece. Por eso no nos sorprende que José María Casalla en su “Jazz Moderno (Una guía definitiva)”, diga sencillamente de Chesney H. “Chet” Baker –aunque con mucha razón- que: “había nacido en Yale, Oklahoma, el 23/12/1929. Y –además de su trompeta influida por Miles Davis- durante mucho tiempo atrajo al público femenino con su voz y su aspecto de galán tipo James Dean. Con problemas de drogas durante toda su vida, Baker llegó a sobresalir como un solista de sonido liviano y claro, y con frases de ideas simples y hermosas. Emigrado a Europa, murió en Amsterdam, Holanda, el 13/5/1988”. Eso es todo.

Jordi de la Nuez

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