El regreso de los fantasmas

En una película ya olvidada, Tom Witzky, electricista, residente de un típico barrio clase media americana, le desliza una frase a su esposa que refleja el sentir de buena parte de la sociedad de ese país.
Decía Witzky, interpretado por el gran Kevin Bacon en un filme llamado “Ecos mortales”: “Pensé que mi vida iba ser, no sé, más interesante, no tan común”. Y el gesto que hace Kevin-Tom, la inflexión de su voz, la sinceridad con que suenan sus palabras, desarma a cualquier espectador. Alcanza para sostener una película mediocre. Poco después de esta confesión a Tom comienzan a sucederle cosas extraordinarias.
En el transcurso de una cena, una amiga lo hipnotiza y producto del trance, este trabajador del radio suburbano que soñaba con ser estrella de rock, se vuelve receptivo a las llamadas de un espíritu que no descansa en paz.
Hace diez años de aquel filme y en el medio pasaron unas cuantas cosas. Entre ellas el 11 de septiembre, las guerras consecuentes, el estado de tensión inalterable y la crisis económica mundial, y sobre todo americana.
Durante la última década Hollywood hizo su propia lectura de la realidad: todo este tiempo el enemigo estuvo afuera. Los filmes de extraterrestres son catalizadores del impulso patriótico en el país del norte.
Un ente foráneo invade fronteras, traspasa seguridades y finalmente sucumbe ante la inteligencia terrícola: la guerra contra el mal, tal como la llamó palabras más, palabras menos George W. Bush tuvo sus metáforas en la pantalla.
No es que los tiempos se hayan vuelto ni prósperos ni demasiado estables. Sin embargo, la recuperación está en marcha. O eso dicen.
Entonces, pasemos a otro tema. A otra película.
En tiempos de paz relativa, el debate interior vuelve a aflorar. Y en ese núcleo duro hecho de psicología profunda, Dios, Satanás y los ángeles de ambos, siempre tienen un guión para deslizar debajo de la puerta.
La vocación religiosa de los Estados Unidos no es una noticia caliente pero la densidad con que ésta se desarrolla tiene un correlato en las encuestas (que la avalan entre jóvenes y adultos) y en la industria del entretenimiento.
A Tom Witzky le había tocado una vida tranquila. Pero su apertura a ese “más allá”, habría de complicarle los días para que su vida no fuese tan normal. Según la industria lo peor ha pasado, ahora sólo queda esperar un cambio climático devastador, que se cumpla una profesía maya (en el 2012 estaremos en condiciones de comprobarla) o que un espíritu invada el hogar dulce hogar de todos los días (la más accesible de las hipótesis catastróficas).
Lo bueno de los espíritus es que siempre están dispuestos a hacer sufrir y sufrir ellos mismos las consecuencias de su relación con los humanos de carne y hueso. Una nueva avalancha de filmes en los que los fenómenos paranormales son protagonistas ha salido disparada de la gran factoría de ilusiones, no sin cosechar éxitos de audiencia.
La misma vieja historia
Uno pensaría que a todos nos gusta que nos cuenten una buena historia más de una vez. Aunque ésta en particular ya comienza a ponerse un poco pesada.
Un individuo común y corriente debe soportar el acoso de un espíritu que busca venganza o al menos cierto grado de reivindicación.
Eterno déjà vu guionístico: el espíritu ha sido víctima de un homicidio. Sólo en los últimos 15 años hemos visto filmes tan pero tan similares los unos a los otros: “Agua turbia” de Walter Salles, con Jennifer Connelly, la mencionada “Ecos mortales”, “Revelaciones” (What Lies Beneath), con Harrison Ford y la más reciente y última de quien dirigiera “El proyecto Blair Witch”, Daniel Myrick, “Miedo al amanecer”. En todas ocurre (exactamente) lo mismo.
El elemento esotérico
No se trata tanto de abulia creativa como de una condición argumental impuesta por la propia sociedad. El elemento esotérico viene a transfigurar lo cotidiano. Sin llamar a la revolución, el espíritu ensalza el devenir. Hace menos soporífero el vacío existencial que establecen horarios, pautas sociales e hipotecas.
“Miedo al amanecer”, de Myrick (que con este filme precisamente no ratifica su proyección como director), se suma a los flamantes “Arrástrame al infierno” de Sam Raimi, en el que eje está puesto en la maldición de una gitana (una idea que ya vimos en “Maleficio” la novela de Stephen King de la que, obvio, se hizo una película) y “Actividad paranormal” de Oren Peli, un verdadero símbolo del cine de terror contemporáneo. El filme de Peli costó miserables 15 mil dólares y se estima que recaudo unos 142 millones de dólares.
¿No les recuerda algo? Si, lo mismo ocurrió con “El proyecto Blair Witch”, y la campaña de “Actividad paranomal”, aunque internet evolucionó bastante desde que “El proyecto” hiciera su sorprendente aparición, utilizó el amplio abanico de recursos que ofrece hoy la net.
La idea de la normalidad puesta en el territorio crudo de una cámara de video ha dado una vez más buenos dividendos. Acaso porque como ningún otro truco cinematográfico éste establece una nexo fluido entre ficción y realidad.
Una parejita de simpáticos americanos se enfrenta a un espíritu que quiere robarse a uno de ellos. Robárselo de modo literal. na cámara de video es testigo de una relación que se va volviendo cada vez más virulenta.
Sin importar cuan conscientes seamos del recurso, la cámara ejerce un efecto depurador. Okay, es mentira pero es una cámara video ¿no?. La misma que se usa para registrar casamientos y cumpleaños ahora puede revelar la presencia de un demonio.
La aparición de personajes supuestamente especializados en estos menesteres y que no desean ser parte del aquelarre, ayuda a que el guión se vuelva aun más creíble. Una vez más la verdad es atravesada por la duda.
Y la realidad siempre es capaz de superar la imaginación. Pocos días después de la muerte de Michael Jackson, una cámara de CNN captó una rara sombra en el interior de Neverland.
El hecho fue comentado ampliamente en el programa de Larry King uno de los de mayor audiencia en los Estados Unidos. Realidad o simple juego de espejos, lo mismo da, lo cierto es que el fantasma como hecho ficcional, como orilla de playa de una verdad profunda, se hizo cuerpo por un segundo.
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