Dos por diez o recetas para tiempos de crisis

ajos

Es mis noches ajustadas de presupuesto -que no son todas, aclaro- pergueñé un breve y personal juego. Me imaginaba que invitaba a una amiga a comer y debía cocinar algo decende, digno, con cierto estilo y, sobretodo, de buen sabor, con 10 pesos. Si, 10 pesos.
Otra de las condiciones que me he ido imponiendo respecto de este desafío es que las comidas deben ser originales o de una tradición culinaria que las preceda. Es decir, no vale cocinar simplemente 2 salchichas con 2 huevos y listo, no. Me refiero a crear cocina, en la medida de lo posible, con esa cifra de presupuesto en mente.
Quienes tengan recetas por ese valor, con las características que les mencionado pues, venga, las espero. Me ayudaran en tiempos de crisis.

Mi primera receta tiene un nombre extenso:

“Arroz picante con reminicencias de arroz a la mexicana (como aquel de “Hubo una vez en México” que jamás llegaba a comer el personaje de Johnny Deep) pero tal vez, no.

Ojo: La receta no detalla el costo de algunos ingredientes: aceite, un poco de ají, sal, trozos de ajo y un poquitín de pimienta negra.

El asunto

Hiervo el arroz con algo de sal (poco las salchichas, ya vienen bastante saladas). Trozo tres ó cuatro salchichas. Cuando el arroz está casi listo comienzo a preparar en la sartén trocitos de ajo en aceite o manteca. Luego deposito el arroz en la sartén y sobre el ajo que finalmente le dará un toque de sabor y aroma a esta historia de pobreza y necesidad latinoamericanas. Le agrego puré de tomates y revuelvo. Luego le sumo las salchichas. Si hace falta vierto un chorrito de agua. Espero a que el fuego y el tiempo hagan su turno. Tal vez 10 minutos no mucho más. Y sirvo (les debo la foto).

Para acompañar este humilde menú compré una botella de vino tinto Pont Leveq (la última de la góndola) que me costó 6,99. Hace unos años solía ser un buen vino. Con lo cual el menú ascendió a los 15,13. Pero el de la comida exclusivamente llegó a los 8,14.

Arvejas:                       1,65
Salchichas Wilson:  2,95
Arroz 0000:              1,55
Puré de Tomantes:  1,99

Total:                          8.14

Ven a mi sur

Ven a mi sur.
Despojate de esas caretas de circo pomposo.
Ven a mi sur.
Bebe mi vino, comparte mi flash, entra al territorio de lo inmenso.
Ven a mi sur.
Abandona tus perfumes, tus sueños rotos, tus lágrimas por la noche.
Ven a mi sur.
Apaga tu queja, corre hacia la estación y compra un pasaje hacia tu espíritu.
Ven a mi sur.
Que hoy asamos pescado, contaremos historias de fantasmas y nos daremos la mano sin besarnos.
Ven a mi sur.
Donde lo que ves es lo que hay.
Donde tu mirada podrá atravesar la oscuridad hasta encontrar tus propios ojos hambrientos.
Ven a mi sur que escucharemos a Oasis cantando Lyla en Manchester, y viejas grabaciones de los Onas rapeando al interior de los bosques sagrados.
Ven a mi sur, nadie en toda tu vida va a amarte del modo en que yo lo haré.
Nadie expulsará tus ropas con tanta elegancia.
Nadie te juzgará y serás libre. Libre incluso de mi.
Ven a mi sur.
Que valdrá la pena.
Ven a mi sur.
Y estalla.
Ven a mi sur.
Y revela lo invisible.
Luego, huye cuando gustes.

El rostro más oscuro de Polanski

samantha roman

Samantha Gailey y Roman Polanski en 1977, el año en que se conocieron.

El famoso director se enfrenta a la posiblidad de ser finalmente juzgado en los Estados Unidos por la violación, ocurrida en 1977, de una menor. Polanski había permanecido prófugo desde entonces pero semanas atrás la policía Suiza, que tiene tratado de extradicción con el país del norte, lo capturó en un aeropuerto. Historia del lado siniestro de un artista genial.

