Corazón

De qué otro modo ponerlo sino de este. Cuando aspiras al corazón no hay pretextos en el medio. No hay cielo ni tierra que pueda contener el propósito. Es más que la piel. Es más que el placer. Es más que las palabras. Aspirar al corazón de alguien es un acto de conquista y descubrimiento. Es ir directo al espíritu. Es la guerra disfrazada de paz. Es entrar con tus pies descalzos a un nuevo mundo y así, desnudo, elaborar un conjuro. Perpetrar el hechizo.
Es tan complejo. Tan atrevido. Tan delicado este asunto que una palabra basta para arruinar el intento. Sin embargo, una palabra también puede abrir las puertas que permanecen cerradas.
Una vez que sucede te vuelves sensible al tiempo. Una cruel paradoja: Puesto que podrás saber como fluye, verás como huye, mientras la experiencia avanza. No hay margen para decir aquello que quieres. No te basta un te amo. Descifrando el misterio del otro, te pierdes sin remedio.
No sabes si es nostalgia. No sabes. Simplemente es. Y su eco. Su eco que no será tuyo, te convoca. No te basta un para siempre.
Para estos casos fueron hechas las playas. Las montañas a los lejos. Los glaciares derritiéndose. Para que nos encuentren caminando en los bordes. Ignorándolos. Indiferentes a su seducción. Con otra cosa en mente, andas. El corazón ajeno.

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