Baila hermanita

Fue un año delirante para Terence Trent D’Arby. En 1987 pasó del anonimato a la fama con la publicación de un disco de nombre enigmático: “Introducing the Hardline According to Terence Trent D’Arby”. Era uno de esos típicos, aunque nada habituales, trabajos inaugurales que no contienen en su cuerpo uno sino muchos hits. “Introducing the Hardline According to Terence Trent D’Arby”, traía fantásticas canciones que todavía hoy suenan en las radios del mundo entero: “If You Let Me Stay”, “Wishing Well” y “Sign Your Name”. Todas destinadas a convertirse en un hit radial. Todas pensadas como un emblema. Como el escudo dorado, representación de una nueva forma de entender la música comtemporánea. Era lógico suponer que Terence le disputaría un lugar a los más grandes difusores del pop de su tiempo. Terence poseía una compleja trama de virtudes que lo acercaban más a Prince que a Michael Jackson. Era una suerte de Prince -creativo, multriinstrumentista, energéticamente fálico- pero sin sus defectos, sin sus busquedas tortuosas, que a la vez reunía varias de las mejores cosas de un auténtico Jackson: swing negro fusionado con pop blanco. Talento natural en el arte de la danza. Pero dueño de un registro vocal, bien soul, que los superaba a ambos en virtuosismo. El disco se transformó en un enorme éxito que llegó a vender 12 millones de unidades. Sin embargo, nadie parecía contar con que Terence Trent D’Arby no estaba dispuesto, ni tampoco podía, ser uno más en la escena de la música internacional. Como tantos otros talentos exacerbados, también él se sumergió en laberintos oscuros que lo llevaron a la experimentación hasta un punto en que su figura comenzó a diluirse. Sus discos posteriores aun poseían parte de la magia y el atractivo que lo hicieron llegar a la tapa de la “Rolling Stone”, pero se sabe que los grandes públicos no gozan con la supremacía de mixtura. Con el collage que es capaz de engendrar un auténtico genio. En el camino hacia el nuevo siglo Terence Trent D’Arby se perdió. Apareció mucho después bajo otro nombre y bajo otro signo compositivo. Antes de naufragar en su propio mar de vanidad y vacío Terence reencarnó como Sananda Maitreya. “Terence Trent D’arby estaba muerto…vio su sufrimiento mientras fallecía en una noble muerte”, declaró el flamante artista. De las muchas buenas canciones que trae su primer disco, “Dance Little Sister”, es la que más me gusta. Si no es una obra maestra pop-soul se le acerca mucho. Su estructura rítmica está marcada por el sonido de un pequeño organillo y de un bajo que no abandona la melodía en ningún momento. Un dios omniciente que todo lo sabe y no te deja solo. Los vientos pueblan el espacio y expanden el sonido como el gran angular de una súpercámara. El resultado es puro baile. Exclusiva y maravillosa intensidad. La letra es también un himno a la vida. Su estribillo dice: “(tu tienes que)/Bailar hermanita/No te rindas hoy/Aguanta hasta mañana/No quiero oír que para vos ya es tarde/No te rindas hoy/Espera hasta mañana/No renuncies a lo que sos”.

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