Besos

Juntamos nuestras manos. Luego se me acercó como un rayo. Me besó. No hizo escalas. Del principio al final, sentí su lengua con sabor a fruta cruzándome de lado a lado como una flecha. Agarré su pelo. Pensé en nada. En seguir. En perdernos y el beso no acabó.

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5 AM

Se me ha hecho una costumbre. A las cinco de la mañana me despierto. No tengo la menor intención de dormirme. Enciendo una luz tenue al lado de mi cama y agarro el libro que en ese momento me ocupa. Leo. Un rato largo. A veces menos. A veces más. El silencio. La extraña claridad del amanecer por llegar. La absoluta certeza de poder de extenderme sin que nadie diga nada. Leo. A veces más. A veces menos. Me pierdo. En este estado de raro nirvana, veo la película completa. Los personajes tienen voces y los escenarios sobre los que actúan colores y formas. Lo observo todo. Lo descubro todo. Las palabras arman complejas líneas y caminos que erigen castillos donde hay aire y partículas invisibles, océanos en el desierto. Es un código que abre la puerta hacia otra realidad. 5 AM, hora de viajar