Argumentos repetidos

 

No todas pero casi todas las películas terminan repitiéndose. Y en ese casi radica uno de los sentidos de la vida.
Al tope de una imaginaria lista donde se registren los argumentos más usados deberían estar los filmes de acción, luego los de terror, luego las comedias, luego las películas de carácter humano, luego la realidad real. 
Ocurre porque es fácil. Porque la inercia sólo conduce a la inercia. Porque prueba a las almas bien pensantes que el sistema sirve, que las cosas funcionan y que la felicidad o la infelicidad, por periódicas, aberrantes o extrañas que resulten, siempre pueden ser invocadas cuando lo necesitamos. 
¿Necesitas un poco de tensión? Nada como un asesino que muere pero que renace cuchillo en mano en la ducha. ¿Un poco de risas? Ahí lo tienen al joven drogón (último animal de la fauna americana disoluta) que no entiende nada, no sabe nada pero permanece sentado, escuchando las desgracias ajenas con una sonrisa tonta en los labios y los ojos inyectados en sangre. 
La mayoría de los argumentos nos inducen al deja vú. En algún sitio, en algún momento, en algún tiempo pretérito, hemos probado ya ese plato. 
La vida imita a las películas. Torpemente pero lo hace. 
Claro, hay una diferencia sustancial con el cine: nuestro vivir carece de guión. Aunque nos esforcemos en ponerle límites al azar jamás estaremos seguros de cómo sigue y cómo acaba la historia que protagonizamos. Digo, al final todos morimos, el asunto es cómo se resuelve el trayecto de una punta a la otra. Con qué colores, bajo que escala armónica y a qué ritmo. 
Hay días en que la pregunta “cual es el sentido de esto” nos queda grande. En otros, en cambio, tenemos argumentos a mano que nos convencen y tranquilizan. Disfrutar de las pequeñas cosas, podríamos responder y sería suficiente. Y si no alcanza entrevero para la ocasión una frase de Jünger: como niños que juegan, recrear en las pequeñas cosas la creación de dios.
Ignorantes o preclaros, lo cierto es que nuestra película aun se está filmando. Estamos gestando destino. Cada mañana surge como una oportunidad de escribir con estilo y creatividad el siguiente capítulo.  
Perdidos o encontrados, tristes o dichosos, queriéndolo o no, estamos siempre en posesión de nuestros sueños. Unos entrenarán para subir un cerro, otros comenzarán a escribir un libro, alguien querrá aprender un nuevo idioma, un oficio o componer un blues. 
Sobre la página en blanco debemos anotar la primera letra.

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