En el Día del Periodista, mi humilde homenaje

En el Día del Periodista voy a contarte para qué necesitas un periodista. (Un periodista decente, al menos).
Acabo de ver algo increíble, man. George Michael estaba sentadito ahí, a tres metros de mis narices. Vestía un traje oscuro, brillante como una luna plateada en medio del desierto. Perfecto Dolce Gabbana para una perfecta humanidad.
Atrás su coro griego de cantantes negros actuaba como una sinfonía extraplanetaria que no dejaba que su voz se perdiera en lo infinito del set televisivo. Pasó de un hit a otro. De un clásico al siguiente. Cada tema explotó en su paladar. Se robó el alma de los pocos agraciados que estaban presentes. Sentado con elegancia inglesa se dejó atravesar por la energía de la música. Igual que un profeta transfirió el fluido vital hasta más allá de los retornos, los instrumentos y los técnicos de sonido. Hizo vino del agua. Transfiguró los peces en diamantes. Las palabras en besos húmedos.
Podría detallar aquí la puntualidad y la sincronía con que sus canciones tomaron el espacio- tiempo del MTV Estudio. Pero no, no lo haré. Basta con agregar que “Fastlove” fue un eclípse y un volcán. Un núcleo atómico recubierto de puro erotismo. Y que “Star People” me hizo saltar como un canguro poseído por una ninfa. Y que “Everythig She Want” erizó mi piel y la de la hermosa chica negra que tenía justo a mi lado. Sin pensarlo nos miramos y, secretamente, la invité a salir en ese mismo momento.
Después un viento poderoso me llevó. Sentí mi corazón desvastado de un lado al otro. Toqué el fondo perpetuo de la pócima y encontré más allá de la borrachera otros tantos corazones perdidos. Hambrientos de mi sed. Pum-Pam, Pum-Pam. Un, dos, tres, cuatro ¡y va!.
Y una vez más, canta George, porque tu sabes, y amor te adoro, y amor no puedo dejar esto. Y quiero que cantes toda la fucking noche. Y planeo desaparecer en vos negra mía. Todo lo que ella quiere. Todo lo que yo quiero, baby.
Esto si que es Fast Love.

(*Perdonen los errores. Me propuse, como periodista, escribir una crónica de un concierto al que jamás asistí como si hubiera estado. La escribí en 12 minutos pensando en que tenía un cierre por delante y un editor machacándome. Es lo que hacemos los escribas para vivir. Happy Day.)

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