Las razones detrás del Oscar

El hijo pródigo o por qué perdió James Cameron: Debe inferirse que Hollywood castigó este domingo a uno de sus hijos predilectos. Y lo hizo con dureza. James Cameron fue el gran perdedor de la jornada. Su millonario filme perdió la contienda frente a otro de bajo presupuesto, dirigido por Kathryn Bigelow. Mientras su figura de coloso imbatible se hundía en lo profundo de su butaca, Bigelow se convertía en una figura histórica: la primera mujer en ganar el premio a la Mejor Dirección. Ya era hora.
Pero esta ceremonia no fue una representación amable de la guerra de los sexos (aunque tuvo una pizca de ello) sino algo muy distinto. Los Oscar tenían entre manos una compleja discusión que dividía aguas. Cameron ya atravesó las fronteras de lo establecido en procura del éxito. Eso no puede negárselo nadie. El siguiente filme del director tampoco se quedará corto de presupuesto. Sin embargo, su vocación de cambio y experimentación atentan contra el componente actoral, entre otras áreas de la industria. Todo aquello que hace tan increíble a “Avatar” pone en riesgo el protagonismo de una parte del sistema de producción tradicional. Cameron comenzó una tarea que acaso un día se vuelva un mandato. Los alteregos digitales terminarán reclamando un espacio en la pantalla. Se volverán reales ¿Recuerdan la polémica que surgió a partir de “Final Fantasy”? Bueno, Cameron ha zanjado el tópico y ya puede considerarse un pionero en la materia. El otro aspecto, que define su visión como artista y empresario, está relacionado con su debilidad por los efectos especiales que le implican rodearse de diseñadores multimedia y programadores, antes que con técnicos de todo tipo: recreadores de realidades en miniatura (lo usual). Programadores o dioses de un Olimpo en donde ningún encuadre, ángulo, forma o color parecen imposibles. En su compañía, Cameron está llevando al cine hacia un nueva dimensión. Y al tiempo que avanza, abarata costos.

La primera mujer o por qué ganó Kathryn Bigelow
: Kathryn Bigelow tiene el raro honor de ser la directora de un filme de culto: “Punto de quiebre”. Y si el honor es raro, el filme protagonizado por los entonces ascendentes Keanu Reeves y Patrick Swayze, es también un ícono generacional extraño. Cuenta la historia de una suerte de profeta del surf que para financiar su estilo de vida -playas, chicas y alcohol- se dedica a asaltar bancos. La carrera de Bigelow, ha estado marcada por la variedad. Es de las pocas damas de la industria que se ha atrevido a portar armas, cinematográficamente hablando. No ha temido involucrarse en temas masculinos. Con “Vivir al límite” tenía bastante a su favor aunque la taquilla no la había favorecido. “Vivir al límite” es un filme elaborado con talento y altas dosis de tensión (unos chicos locos desactivando bombas en Medio Oriente), un detalle que siempre ha gustado en Hollywood. Su relato, un hecho hasta ahora no planteado acerca del conflicto de Irak, vino a iluminar una zona oscura de la historia militar americana. Bigelow, además, resultó elegida por la industria como la primera mujer, a horas del Día Internacional de la Mujer, en llevarse el Oscar a la Mejor Dirección. Un mérito que tuvo como anécdota subyacente su pasado matrimonio con James Cameron. Su directo competidor. Elementos, todos ellos, como para hacer otro filme interesante.

Un argentino encontrado por Hollywood o por qué ganó “El secreto de sus ojos”
: La industria televisiva y cinematográfica, pero sobretodo la primera, conocen bien a Juan José Campanella. Para más datos, Campanella dirige habitualmente episodios de “La ley y el orden”, la ya clásica serie de televisión americana que posee un récord de temporadas en el aire, y de un súper éxito como “Dr. House”. Mientras agita la varita mágica de la pantalla chica, junta plata y prestigio para dirigir en la grande. Lo ha hecho con suerte y elegancia. Campanella no es un director osado (ni mucho menos un revolucionario) sino un tipo inteligente, dotado de una especial sensibilidad, la cual le ha permitido de leer el gusto colectivo de miles y miles de latinoamericanos. Después de “El hijo de la novia” (nominada a los Oscar en 2002), “El secreto de sus ojos” es un logro de dirección aún mayor. El filme, protagonizado por el gran Ricardo Darín, funciona en varios niveles. Posee la debida cuota de textura latinoamericana, imprescindible para atraer a un jurado extranjero y a un público, ya sea nacional o foráneo, que quiere darse cada tanto una pátina de cine profundo más no soporífero, sin excluir el suspenso y la adrenalina, condimentos propios de la cultura americana. Con tales componentes Campanella hizo un filme ganador.

Publicado en “Río Negro”

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