Adiós a Juan Carlos Canedo

 

Irónicamente, la nota escrita a mano mantiene cerrada la sala de cine que Juan Carlos Canedo tanto amó. “Cerrado por duelo”. Detrás se pueden ver los afiches del último estreno en el cine “Paradiso” de Roca: “Sherlock Holmes”.
“Somos gente de cine”, solía decir Canedo refiriéndose a su familia, todos involucrados en el funcionamiento de la sala. La misma que por estas horas permanece a oscuras en una suerte de homenaje a quien tanto lidió por mantenerla iluminada.
Y esa era la mayor de sus vocaciones: que un rayo de luz atravesara el espacio en sombras para proyectar un filme. Su sino y su trofeo cotidiano estaban atados a lograr que el llamado Séptimo Arte fuera también arte de la gente del lugar en donde vivía.
Canedo fue un personaje entrañable del Alto Valle. Peleó todas las batallas imaginables que suele tener estipulada la gran contienda que implica difundir cultura. Lo saben los libreros, lo saben los amantes del jazz y de la música clásica que conducen sus propios programas de radio, lo saben los dueños de los cines. Lo sabía a Canedo.
“Me gusta trabajar sobre el presente”, le había dicho hace ya algunos años a este mismo diario. Canedo era conciente de lo complejo y de lo imposible que a veces se volvía ser propietario de una sala de cine. Siempre moviéndose en una delgada línea. En un filo de navaja. De un lado, el buen gusto, la pasión por mostrar. Del otro, los deseos del público, los populares, los refinados, los alternativos. Y en el fondo, la incertidumbre. Porque administrar una sala de cine es literalmente una aventura sobre otra. La del cine. La de la vida misma.
Era oriundo de Lanús, populosa ciudad del sur de la Capital que en los noventa vivió también la desaparición de sus principales salas.
Llegó a la región en 1978 con los pergaminos de su oficio de carpintero. Uno de los trucos a los que nos tiene acostumbrados el destino lo puso en las obras que por entonces se llevaban a cabo en el Cine Belgrano. Ya en 1979 se hizo cargo de los cine Roca y Rex. En 1991 se entregó por completo al negocio en la sala Roca.
Fue un buscador. A fines de los noventas luchó y obtuvo un subsidio para que su sala “Paradiso” tuviera un mejor sonido y calefacción central. Aun en la carencia Canedo siempre pensó en el público.
En 2007 incluso se atrevió a abrir un nuevo espacio en Allen con el denominado “Paradiso 2”, que luego pasó a otras manos y finalmente cerró sus puertas semanas atrás.
Hace tiempo ya que el cine atraviesa por un proceso de cambio. Tiene una competencia feroz y lógica en la televisión, en el video y, cada vez más, en la combinación de ambas fuerzas: pantallas de gran definición y una tecnología “on line” que permite alquilar películas sin moverse del hogar.
Sin embargo, el cine, la sala, la pantalla gigante y el sonido que envuelve todo el espacio, y hasta el aroma a pochoclo, seguirán conservando una magia primigenia. A esto se refería Canedo, sin decirlo, toda vez que abría su sala.
El nombre del cine de Juan Carlos Canedo, nos retrotrae de un modo indiscutible al filme de Giuseppe Tornatore, “Cinemana Paradiso”. Y a su historia, por supuesto.
Juan Carlos, como un soñador eterno. Un explorador en una era en donde todo parece descubierto, siguió su camino. Hasta final. Hasta que el último fragmento de película hubo a travesado el espacio en negro.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s