After Dark

After Dark

 La noche es un universo ideal para un escritor como Haruki Murakami. No casualmente el autor japonés fue propietario por casi una década de un club de jazz.

Su última novela “After Dark” (Tusquets) transcurre enteramente a lo largo de una madrugada en el Japón de hoy donde un grupo de personajes interactúa de modos diversos pero siempre profundos. Cada uno, cuando la conversación haya terminado dejará una huella en el otro.

Mari ha perdido el último tren de regreso a su casa y decide esperar a que amanezca leyendo en una cafetería. Desde ese lugar conocerá a Takahashi, un músico joven y pensando ya en el retiro, Kaoru, tosca pero solidaria encargada de un telo, y a una prostituta china golpeada por un cliente. Mari, a su vez, hará conocer a los otros, su propia personalidad y el sueño eterno, como encantado, en el que vive su hermana, la hermosa Eri.

Hasta ahora Murakami se había situado en el terreno de lo estrictamente racional. Sus libros, adictivos como alguna vez los definió el escritor Rodrigo Fresán, remiten a los sentimientos que hace siglos ocupan el corazón de los hombres pero contados con una frescura e inteligencia que parecen narrados por primera vez.

Nunca hasta ahora había dejado espacio a fluctuaciones narrativas de otra índole. Es un raro caso el de Murakami, uno no termina de entender el secreto de sus palabras. Como se lleva a cabo la efectiva seducción que ejerce sobre el lector. Historia mínimas, pasiones intensas, son elementos de los que se vale para conducirnos a lo largo y ancho su literatura igual que a navegantes embriagados por el canto de una sirena.

Sin embargo, en “After Dark”, Murakami introduce de un modo sutil, a lo Murakami, la ficción. Por unos minutos, en una de las historias del libro, nos hace testigos de una situación que excede el plano de lo cotidiano. Se dispara. Huye hacia un cielo distinto. De pronto, uno de los personajes se ve involucrado con otro que no está en la misma dimensión.

El argumento se revitaliza con este juego de realidad y suprarrealidad televisiva. Mientras tanto la noche sigue y Mari no deja de asistir al circo posmoderno donde pululan los que no duermen.

La literatura de Murakami es un cóctel poderoso y atrapante, disfrazado de colores tenues que ocultan en parte la verdadera esencia de su estilo. Porque aunque sus historias estén desprovistas de adrenalina su lectura se nos hace imprescindibles. Somos incapaces de continuar en el mundo real sin antes concluir nuestra dosis de ficción creada por Haruki.

De eso se trata también “After Dark”

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