Carlitos, su momento

 

Carlitos pasa por el mejor momento de su vida. Tiene 70 años y unas lindas pestañas postizas que dan la vuelta al mundo cada vez que sus párpados irrigan la superficie de sus ojos azules.
Ahora está un poco pasado de kilos pero su delgadez no miente: se encuentra en plena forma. Como todo dandy es dueño de su edad. Viste a su aire. Hoy, por ejemplo, calza jeans adornados con ositos de peluche. Arriba una delgada camisa blanca que deja entrever su pecho depilado y suave. Su pecho sin memoria.
Hace 40 años que perdió el pelo pero nadie lo sabe. Sus amigos, sus parientes se han vuelto ciegos ante la obviedad: su calvicie. Por eso aceptaron al principio sus pelucas de pelo natural compradas a precio oro en Buenos Aires. Ensortijadas, castañas y excesivas. Sin embargo, tiempo atrás optó por un modesto gorro de lana blanco. 
Fue muchas cosas o, dicho de un modo más exacto, muchas cosas fueron a través suyo. Empleado estatal en puesto clave (ese que sabe cuándo cobramos). Animador de la cruda noche del fin del mundo. Mujer in progress. Señora y señorita según corresponda. Súper hembra masculina entre los rudos machos en celo. Compañera ideal. Amiga insustituible. 
No imagino un tiempo en que no fuera una loca. Cuando era un adolescente sentía admiración por su carácter tan punk. Tan Cobain. Alguna vez lo defendí frente a los rumores (bien fundados) que indicaban que se prostituía. Pero mi tío era mí tío y a mi me parecía, aun me lo parece, todo un señor. O algo por estilo. Un algo legítimo. 
Hoy su composición facial es una mezcla de Jorge Luz (en el papel de la Porota) y Antonio Gasalla, con detalles propios que Carlitos ha ido elaborando con terquedad.
No está solo en este mundo. Anda bien acompañado por “El Trucha”. Otro bello exponente de la sexualidad cruzada que debe tener treinta y tantos. Sus anillos de oro, ubicados de manera profusa entre sus dedos, sus rulitos claros que le caen imperturbables sobre la frente y su gestualidad teatral, no dejan espacio a la duda: Trucha es gay. “Es travesti”, dice Carlitos, cuando lo que quiere expresar es que Trucha es transformista. Un actor. “Hago la Pantoja, la Durcal, la Jurado”, enumera. “Y lo hace de bien”, agrega Carlitos alargando, para siempre, el “en”. Muero por verlos. A Carlos, dando saltitos entre el público masculino, cervecero y fumador, y al Trucha reencarnado en la Pantoja o Rafaela Carrá. Qué irreprochable locura. Qué fantástica esta fiesta.
“Este me dice travesti ¿por qué me decís travesti?”, pregunta de la manera más inocente posible “El Trucha” pero Carlitos no lo atiende. Su relato ya se expande por el aire recordando-proyectando la noche de hoy: la música al palo y las chicas sobre el pequeño escenario del cabaret.
Es tu momento Carlitos.

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