Probablemente libres

 

No me lo creo.
Que esto sea una mera coincidencia. Que estemos hablado del más puro azar. Que las puntas de las enormes líneas de fuego, esas que nos representan, se encuentren “porque sí” para establecer un nuevo lenguaje. Que la cosa fluya como un río o brote o explote sin una razón. Sin un deseo preestablecido. Sin una voluntad milenaria que nos guíe o se burle o qué sé yo. Y qué sabe nadie.
La vida es corta, dice el galán en su película. No, corrijo, dice: “life is short”. Y va vestido de un modo elegante. Y fuma. Y mira hacia un horizonte que jamás alcanzará. 
La vida es el perfume fugaz de los dioses. Una instantánea que como la nieve va derritiéndose. Va apagando sus colores. “¡Qué poco me quedaaaa!”, exclama mi madre mientras atravesamos en camioneta el sur hacia su campito, y las montañas y los glaciares y los desiertos me resultan eternos. Tiene 66 y una vez tuvo 20. Allá vamos. 
Esta, en verdad, es una cuestión de tiempo. De aquello que queremos y no podremos hacer porque el reloj nos persigue igual que un cazador empecinado. De tiempo y voluntad. Lo que deseamos, lo que podemos, lo que decidimos, lo que intentamos.
Soy un rebelde sin causa que intenta explicar la inexplicable. Rechazo la idea de mi finitud y en el mismo esfuerzo me condeno y la confirmo. No hay dados en el aire, hay escritura sagrada, tatuaje estelar, palabras sueltas en un idioma ajeno.
Mientras tanto me entretengo. Me ocupo. Acabo de terminar tres libros a las carreras. Porque tal vez mañana. Tal vez mañana. Una novela de Serguio Olguín, “Oscura monótona sangre”, sobre la depravación y el camino al infierno de un empresario aburrido, “Cosmética del enemigo” de Amélie Nothomb, acerca de la locura y la violencia desentrañadas en la vacuidad de un aeropuerto y “Deception” de Phillip Roth, que relata el patético ocaso de un famoso actor teatral. 
Todas hablan de la muerte. De la enfermedad de la psiquis. Del paso de las horas y de los momentos que fueron dulces o agrios, pero que ahora corren a una velocidad inaudita. Atraviesan desenfrenados la mirada perdida de los protagonistas.
Sin embargo, desde su óptica sombría y desgarradora, cada uno de los libros deja abierta una puerta. 
Entre tragedias, entre penas que parecen definitivas, al menos, permanece vacante un espacio para la redención. Si este es un plan secreto, un juego en el cual interpretamos a veces peones, a veces reinas, a veces nada. Si las estrellas hablan en un lenguaje angelical y esquivo, entonces nuestro pasaporte lleva timbrada una visa que autoriza el siguiente salto. Frente a la exactitud del destino nos volvemos seres accesibles. 
La fragilidad nos permite discurrir sobre la contradicción: delicados y por lo mismo valiosos. Mortales y por eso mismo desvergonzados. Probablemente libres.

3 Respuestas a “Probablemente libres

  1. Un párrafo, sólo un párrafo y sólo por cuestiones de diagramación, saqué de este poema. Espero no me mandes a tu infierno personal por tan espantosa mutilación.

    Conste.

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