Deseo

drexler

De un disco fantástico, entrañable, maravilloso de principio a fin, Cara B, una de las canciones que más me gustan. Deseo. Y con deseo transcurre el domingo.

Deseo
mire donde mire te veo
mire donde mire te veo
dulce magnetismo, dos cargas opuestas buscando lo mismo
mire donde mire te veo
mire donde mire te veo

 Deseo

Lo sabe todo

Que tu beso lo sabe todo. Lo sé.
Que tu beso llega como una tempestad.Lo entiendo.
Y dios al fin, te dejas llevar por tu deseo. Sin tiempo. Hay tiempo.
Me hieres. Me haces perder el aliento.
Tu roncanrol furioso me puede y me empuja.
Acaricio tu piel dorada.
No eres para mi.
Eres sólo para mi.
Eres también para mi.
Que tu beso abre la siguiente puerta.Lo acepto.
Que pasamos juntos.
Pasamos juntos.
Pasamos juntos, amor.

Avanzas

Avanzas porque es lo que crees que debes hacer. No darte por vencido. Nunca te des por vencido. Escuchas. Te dicen. Te dices. Y ahí vas. Como el viento doblando las flores en primavera. Como el río del deshielo que juega a los pies de los gigantes. Como el impulso de un primer beso. Pero, en realidad, no sabes. Sobretodo cuando te cansas de tanto andar, no sabes. Has seguido las señales de tránsito que estaban en tu corazón. Usaste la calculadora un par de veces. Aceptaste consejos extraños. Comenzaste a amar. Odiaste a diestra y siniestra pero más que a nadie te odiaste a vos mismo. Tu cuerpo parece salido de un campo de entrenamiento para boxeadores. El piano bajo tus manos suena un poco desafinado. Necesitas urgente un vaso de vino y un cigarro. Un poema que te traslade a la próxima estación. Unas curvas sobre las que aullar y llorar. Un conjuro. Una explicación. Un barco a vela. En los ojos de nadie hay respuestas. Avanzas. Avanzas. Avanzas.

Por siempre jamás

michael

Los ídolos pop no mueren. Al menos esto presuponen los fanáticos. Porque si a John Lennon un desquiciado no lo hubiera matado a tiros aun estaría entre nosotros. Mike Jagger continúa saltando como un poseso sobre el escenario y su contraparte, Keith Richard, todavía mantiene extraños diálogos con su guitarra incluso después de caerse de cabeza de un cocotero. Charly García insiste. Sandro aguarda por un supertrasplante. De Jim Morrison sólo hay especulaciones. Y Elvis, Elvis está vivo. ¿Michael Jackson muerto? No, eso sería demasiado si fuera real. La noticia es un cuento. La parafernalia del acto de ayer no hizo más que corroborar un hecho crucial: “Jacko” vive entre nosotros. En rigor, hace unas horas nomás, en el programa de Larry King (uno de los shows con mayor audiencia en USA), se vio un video grabado en Neverland donde se alcanza a observar cómo una sombra cruza la cámara ¡El fantasma de Michael vaga por los pasillos de “Nunca Jamás”! Han exclamado todos al unísono y con alegría desbordante. Ya vendrán las comunicaciones telepáticas, los mediums y los especialistas en transmisiones vía mail desde el más allá. Otra historia comienza. Por supuesto, las apuestas acerca de quien encarnará a Michael en el cine están sobre la mesa. Dicen que Johnny Depp firmó primero en una larga lista de aspirantes (no Will Smith, por favor, esta vez vos no) al trofeo. El último adiós al Rey del Pop, estuvo revestido de gestos de espiritualidad, juramentos y reivindicaciones raciales. Porque, no lo olvidemos, fue Michael Jackson, desteñido y todo, quien marcó el camino de su gente. La muerte del astro fue una pieza de energía concentrada que se expandió en el inmenso océano de la red. Si Lady Diana hubiera tenido semejantes recursos a su alcance su despedida también habría sido un enorme fluir digital. Pero fue otra cosa, en un tiempo muy lejano (poco más de 10 años). Irónicamente el final de Jackson ha venido a revitalizar su iconografía y su obra. Todo lo que estaba muerto mientras el artista estaba vivo, ahora goza de excelente salud. Sus discos se venden por millones, sus objetos personales representan el Santo Grial de los cazadores de fortunas, los derechos por su imagen han regresado desde un pasado mitológico para hacer rico a quién sabe quién, y su música, santo dios, su música nunca había recibido tanta atención desde ¿Bad? Y eso fue hace miles de años luz. Ahora sabemos que Jackson conservaba bajo siete llaves toneladas de canciones que nunca salieron a la luz por motivos que uno ya puede imaginar. A esta altura es una obviedad decirlo, hay Michael Jackson para rato. Sí, Jackson por siempre jamás.

