Malcolm

“El rock es esa cuestión de tratar de ser inmortal”. Lo dijo Malcolm McLaren, un hombre que días atrás murió de cáncer. Mclaren fue un auténtico innovador. Un precursor de modelos artísticos y comerciales alternativos. Sin embargo, pasará a la historia por haber creado a los Sex Pistols, algo que si todos los Sex Pistols vivieran y pudieran articular una palabra al unísono, negarían de plano. Pero si uno revisa con cierta dedicación la historia del punk descubrirá que la leyenda es cierta y que el título nobiliario es merecido.
Malcom McLaren inventó a los Pistols y con ello y con ellos revolucionó la forma de hacer música en el siglo XX. No le fue necesario un discurso muy profundo para tal fin. Las memorias de McLaren no están compuestas de gruesos volúmenes. No, McLaren utilizó una herramienta mucho más directa. Le bastaron unos acordes, unos colores y unas formas, una estética en definitiva, para hacer enaltecer su punto de vista.
Hasta que los Pistols aparecieron no había nada nuevo bajo el sol. Su estilo resultó tan controversial, tan impresionante que, como si tratara de inquietantes agitadores políticos, fueron perseguidos y censurados.
Antes y después de los Pistols, McLaren se reveló como el propietario de ideas que estaban destinadas a escandalizar conciencias. Incluso aquellas personas que se consideraban a sí mismas flexibles y abiertas quedaban al borde de la estupefacción toda vez que el músico, el diseñador y anfitrión de lo alternativo, salía a la vía pública a gritar su verdad.
Fue McLaren quien proyectó la energía solar del sexo sobre la piel de la moda (inauguró y cerró dos pequeñas aunque exitosas tiendas, ambas con motivos eróticos: Let It Rock y Sex). Y fue McLaren quien encontró en la música un canal de comunicación con una juventud anestesiada por el gobierno inglés de turno y por la cadencia dulzona de las estrellas de entonces. Muchas subsisten hasta hoy.
Para McLaren, Mick Jagger, Ringo Star y Rod Steward no eran más que las figuras emblemáticas de un pensamiento represivo y conservador. Su rock and roll furioso, su pop sexy y desacartonado, tenía como telón de fondo un propósito, o dos: la máquina registradora y el status quo. Ya entonces, el rock había dejado de ser peligroso.
“Por Dios, si la gente comprara los discos por la música, esto estaría muerto hace mucho”, dijo alguna vez. En la era de los archivos intercambiables y gratuitos esta idea ha cobrado un un sentido inesperado. La grandes compañías siguen sin entenderlo.
La imagen es todo. Podría haber sido uno de los himnos en el escudo familiar de McLaren. Su visión fluyó a través de la música de los Pistols el tiempo apropiado, para cuando comenzaron a transformarse en una excelente banda de rock, con todas las de la ley, él los dejó.
“The Sex Pistols no era tanto un grupo con una carrera como la materialización de una actitud que todavía molesta a la gente, porque ninguna forma de la música popular de entonces era capaz de erosionar la sociedad. Simplemente proporcionaba una excusa para suavizar el palo de la vida cotidiana. Sin embargo, The Sex Pistols aparecieron en escena para clavar el cuchillo y removerlo bien en la herida.”, explicó McLaren quien junto a ellos atravesó el umbral de la vida eterna.
Si uno entra a su sitió personal por estas horas encontrará un cartelito que lo confirma: “Malcolm will return shortly…”

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