Ocho años después de ser víctima de un suceso atroz, Roman Polanski encendió la mecha de su propio infierno. Y el de una niña de trece años llamada Samantha Geimer (entonces Samantha Gailey). Ambos recorrerían a partir de entonces caminos distintos aunque marcados por el recuerdo de su encuentro y el exilio. Los dos querrían olvidar pero la prensa y la justicia no se los permitiría.
Lo cierto es que en 1977 Roman Polanski violó a la pequeña Samantha en la mansión de Jack Nicholson. Han pasado décadas desde entonces y las versiones se siguen tejiendo en al aire. Sin embargo, los hechos quedaron sólidamente registrados a través de diálogos y testimonios tanto de los involucrados como de personas cercanas. Palabras más palabras, palabras menos esto es lo que ocurrió:
En 1977 Samantha Geimer era una chica bastante llamativa y soñaba con hacerse un lugar en el mundo del cine. Polanski y su hermana se habían cruzado en algún pub y su propia madre estaba vinculada a la actuación, de modo que en cuanto Polanski le ofreció tomarle fotografías para la versión francesa de “Vogue” no lo dudó. Esta era la oportunidad que andaba buscando.
No sabemos si en realidad Polanski iba a usar las fotos con fines profesionales. El caso es que las tomó. ¿Dónde está ese rollo que hoy los más morbosos coleccionistas pagarían por poseer? Tal vez hasta el propio director de “El pianista” lo ignore.
El primer día de sesiones, después de sacar unas cuantas fotografías, Polanski le pidió a la chica que se quedará en topless. Geimer recordó en posteriores declaraciones que la propuesta le resultó extraña y que más tarde no se lo contaría a su madre por miedo a que esta no la dejara volver a ver a Polanski. Las imágenes mostrando la delgadez sin filtro de Samantha quedaron en el rollo y Polanski la citó para tres semanas después.
En la segunda sesión de fotografías Polanski primero llevó a la chica hasta la casa de Jaqueline Bisset, la actriz que se hizo famosa por el filme “Class”. Y esta escena es cuando menos curiosa: Bisset y Polanski le ofrecieron vino como si se tratara de un adulto. Pero ella lo rechazó. El tour continuó hasta la casa de Nicholson que no estaba. En la mansión despojada de testigos, el director le ofreció nuevamente alcohol y más tarde drogas. En el camino él le había preguntado si alguna vez había tenido sexo y ella le aseguró que si. Era mentira. Tampoco había probado drogas en toda su corta vida.
Entonces, mareada por el champagne y las drogas, el director le pidió que se desnudara y la violó. Geimer ha aclarado ya varias veces que la violación ocurrió sin forcejeos ni gritos. Una y otra vez la joven le pidió al director que no avanzara sobre ella. En medio del acto, la por entonces novia de Nicholson, Angelica Huston, llamó a la puerta y mantuvo un diálogo con Polanski. De por sí la situación era extraña ¿qué hacía Polanski en la casa de Nicholson, medio desnudo y usando el jacuzzi?. Sea lo que se hayan dicho el uno al otro, el director volvió con la chica y continuó forzándola a tener sexo con él.
Finalmente la dejó. Para entonces Samantha estaba en estado de shock. Polanski le pidió, por supuesto, que no le dijera nada a nadie. La chica lo aceptó pero no cumplió el trato. Tenía un novio de 17 años a quien por teléfono le contó lo ocurrido. Su hermano la escuchó, se lo contó a su madre y el resto es historia conocida. O no tanto como uno imagina.
Seguir con su vida después del escándalo que significó el juicio a Polanski y la reconstrucción de su figura (ahora una figura pública) como la “Lolita” que sedujo al famoso director, fue una tarea devastadora para ella. Para cuando cumplió los 17 ya tenía un bebé y se había transformado en una joven rebelde y sin causa. Si, claro, había probado drogas, alcohol y ya parecía no tener futuro. Hasta que su madre la invitó a vivir a Hawai.
Fue en una geografía idílica donde recuperó el rumbo. Y se mantuvo más o menos así, lejos de todo y todos, como una madre entrañable y una profesional de bajo perfil, hasta que Polanski fue arrestado hace unas semanas en Suiza.
“La realidad es que he sido violada. Pero siempre me he sentido incómoda con el término violación. No quiero dramatizar. Para mí violar implica algo violento y sucio. Y no sucedió nada parecido allí. Hubo sexo sin mi consentimiento, quede claro. Pero ocurrió hace muchos años, y quiero que se le deje en paz a Polanski. Ni tengo rencor ni tengo simpatía hacia él. Es un extraño”, le explicaba Geimer al Times en 2003.
Polanski nunca cambió realmente su opinión respecto de lo que sucedió ese día. Para él fue sexo consentido con una menor. Fue la falta que aceptó con el fin de no terminar en la cárcel. Su nacionalidad y un espacio lácso en el camino a su juzgamiento, le permitieron escaparse de una condena definitiva.
El director de “Chinatown” carga con un pasado que podría haber consumido a cualquier otro mortal: su madre fue deportada a Auschwitz y murió en el campo de concentración embarazada de cuatro meses. Y estaba embarazada su esposa, Sharon Tate, cuando los secuaces de Charles Mason la sacrificaron en el transcurso de un ritual satánico. Pero también es cierto que antes de violar a Samantha, Polanski había mantenido una relación amorosa con una incipiente actriz de 15 años llamada Nastassja Kinski y acerca de esa relación nadie se había atrevido a decir nada. Muy por el contrario, Kinski, aseguró que Polanski había servido para ella como una suerte de padre sustituto.
Como dato algo más que curioso hay que agregar que Nastassja es la hija del actor Klaus Kinski quien a su vez confesó en su libro “Yo necesito amor” haber mantenido relaciones sexuales con Romina Power, cuando esta tenía 13 años en la cocina de la casa de sus padres.
Ahora, Polanski se enfrenta una vez más a su destino. Un destino marcado por la tragedia y el dolor. Después de años de glamour y reconocimiento volverá a sus fuentes más amargas.

