Raúl López presenta su primer libro

Este jueves 7 de abril a las 20,30, en Mal de Amores, presenta su primera novela Raúl López, “Estado Ideal”.

Estaremos allí, participando de este acontecimiento cultural y etílico.
Les adelanto una entrevista que le hice (versión extensa) y que saldrá publicada en Río Negro.

-Tu novela es la narración de un viaje en cierto sentido iniciático. Me gustaría que me cuentes como fue tu propio viaje como escritor hasta llegar a escribir este primer libro.

-Mmm, no creo mucho en eso de lo iniciático, no sé si porque la palabra me suena a esas novelas que están tan de moda ahora, donde todo es iniciático. Quizá esas novelas sean una burda imitación de la bella historia del Buda, no? Yo creo que el mundo es un disparate, que las cosas que suceden y que nos suceden son un gran disparate…digamos un gran disparate de los átomos. Ya no temo decir que creo en las casualidades, y que prestarle atención al más mínimo detalle nos puede deparar un futuro grato o un futuro bochornoso. En mi caso creo que se dio así. Creo que soy un tipo con fortuna. Tuve la fortuna de ser niño cuando no había tecnología como la hay ahora, en aquel entonces nuestra pantalla era el barrio y la mayoría de los juguetes los hacíamos nosotros; una pelota de fútbol nos duraba mucho tiempo y cuando se rompía la mandábamos a arreglar. No quedaba otra, pues entonces, que ser imaginativos. Tuve la suerte también de que en el barrio había varios chicos más o menos de la misma edad, entonces toda esa imaginación se hacía colectiva, era todo el día jugar, crear, imaginar, soñar. La peor pesadilla de esa época era que nos obligaran a dormir la siesta, y digo pesadilla porque era así. Yo siempre digo que la hora de la siesta es de los niños, es el tiempo de los niños. Quedarnos encerrados a esa hora era como estar condenados a algún círculo del Dante (sería el de los siesteros). Un día me castigaron con el encierro en esas horas fatales, mi angustia fue grande al ver a mis amigos jugar en el baldío de enfrente. Esa aburridora tarde roquense intenté escribir un cuento, y creo que lo logré. Puedo decir que empecé escribiendo gracias a la angustia, a una terrible angustia existencial (jajaja) , parecida a la fiebre de un preso. Seguí escribiendo algunas cosas, siempre en silencio. Alguna vez intentamos con fernando Genoud hacer historietas, él ya era un gran dibujante. Fue una gran etapa aquella donde también empezábamos a cultivar el arte de la amistad con todos los pibes. La literatura nace del relato oral y esa idea no murió o no debería morir, también tuve la suerte de poder escuchar a grandes contadores de historias o anécdotas en los asados. Mi viejo contaba unas historias impresionantes, cómicas y con unas tramas muy ricas que quizá, nacían de un simple hecho cotidiano; mi cuñado también era uno de esos contadores orales formidables, a mí me apasionaba escuchar esas historias y, por supuesto, intenté muchas veces llevarlas al papel, no sé, claro, con qué éxito. Bueno, ellos encarnan en cierta forma a aquellos primeros hombres de la historia que comenzaron con la literatura. Luego de grande no sé en qué momento me tomé en serio como escritor, bueno, tampoco sé si me tomé en serio, jajaja, pero sin duda fue en Buenos Aires donde estaba todo el tiempo con los libros y con un grupo de amigos y amigas con el cual disfruté la bohemia más linda de mi vida.

-¿Qué recuerdos tienes y cómo influyó en vos el hecho de pasar un temporada en Europa donde tomaste contacto con distintos sectores de la cultura? Porque fuiste un hombre que conoció tanto la noche como la intelectualidad más exquisitas en el Viejo Mundo y supongo que eso te ha marcado a la hora de escribir.