Epidemias en el cine

A lo largo del siglo XX, el cine siempre tuvo un lugar en su agenda para las grandes pestes que asolaron a la humanidad. De hecho, hay más de una película por cada enfermedad que se nos pueda ocurrir.
En internet el periodista Darío Lavia ha elaborado para el sitio Quintadimension.com, un completo (casi obsesivo) informe acerca de la relación entre las enfermedades y el cine para los que quieran profundizar en el tema.
En todos los casos mencionados el criterio predominante fue la realidad. Una mirada que cambió radicalmente con el pasar de los años hasta que se estableció una idea mucho más paranoica en la que se ha venido asociando enfermedad con Apocalípsis.
Filmes como “The last man on the earth”, dirigida por Ubaldo Ragona y Sidney Salkow, protagonizada por Vincent Price, y su remake “El hombre Omega”, con Charlton Heston, marcaron un camino conceptual, al punto que uno de los grandes éxitos de los últimos años en materia de vampiros -que, se sabe, infectan y hacen temblar a la humanidad- “Soy leyenda”, es una versión contemporánea de ambas.
Títulos como la saga “Resident evil”, “Exterminio” (y las secuelas de ambas), la “Trilogía de los muertos” de George Romero, hablan por sí sólos acerca del recursos que más y mejor se han utilizado en la industria del entretenimiento en los últimos años.
Hubo excepciones, siempre las hay: “Epidemia” con Dustin Hoffman, se hace eco de las epidemias de ébola que acabaron con tribus enteras en Africa en los 90; “12 monos” de Terry Gilliam, alertó sobre el accionar de ciertos grupos fundamentalistas (aunque al final la película da un giro y todo se explica distinto) capaces de usar un arma bacterológica o similar para exterminar a la sociedad moderna; la más reciente “The Happening”, plantea una disputa ¿futurista? por el espacio vital entre la madre naturaleza y las personas (con horribles consecuencias para estas últimas).
También se han visto hace poco otras opciones cinematográficas, es el caso de “La amenaza de Andrómeda”de Mikael Salomon, remake del filme del mismo nombre (1971), dirigido por Robert Wise, y basada en la novela de Michael Crichton acerca de una epidemia que dejó vivos a un niño y un anciano; “Al otro lado del mundo”,  con Edward Norton, Naomi Watts, sobre una relación amorosa que se desarrolla en medio de una epidemia en China; “Ceguera”, de Fernando Meirelles, una adaptación de la obra de José Saramago “Ensayo sobre la ceguera”.
Vaya uno a saber si se consigue en los videoclubes pero no vendría mal darle su segunda oportunidad a la versión cinematográfica de “La Peste”, de Luis Puenzo. Y si el libro de Albert Camus anda cerca ¿por qué no avanzar entre sus páginas?. La novela existencial de Camus es una obra que merece una lectura en cualquier momento del año.
Para finalizar el muestrario un filme japonés que parece hablarnos sin pelos en la lengua pero de Latinoamérica que ciencia ficción o ficción a secas. Y quizás esto sea el verdadero engendro del terror.
“Infection” de Masayuki Ochiai, relata la cotidiana y desgarradora rutina de un grupo de médicos atrapados entre las paredes y las carencias de un hospital público. En medio de la decadencia, la indiferencia y la burocracia (“¿qué sucede en este lugar que comienzan una obra y la dejan por la mitad?, se pregunta uno de los atormentados personajes que no sabe lo normal que puede ser esto a miles de kilómetro de su país), este grupo de médicos y enfermeras debe enfrentar una sobrepoblación de enfermos y hasta el principio de una devastadora epidemia.
Y si, lamentablemente el guión suena un poco conocido.

Llega Naoko

naokovioleta

Llegué con mis curvas y labios filosos. Como una hiena. A devorármelos.
Primero me vestí de ninfa y bailé y me enrosqué hasta beber vino rosado y comer uvas de oro.
Me vestí de amante. Y ardí y suspiré. Y tirité hasta explotar.
Me vestí de bella y viví entre enaguas transparentes y bosques de fresas.
Me vestí de sabia. Y contemplé. Y soñé y me enamoré de mi ilusión.
Como una hiena. Con mis curvas y labios filosos hoy me visto de mariposa.
Y quiero caminar en las estrellas y recorrer los laberintos que imaginé.
Y arder y suspirar y tiritar. Y quedarme sin aliento hasta inundarme en la noche. Y volar de nuevo. En la inmensidad.
Siguiendo mi melodía, como un acordeón.