Esta entrevista con Diana Sawyer, ocurrida en París, fue la primera que le hicieron a Polanski después de muchos años de silencio y exilio. Hacia el final del clip él habla acerca de su encuentro con Samantha y de su relación con Nastassja Kinsi.

Cómo va el caso

Para algunos la pena (judicial y emocional) de Roman Polanski podría sintetizarse así: 43 días de cárcel y 32 años de exilio por los abusos que cometió sobre la menor Samantha Geimer. Y si bien, a fines de los 70, hubo un escándalo de proporciones cuando se supo que el director estaba implicado en una violación, todo indicaba que iba a salir libre sin que la cosa, al menos en lo que a su estilo de vida concernía, llegara a mayores. Polanski había aceptado internarse como un paciente psiquiátrico y estaba dispuesto a pasar 43 días más recluido. Sin embargo, en una pausa del proceso judicial, a Polanski le fue permitido irse a Europa donde estaba desarrollando su actividad laboral. En el Viejo Continente se permitió más de un placer y hasta apareció en la prensa acompañado por jóvenes mujeres y bebiendo champagne. Esto, se dice, enfureció al juez Rittenband, quien a su regreso le juró que pasaría 50 años en la cárcel. Polanski aprovechó otro respiro y se fugó para ya no volver.
Como es sabido, hace unas semanas la justicia Suiza lo capturó en un aeropuerto cuando el director entraba a ese país para participar de un homenaje que le harían en un festival de cine. A pesar de que su estado de salud en los últimos días no ha sido el mejor, al director se le negó la libertad condicional, y ahora, Estados Unidos pidió formalmente a Suiza la extradición del director. ¿Con cuanto tiempo de reclusión pagará su antigua deuda Polanski si se produce el regreso? Eso, probablemente, se discuta aun por un buen tiempo.

* Artículo publicado en diario “Río Negro”.

Links

Especial de The Guardian

Paralelos entre la vida del director y sus películas por Axel Kuschevatzky

Samantha recuerda el día de su encuentro con Polanski en “People”