-Bueno, aquella temporada fue formidable porque llegué con la comodidad de haber ganado un certamen internacional, llegué para pasar un tiempo y terminé trabajando para una fundación cultural que consistía en otorgar premios literarios por todo el mundo, eso me dio la posibilidad de conocer muchos escritores y artistas importantes. Aún recuerdo una exquisita charla que tuve con Bryce Echenique en uno de esos eventos, él había ganado un concurso de novela. Con respecto a los escritores europeos tuve la sensación de que ellos admiran, nosotros quizá no imaginamos cuánto, nuestra literatura. Un amigo italiano, escritor él, me dijo algo que quizá sintetiza esa idea: “ustedes en Latinoamérica tienen todo servido para escribir, tienen ese hermoso y constante caos…” . Bueno, entre risas, yo le dije que cualquier latinoamericano le regalaba ese caos con moño y todo. Pero claro que entendí lo que me quiso decir. Europa, sobre todo los países ricos, desde hace unos cuántos años que tienen todo muy organizado, es increíble como los jóvenes de veintipico piensan mucho en cosas como la jubilación y demás previsiones que quizá no quepan en la pasión o la euforia de un típico joven argentino o latinoamericano, ya sea porque quizá es impropia en esa etapa de la vida o por urgencias económicas o sociales que impiden pensar mucho en el futuro. Nosotros tenemos el caos, otras angustias, otros dolores, es bien cierto, no obstante tenemos recursos, creatividad, la tinta de un latinoamericano corre más ligera y más fresca, más oscuramente fresca. No sé si me marcó a la hora de escribir aquella experiencia, si puedo decir que conocí la nostalgia, y eso que yo no fui exiliado ni mucho menos, me imagino los que habrán ido exiliados. La nostalgia, tan típica de los argentinos, allá sale a flor de piel, el desgarro por momentos se hace intolerable. Uno ve un avión y piensa que ese avión va a la Argentina, un coche, una bicicleta. E indudablemente la nostalgia opera d una manera extraña en nosotros, uno a veces siente nostalgia de aquella nostalgia, no tenemos cura.

-Tu periplo es accidentando y, por seguro, apasionante pizzero, ganador de un concurso literario internacional, dueño de un bar, columnista, enseñás literatura en el secundario. ¿Te definirías como un aventurero, un intelectual, un buscador, una especie de marinero?

-Entre esas opciones me definiría como un buscador, un buscador insensato. Un buscador de sentidos, de explicaciones, aún no he encontrado muchos, no me gusta este mundo que vivimos.

-¿Cual es la frase que más te ha gustado de todas las que has escrito y por qué?

-No sé si he acertado con alguna frase, creería que sí. Borges decía que si un libro tiene una sola línea buena, ese libro estaba justificado, creo que Borges era muy generoso, pero bueno, me conviene afiliarme a esa idea. No se me ocurre una frase, tampoco la diría creo. Prefiero que salga de boca de un lector.

-Sos un narrador oral de historias nato. Uno de esos interlocutores capaces de darle un nuevo giro al pasado, trayéndolo con colores y sonidos remasterizados. ¿Cómo surge en vos el talento de contar historias madrugadas?

-Bueno, me remito a esos cuenteros de los que te hablé en un principio. Quizá sea un mero impostor y me haya copiado de ellos. También depende del interlocutor, si no hay cómplice en él no tiene sentido contar una historia.

-¿Es el vino un disparador de la literatura tanto como el buen whisky o estamos en el territorio de los mitos?

-Mi amigo Paco Menendez dice sabiamente: “mientras haya vino hay esperanzas” jjajaja.

-De paso,¿encarnas vos mismo el mito del escritor insomne y bohemio?

-Bueno, yo creo que si uno fue alguna vez bohemio, no lo deja de ser nunca. Pero ocurre que esa bohemia se va moderando, por lo menos es mi caso. La moderación pasa por una especie de selección, de no compartir esa bohemia con cualquiera, de no perder tiempo, porque la bohemia es básicamente diálogo y tiempo suspendido, no? Con respecto al insomnio, yo nunca lo he sufrido, salvo excepcionalmente porque creo que no hay un solo hombre en la tierra que alguna vez no haya sufrido el insomnio, y por lo general es por un amor desdichado. Mucha culpa del insomnio lo tienen las mujeres.

-¿Dónde está situado hoy Raúl López escritor y persona?

-Hoy mi pasión pasa mucho por la enseñanza. No se puede enseñar literatura, pero si se puede enseñar el amor por la literatura, que quizá sea más importante, Hoy es difícil enseñar, pero a la vez apasionante. Estoy trabajando en la escuela Casaverde, que tiene un proyecto muy interesante en todos los sentidos, donde se le hace un seguimiento minucioso a cada alumno y donde se enseña desde la comprensión de un texto hasta la producción del mismo. La gente que dirige la escuela trabaja muchísimo para que el proyecto se lleve a cabo y es muy grato ver el día a día. Así que todas las mañanas las comparto con todos los adolescentes que tengo de alumnos.

-¿En qué proyecto literario estás trabajando?

-Sigo escribiendo cuentos, que es lo que más me gusta. Tengo un proyecto de literatura y fotografía con un amigo, el que me prologó la novela, que nos tiene entusiasmado, pues se trata de retratar personajes y lugares donde transcurren historias de total ficción. Luego también hay el proyecto de otra novela, pero bueno, vamos a ver si le pereza me lo permite esta vez.

-¿Me cuentas una historia “real”, en pocas palabras, como esas que ya son un clásico de tu repertorio nocturno?

-Te la cuento una noche de estas, ahora es de día.

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