Desnudo

No sé que ha sido para ti. Que pasó por tu mente cuando nuestros labios se juntaron. No sé. Tal vez tu piel se erizó como la mía. Tal vez entraste en mi como yo me fugué entre tus piernas y me emborraché de tu sexo. Hace tiempo que dejé de ser un hombre, creo que te lo dije, para ocupar el cuerpo de un animal. Hace tiempo que paso de los otros y descanso en las palabras. A falta de mundos mejores he creado uno personal que cada tanto se debate a duelo de espadas con esa extraña sustancia que los aburridos llaman realidad. No sé que pasó por tu mente pero yo me volví completamente loco. He quedado enfermo de ti. De tus formas, de tu palabras, de tus perfectos gemidos. Tengo una pócima junto a mi cama para apagar este dolor y los perversos efectos que me produce el aroma de tu piel (tengo en la punta de mi lengua tu sudor); y no pienso tomarla. Voy a morir entre escupitajos, revolcándome como una alimaña envenenada mientras te pienso. Yo voy a morir así, con los parlantes volando por el techo, con las botellas de vino tinto arrumbadas en un esquina. Voy a morir así, por vos, por vos, por vos. No sé que coño pasó por tu mente cuando me mordiste como un vampiro. Cuando me abriste el pecho de un zarpazo. Soy demasiado viejo para ignorar que haber perdido la coherencia es mi problema y no el tuyo. Que soy una postal china. Pues, sábelo entonces, prendo este sitio en llamas. Arraso con los sueños. Arraso con la puta esperanza. Aquí lo dejo, desnudo, al reino de dios. (Sobre sus ruinas construiré el mío en tres horas y cuarto).

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