Magia

Te imagino también como un acto de mi propia magia.

Entonces te tiño el pelo de rojo y me hundo en tus ojos tristes.

Me arrimo a tu ombligo, viajo hacia el fondo de tu mar.

Huyo hacia vos.

Te imagino absoltamente mía

y esclava

y perdida

brújula

veneno y pócima

me gustaría que me mordieras

y que al borde de la muerte me hicieras dudar

¿salvarás con tu remedio mi alma?

¿O me dejarás perecer mientras sonríes con malicia?

Quiero inventarte de nuevo.

Ahora, gozo de tu piel sin nombre

Conquisto, derrivo y destruyo

Edifico

Creo

y mezclo

tus colores

con los míos.

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Naufrago

No entiendo tu idioma. De dónde viene. Cuánto dice. No sé. Sobrevivo a base de intuiciones. Golpes de suerte. Tu golpeaste la puerta. Yo abrí. El secreto está en que las cosas se mantengan de esta manera. Sin descifrar porqué te quiero. Una canción atraviesa el cielo del sur. Y tu voz dice si y no en el teléfono. Te acorralo con tal de sacarte algo menos que el alma. Luego imagino. Paso mi mano por tu espalda. Conquisto tu respiración. Hago conjuros. He invocado finalmente a mis más poderosos espíritus. He pedido un deseo. Vos. Confusa, extraña, marina, profunda, dulce y misteriosa. Descanso en el sueño y te doy un beso chiquitito como un átomo. Ser. Planicie. Acertijo que no voy a resolver jamás. Me pierdo en tu piel. Naufrago en tu pócima, en tu aroma. Naufrago en tu mar.

Desnudo

No sé que ha sido para ti. Que pasó por tu mente cuando nuestros labios se juntaron. No sé. Tal vez tu piel se erizó como la mía. Tal vez entraste en mi como yo me fugué entre tus piernas y me emborraché de tu sexo. Hace tiempo que dejé de ser un hombre, creo que te lo dije, para ocupar el cuerpo de un animal. Hace tiempo que paso de los otros y descanso en las palabras. A falta de mundos mejores he creado uno personal que cada tanto se debate a duelo de espadas con esa extraña sustancia que los aburridos llaman realidad. No sé que pasó por tu mente pero yo me volví completamente loco. He quedado enfermo de ti. De tus formas, de tu palabras, de tus perfectos gemidos. Tengo una pócima junto a mi cama para apagar este dolor y los perversos efectos que me produce el aroma de tu piel (tengo en la punta de mi lengua tu sudor); y no pienso tomarla. Voy a morir entre escupitajos, revolcándome como una alimaña envenenada mientras te pienso. Yo voy a morir así, con los parlantes volando por el techo, con las botellas de vino tinto arrumbadas en un esquina. Voy a morir así, por vos, por vos, por vos. No sé que coño pasó por tu mente cuando me mordiste como un vampiro. Cuando me abriste el pecho de un zarpazo. Soy demasiado viejo para ignorar que haber perdido la coherencia es mi problema y no el tuyo. Que soy una postal china. Pues, sábelo entonces, prendo este sitio en llamas. Arraso con los sueños. Arraso con la puta esperanza. Aquí lo dejo, desnudo, al reino de dios. (Sobre sus ruinas construiré el mío en tres horas y cuarto).

Cambiar

Lizz Wright

Fugarse. Agarrar un bolso y comprar un pasaje hasta un pueblo perdido. Mejor aun si es una pequeña villa junto al mar donde conjurar todos los demonios que dejamos atrás. Estar solo. Sola. Ésa es y ha sido la idea de muchos.

Es uno de los sueños más tentadores que conozco. Después de un domingo tortuoso, día bendito si los hay, en el que se juntan en comisión deliberante pasado, presente y proyección de futuro, el deseo del exilio voluntario se vuelve más poderoso. Grita más alto.

Del mismo modo en que Peter Pan cree en las hadas, y por ese solo hecho se vuelven realidad, yo creo en las fugas. En la migración de las almas. Pensar en el cambio despojado de fantasías irrealizables es una manera de darles cuerpo a mis deseos. De ofrecerles una oportunidad en el plano de lo concreto.

Por otro lado, debido a un sello de nacimiento, he vivido en algunos pueblos que dan al mar y sé que ninguna huida es para siempre.

Ser capaces de modificarnos es una virtud que se encuentra en la matriz de nuestro espíritu. Y darle una vuelta de tuerca a nuestra existencia, tal cual es hoy, un acto de inteligencia. La meta sólo es justificable mediante el viaje que debemos emprender para obtenerla. La vida es transcurrir.

Hay existencias que parecen signadas por la desgracia, la locura y la desfachatez. Recuerdo la de Horacio Quiroga, en el increíble periplo de Tenzin Choedrak, médico del Dalai Lama (de quien acabo de comprarme un libro y el hombre que inspiró estas líneas), en Jorge Semprún y sus años cautiverio y luego de clandestinidad, en Jack Kerouac, en Jack London, en las casas que hipotecó Francis Ford Coppola para hacer cada una de sus obras maestras, también en los relatos de un anarquista que conocí hace unos años y que estuvo en las asambleas que se hicieron en la Patagonia, en un amigo que fue carpintero en Estados Unidos y en un millonario que conoció la geografía más bella del planeta en su último viaje en velero.

Vidas. Biografías. Maravillosas síntesis de la historia de la humanidad. Hombres y mujeres como estrellas, seres luminosos que inspiran a otros a iniciar la travesía. A cruzar el Atlántico o conducir hasta que los mapas se acaben.

Es que, al fin, no se trata de casarse sino de amar, ni de tener hijos sino de criarlos, o de ir a China sino de aprender mandarín, o de pintar un cuadro sino de mancharse los dedos, o de ser estrella de rock sino de tocar la guitarra para alguien que te quiere. Hablo de vivir para sumar vida.