La humillación de Phillip Roth

 

La pequeña geografía de un libro puede contener la vida misma. No deja de resultar sorprendente que en un espacio incluso menor al habitual alguien sea capaz de decir tanto y tan profundamente.
Por supuesto, no ha sido cualquier pluma la que ha logrado el milagro. Se trata de Phillip Roth en su último libro “La humillación” (Mondadori).
Esta es la historia de un hombre acabado que ya no busca ningún tipo de redención. A sus 65 años el actor Simon Axler ha llegado al ocaso de su carrera.
No lo saben con certeza sus admiradores a pesar de sus últimas y lamentables actuaciones, ni su círculo íntimo, que lo descubrió internado en un hospital psiquiátrico, ni su agente, quien no se resigna a perder a una de sus estrellas preferidas a manos del oscuro fantasma del pánico escénico.
En el fondo de todo Axler entiende que su fuego sagrado se ha apagado. No se trata de miedo, no se trata del temblor en las manos antes de salir a escena, no es la inexplicable incomodidad que siente tras bambalinas o las odiosas previas a cada actuación. Es algo mucho más complejo. La energía que un día movió cada uno de sus músculos interpretando clásicos de Shakespeare simplemente desapareció.
Una vez hechas las aclaraciones del caso, Axler, emprende la retirada. Se convierte en un mueble más de su cómoda mansión en las afueras de Nueva York y espera, no sin tormento, la muerte. Pero Simon Axler no es un hombre deprimido a secas. A sus años y con su basta experiencia Axler está mas moldeado por la sabiduría que por la idiotez. Mucho más, diríamos. De modo que sus reflexiones, sus puntos de vista acerca de sí mismo y de la fauna que un día lo rodeó son verdaderas piezas de inteligencia. Su alma se ha perdido pero le queda la palabra que como un morboso legado nos alcanza a sus testigos.
“No es una cuestión de confianza. En el fondo, siempre he tenido la sensación de que carecía por completo de talento. (…) No, es una cuestión de falsedad, pura falsedad, tan penetrante que no puedo hacer más que decirle al público desde el escenario: “soy un embustero, y ni siquiera sé mentir bien. Soy un fraude”, explica definitivo el actor a su agente.
La caída de este ángel, que una vez iluminó el firmamento del teatro americano, es tan brillantemente relatada que uno no puede menos que sorprenderse por el resultado filosófico, por un lado, y literario por el otro, del libro de Roth.
En el medio de la catástrofe psicológica Axler se encuentra con una mujer. Una que acaba de terminar una relación homosexual con alguien que después de un largo tiempo ha decidido convertirse en hombre. Entonces Axler se funde en un vínculo inesperado que comienza a alentar sus olvidadas ganas de vivir. El desenlace está fatalmente reñido con el optimismo. Para Axler no hay más oportunidades sobre la mesa.
La sinfonía de elementos excitantes y patéticos que caracterizan su derrotero, alcanzará aquí su clímax.
Al filo de su angustia mortuoria Axler nos entrega servido en bandeja de plata un último gesto elegante: un poco más de su concepción del mundo y de las personas.
Serán también un gesto literario puesto que uno no debería olvidarse que el dolor ajeno también puede ser una herramienta para reinventar el propio camino.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s