Cuatro relatos de navidad y un poema de amor

 

1.-

Me despertaron de madrugada. Mi madre dice que temblaba. Abrí la puerta de la habitación lentamente. Me sorprendió la oscuridad. La nada. El hombre de los regalos no estaba allí. Se había ido apenas un segundo antes. Me lo imaginaba levitando. No sé. No lo recuerdo. Mi padre encendió la luz. Sobre la cama estaban los paquetes envueltos. Mis padres rieron y eso me sorprendió. En medio de su enorme océano de broncas y odios cruzados, había un pequeño espacio para estar felices. Después dejé de ser. Mi vida era pura electricidad rebotando por las paredes. Los juguetes era míos.

 

2.-

El día comenzó cuando me puse a hacer el asado. Y lo disfruté así sin apuros. Con Gaby dibujamos un mapa y con él los chicos fueron detrás de su tesoro. Tardaron un rato. Cuando lo descubrieron alcanzamos a sacar una fotografía. Sus ojos en llamas. Sus cuerpos elevados en un salto mágico por el hallazgo. Su alegría sin límites. Nosotros comimos charlando. El vino era excelente.

 

3.-

Hay salmón para la cena. Somos 15. La mitad habla en un idioma. La otra en quién sabe qué. Tocamos todos los temas posibles: del clima, de los libros, de la música, de lo lejos y de lo cerca que estamos de lo lejos y de lo cerca. Hay un par de tipos extraños, una par de chicas que uno invitaría a bailar. En el fin del planeta reinventamos la navidad. Los miro. Los espío. Todos nos parecemos en algo: buscamos calor humano.

 

4.-

Amar como la explosión de una tormenta de verano. Como el primer beso que sabe a fruta. Como la mano que atraviesa tu espalda y te hace sentir que lo bello y lo mejor se apropian de vos. Amar como un poema memorizado para decirlo en el momento más inoportuno. Como caminar por la playa de noche. Amar como una fuga y un refugio. Como la proyección de todos los hombres y todas las mujeres que fuimos, somos y que seremos. Amar por siempre. Amar hasta mañana. Amar un segundo. Regalarle al otro el paraíso y la oportunidad de viajar en el tiempo.

 

5.-No hay fronteras entre esta noche del sur y la noche eterna del infinito. Las cartas están echadas. Dicen que cada minuto es precioso en sí mismo. Y que el aroma de las flores es sabiduría y deseo. Y que un beso es la llave de todo. Cierro los ojos y de las miles de frases que atraviesan mi mente me quedo con una: que pasen cosas buenas. Que pasen cosas buenas.

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Perder

Acabo de recibir la gacetilla a propósito de la salida del libro “Perder”, Premio Clarín Novela 2008. Abajo les dejo el texto de prensa.  Ya lo leeremos para dejar una opinión.

¿Por qué alguien vive si quiere matarse, por qué no logra apretar el gatillo si quiere morir, por qué de repente un hecho nimio deja al dolor en la sombra por un rato, y esos instantes van de a poco haciéndose un lugar? En esta novela en la que todos parecen perder (hay madres que pierden a sus hijos e hijos que pierden a sus madres), hay, también, algo que se gana. Al dolor no queda más que atravesarlo, y esa travesía es la que permite recuperar el deseo de vivir.

Haber perdido algo siempre oculta la esperanza de volver a encontrarlo. Perder es una historia de orfandad que habla de la persistencia de la vida y de la extraordinaria capacidad humana de recuperación.



“Una espiral de sentimientos y emociones en ascenso permanente, trabajada con un estilo y calidad singular.”

José Saramago


“Una deslumbrante disección del dolor y de la pérdida, y una conmovedora apuesta final por nuestra capacidad de supervivencia.”

Rosa Montero



Raquel Robles nació en Santa Fe en 1971. Es docente y se ha desempeñado también como periodista. Actualmente dirige el Instituto San Martín, que aloja chicos de 13 a 15 años con causas penales. Coordina el proyecto “El poder de la imaginación”, donde niños y jóvenes se forman como escritores y narradores orales. Por su trabajo con jóvenes en situación de riesgo, recibió en 2007 la Beca Ashoka para emprendedores sociales. Es autora también de dos novelas inéditas: Mariposas muertas y Bananas.